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El Reino de los Hipócritas.


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18/11/2016


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Tras la etapa de incertidumbre política que ha vivido España desde el pasado 20 de diciembre, ayer, a día 17 de noviembre de 2016, se lleva a cabo la apertura de la XII legislatura española. 


Esta estuvo protagonizada por el discurso del Rey, Felipe VI. Un discurso que, sin embargo, ha sido eclipsado en los medios de comunicación españoles por los "gestos" de distintos miembros del Parlamento en defensa de la República. Todos los noticiarios abrían con la camiseta de Cañamero, que llevaba plasmado el mensaje "Yo no voté a ningún rey", o la bandera republicana del senador de IU Iñaki Bernal. Sin embrago ningún medio se preguntó cuál era la causa de estos gestos en el Parlamento, simplemente pasaron a la descalificación. Si ellos no lo hacen tendremos que hacerlo nosotros, para lo que simplemente nos bastará leer brevemente el discurso del Rey.  

"Por tanto, las dificultades actuales −serias y graves− no pueden hacer olvidar a nadie los términos de libertad, convivencia y progreso alcanzados por el pueblo español". Estas palabras fueron pronunciadas por Felipe VI durante su discurso en la apertura de la legislatura. Bueno ¿Y qué hay de malo en ellas?, podrá preguntarse alguien, si solo nos fijamos en el mensaje, cualquier demócrata podría suscribirlas. Pero hay un pequeño problema, la persona que las pronuncia. Felipe VI hace referencia a las dificultades que todos los españoles, o al menos la mayoría, hemos y seguimos sufriendo durante esta última década, el problema es que el no pertenece a esa mayoría. Un señor que vive en un Palacio como es Zarzuela, que cobra una media de 20000 euros al mes por un cargo representativo como es el del jefe del Estado, cuya familia, incluido su padre (El rey Emérito) y su madre, cobran un sueldo cercano al suyo a pesar de no hacer absolutamente  nada, cuya máxima preocupación es que traje va a escoger para reunirse con el dictador saudita, y cuyo peor drama es el tener que viajar a otros países y atender a monótonas conferencias a pesar de su desgana, se atreve a hablarnos de dificultades e incluso a agradecernos nuestra "madurez y responsabilidad" por haberlas aguantado. El Rey se ha convertido en la encarnación de la hipocresía.                                            

Es capaz de referirse a su presencia en las Cortes como una expresión de democracia, olvidando que él no ha sido elegido por ningún español y que su reinado solo es fruto del deseo de un dictador, algo que aún hoy es alabado y justificado por algunos. Su figura es un simbolismo del autoritarismo de antaño, y aunque carezca de funciones en lo que a los poderes se refiere, no es de recibo que todos los españoles debamos contribuir a mantener a un jefe del Estado al que nadie ha votado y que se dedica básicamente a no hacer nada. 

Para aquellos que pretenden justificar su presencia en las instituciones mediante la votación de la Constitución en 1978, en la que se proclamaba a España como una monarquía parlamentaria, decirles que el Rey empezó su reinado en un período previo a esta Constitución, tras legado de su predecesor Francisco Franco. La monarquía fue una imposición. En 1978 se votó un conjunto de leyes que nos definían como Estado y solo el miedo, y el deseo de olvidar cuanto antes el duro trance de la dictadura, pudo hacer que aquello con alma republicana aceptasen una Constitución que venía con la monarquía entre sus brazos. Hoy mismo conocemos como Adolfo Suárez, el mitificado primer presidente de España tras el franquismo, no llevo a cabo un referéndum monarquía o república por el miedo a la derrota democrática en las urnas que vaticinaban las encuestas. Todo muy democrático, desde luego. 

Por ello que no nos vendan una realidad amoldada a los interés de aquellos que sostienen al régimen y que desean mantener la obsoleta figura del autoritarismo, como es el Rey. Y me dirijo a usted, Felipe VI, para pedirle que nos deje expresarnos libremente y que podamos decidir el modelo de Estado que deseamos. Mientras tanto seguiremos luchando por la III República. 



Etiquetas:   Política   ·   Monarquía   ·   España   ·   República   ·   Hipocresía
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