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Juguemos Todos al Futbol


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05/12/2016


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JUGUEMOS TODOS AL FUTBOL


 

En las líneas que siguen trataré de hacer una sátira para dejar en claro un punto de vista, mencionando que me gusta el buen futbol y guardo un gran respeto a todos aquellos que hacen del futbol una pasión y una profesión en sus más diversas facetas.

En la pequeña ciudad donde vivía, un buen día empezó a generarse una especie de “epidemia” sumamente contagiosa, y es que todos los jóvenes y los no tanto, sin discriminación de sexo, empezaron a querer jugar al futbol, dejando de lado otras profesiones, deportes e intereses. Así las pocas Academias de futbol que funcionaban empezaron a recibir una gran demanda de inscripciones, debiendo establecer horarios de día y de noche, prácticamente las 24 horas para poder atender a tantos entusiastas de este deporte.

Los jóvenes solo hablaban de futbol, solo veían futbol y se podría decir casi literalmente que respiraban futbol. Todos se identificaban con un gran jugador de su preferencia y todos aspiraban a ser algún día como él, a ganar como él, a disfrutar de la vida y de la fama como él,  siendo estos los temas de animadas y entusiastas conversaciones, tratando de demostrar cada cual que el jugador de su preferencia era el modelo a imitar.

Las Universidades empezaron a perder masivamente a sus alumnos, y pese a los esfuerzos abaratando matriculas, pensiones, dando promociones, etc, no podían detener el inexplicable fenómeno, a tal punto que se nombró una comisión de investigación con los más connotados sicólogos, sociólogos, padres de familia y otros expertos para tratar de encontrar una explicación lógica que permitiera adoptar medidas correctivas.

Pero en un mundo globalizado, interconectado por los 4 costados, sucedió lo que era de esperar, pronto en todas las redes sociales se comentaba el fenómeno actitudinal que venía sucediendo en mi pequeña ciudad, y la “epidemia” empezó a contagiarse a otros pueblos y ciudades  en lo que se podría calificar como una “pandemia” en progreso.

Pero me quedaré en mi pequeña ciudad, donde como mencione, florecían las academias de futbol y las canchas, abriéndose alrededor de 150 adicionales, para cubrir los requerimientos. Con ellas los profesores de educación física, los entrenadores de futbol, utileros, masajistas, etc. que conformaban los equipos de trabajo, empezaron a prosperar rápidamente y pronto todo aquel que sabía de futbol o estaba en capacidad de enseñarlo, sin casi importar la edad, era llamado a cubrir alguna plaza disponible.

Habrían transcurrido casi 2 años de esta fiebre futbolística, cuando sufrí un accidente automovilístico, afortunadamente sin consecuencias fatales, pero no me libre de un gran golpe en la frente y en el pecho, rompiéndoseme un par de costillas y habiendo quedado inconsciente por unos minutos. Al recobrar el conocimiento ví como unos policías de tránsito, bastante mayores, llamaban a la ambulancia y al cuerpo de bomberos, pues en el otro vehículo había quedado atrapado entre los fierros un pasajero, que requería ser liberado lo antes posible.

Transcurrieron unos 20 minutos, que me parecieron eternos hasta que apareció primero la ambulancia y tras de ella el vehículo de bomberos. De la ambulancia bajaron dos paramédicos, un hombre y una mujer, que rozaban generosamente los 50 años. Desplegaron la camilla y me subieron con dificultad en ella, mientras los del Cuerpo de Bomberos, que más parecían veteranos del incendio de Londres, hacían denodados esfuerzos con la herramienta hidráulica para liberar al pasajero atrapado.

La ambulancia empezó su recorrido hacia el hospital conmigo adentro, atendido por los paramédicos quienes me daban palabras de aliento.

Al llegar al hospital, me bajaron a duras penas de la ambulancia y me empujaron hacia la sala de emergencias. La historia se repetía, médicos y enfermeras bastante mayores se encargaban de todas las tareas y hacían denodados esfuerzos para suplir la falta de juventud en donde se requería.

Al llegar a la sala de operaciones, me pasaron entre 6 a la mesa quirúrgica, mientras en el altavoz del hospital anunciaban la necesidad que los doctores y enfermeras disponibles atendieran a un grupo de jóvenes  que se habían accidentado, al caerles parte del techo de una tribuna en una cancha de futbol, no faltaba más, hasta en los accidentes y accidentados influía el futbol.

Después de tres días de una no grata estadía en el hospital fui dado de alta, siendo recogido por mi esposa, quien de camino a casa, se detuvo en nuestra panadería preferida para comprar pan y otros ingredientes para el tradicional “te” en casa.

Pasaron como 20 minutos y mi esposa no regresaba, así que aun  adolorido baje del auto para ver que pasaba, dándome con la sorpresa que en la “panadería” solo habían dos antiguos panaderos, uno de ellos de nombre Michelle que era el dueño,  que a duras penas podían atender a un numeroso grupo de personas que pugnaban por el pan.

¿Qué pasa?, le pregunte a Michelle,  a quien conocía de muchos años.

Con esto de la fiebre del futbol, me he quedado prácticamente sin personal y Giusseppe y yo tenemos que atender toda la panadería, desde la producción, venta, etc etc, y la verdad que es un trabajo agotador y exigente, me contestó.

Bueno le dije, es un fenómeno que se repite en todo lado y mientras decía esto, me fije en la lista de precios, que se había incrementado sustantivamente, por lo que le pregunte a Michelle la razón de tal subida.

Mira, me dijo, los panaderos que ves, dos, somos hoy por hoy una especie de “bien escaso” y como la demanda de pan se ha incrementado sustantivamente por parte de los jóvenes, especialmente los futbolistas y la oferta se ha reducido por la falta de personal, he decidido aplicar la microeconomía y el concepto de la demanda insatisfecha ante una oferta menor y a ello debo agregar el hecho de que  yo siendo el dueño y gerente de la panadería, estoy haciendo lo que hacía hace 40 años, al igual que mi hermano Giuseppe. Si los jóvenes quieren pan para seguir jugando futbol, que paguen el precio. Pero a ti mi amigo, te lo voy a vender al precio de siempre.

Tome a mi esposa del brazo y con la otra mano la bolsa de pan caliente, y me dirigí hacia la salida, mientras que escuchaba los comentarios de varios jóvenes quejándose de la elevación de precios y de la escasez de pan.

Así como el pan, todos los servicios que no tuvieran relación con el futbol, gasfiteros, abogados, médicos, profesores, etc, etc. empezaron a volverse escasos y a aumentar de precio, pues no había suficiente personal para atender la demanda, y por ejemplo contratar un electricista, podía significar tener que pagar el equivalente a una semana de trabajo, ello sin dejar de lado muchas veces la mala calidad de los servicios.

Pero volvamos al futbol. De la “oferta” disponible de miles de jugadores empeñados en ser de los mejores para conformar la plantilla de los equipos reconocidos, solo fueron seleccionados unos pocos, que no llegaban ni a 20 en los  años que llevaba “la fiebre del futbol”, el resto insistía, pensando que no se “habían mostrado” lo suficiente y que habría siempre una oportunidad escondida por ahí de ser un gran jugador, un crack, subir a la gloria, ganando fortunas y todos los beneficios y prerrogativas de la fama.

Lo cierto es que la realidad, fue despejando poco a poco la “niebla” que había envuelto a la población, especialmente a la más joven, sobre todo al darse cuenta del incremento del costo de vida, de lo bien que empezaba a irle a los “otros profesionales”, la gran mayoría de una edad incompatible con la practica del futbol profesional,  de lo requerido que eran no solo en su trabajo sino en los medios de prensa escrita y hablada, que centraban sus ediciones en la importancia de esas profesiones para la convivencia social, premiándolos y reconociéndolos públicamente por su dedicación, esfuerzo y sacrificio.

A Michelle le fue tan bien con el negocio, como a la gran mayoría que ofrecía sus servicios no futboleros, que estreno un deportivo último modelo, que paseaba orgulloso por la ciudad, mientras los jóvenes miraban con admiración y deseo aquella demostración de bienestar económico.

De pronto un buen día, hubo una manifestación frente al canal de televisión más popular de la ciudad, y Juan Carlos, un joven de unos 32 años que lideraba el movimiento se acercó a dar una entrevista y no olvidare nunca sus sentidas  palabras:

“Estamos acá los que quisimos ser futbolistas de talla mundial, para reconocer que lo que determina el éxito profesional, no es solo el deseo de serlo, hay mucho más, hay que reunir cualidades, competencias, no todos nacemos para tener éxito en lo mismo, más bien tendremos éxito en aquello que hagamos por qué lo sentimos e intuimos en nosotros mismos,  por que sabemos que somos capaces y por que nos decidimos a hacerlo.

Hemos aprendido que todas las profesiones son importantes, valiosas y respetables, y que las reglas de la economía en última instancia son las que determinan la rentabilidad de las mismas, pues se pueden constituir en “un bien escaso” que hará que la oferta también lo sea y por lo tanto la demanda, pero como la economía de mercado parece obedecer a sus propias reglas (mano invisible), ante este hecho de escases hará que aparezcan nuevos proveedores de servicios, y ello es lo que ocurrió con el fenómeno de la fiebre del futbol, quisimos incrementar la oferta, olvidando que la exigente calidad es un bien escaso que solo aparece en unos pocos .

Hemos aprendido que el éxito, se mide de diversas maneras, sobre todo la satisfacción que nos produce desarrollar una actividad, y si de ello se deriva el dinero, la fama es un valor añadido y efímero que no debe desviarnos del objetivo principal, cual es vivir a plenitud, permitiendo y colaborando para que otros también puedan disfrutar de su propia existencia, haciendo de nuestro mundo un lugar que valga la pena para todos,

En definitiva hemos aprendido y eso ya nos hace mejores…………….

Después de este conmovedor  mensaje, ampliamente difundido, las cosas empezaron a volver a su cauce como debía ser, aunque no puedo dejar de mencionar que siempre extrañare, lo bien que nos fue a los “maduros” durante esos años y es que toda crisis trae oportunidades y en esta ocasión lo fue para los “mayorcitos”, sino pregúntenle a Michelle y a Giuseppe que aun lucen sus modernos deportivos del año y pudieron hacer crecer su negocio a tal punto que abrieron franquicias en diversos países y sus productos de panificación industrial son una marca reconocida y apreciada.



Etiquetas:   Fútbol   ·   Sociedad   ·   Formación Profesional   ·   Fama
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