. A medida
que se iban conociendo los resultados durante la madrugada europea, los
mercados caían con fuerza y los diarios recogían las imágenes de los votantes
demócratas echándose las manos a la cabeza por la enorme decepción y sorpresa.
Al margen de esa decepción, hay que reconocer -sin embargo- que estas
elecciones en Estados Unidos han sido unas elecciones atípicas. A pesar de que
muchos critican solamente a Trump, hay que reconocer que han sido
–posiblemente- las elecciones con los dos peores candidatos de toda la historia.
Y, también, con los dos candidatos más quemados y menos fiables ya desde el
inicio de la propia campaña electoral. Tal vez la victoria de Trump pueda
parecerles a algunos un desastre, pero la victoria de Hillary tampoco hubiera sido
mucho mejor.
Tras los resultados electorales, muchos intelectuales tanto europeos
como americanos han comenzado a lamentarse en sus columnas por la decisión que
han tomado los estadounidenses con sus votos. Dicen que no reconocen a EE.UU.,
que ha vencido el miedo, las armas, el racismo, el poder del dinero, etc., etc.
Sin embargo, así es la democracia, y un porcentaje considerable de
norteamericanos ha elegido a Donal Trump, y la decisión democrática y libre del
pueblo es siempre respetable. Igual de respetable que si hubieran elegido a
Hillary Clinton. Hay quien teme ahora un importante retroceso en las relaciones
europeas con EE.UU., y quien teme que Donal Trump lleve a cabo una política interior
discriminatoria y una política exterior nefasta. Todo es posible, sin embargo,
el sistema político norteamericano hace muy difícil que Trump pueda llevar a
cabo sus políticas sin contar con el acuerdo de la gente de su propio partido
e, incluso, del Partido Demócrata. De hecho, en su discurso posterior a
conocerse los resultados, pudimos ver ya a un Trump mucho más cercano, menos
agresivo verbalmente, un Trump conciliador, como si hubiera sufrido una
transformación repentina. Y es que una cosa es el show de la campaña electoral y
otra muy distinta, ser el presidente del país más importante y mediático del
mundo.
De todos modos, aquellos que se lamentan por la victoria de
Trump deberían también analizar el por qué de su victoria. Es cierto que en
muchos países está volviendo a coger fuerza la derecha más conservadora. Eso,
sin embargo, no es un mérito propiamente de la derecha, sino un demérito de la
izquierda. La izquierda mundial es en la actualidad excesivamente “happy”, verbalmente
inútil e incapaz de nombrar la palabra moralidad o la palabra normas. La
derecha, sin embargo, ha sabido aprovechar ese descontento del pueblo, las
erróneas políticas de inmigración de la izquierda, la crisis moral, la crisis
educativa, la falta de respeto, la falta de ética, la falta de moral, y ha
conseguido recuperar esa parcela abandonada por los llamados progresistas.
Con la elección de Trump se abre un nuevo periodo en la
política de EE.UU. Sería inútil hacer una previsión de lo que pueda suceder. De
hecho, sin ir más lejos, todos aplaudíamos la elección de Obama hace ocho años y,
al final, ha pasado por la historia sin pena ni gloria.www.tonigarciaarias.com@tonigariasFacebook Tonigarciaarias