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Malestar social y rechazo


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10/11/2016


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Trump no es la enfermedad, es el síntoma. La enfermedad es el rechazo a las élites, el malestar social, el desapego democrático.


Es el voto contra las élites, contra la globalización, concierto que entonaba Donald Trump, con su discurso nacionalista –“Nosotros lo primero”, “Volveremos a ser un gran país”- ha agrupado a muchísima gente.

Los grandes partidos. Obama, los Mass-media, ha barrido o las instituciones internacionales, han quedado sacudidas por el tsunami que ha causado la elección de Trump, un multimillonario xenófobo, como 45 presidente de los Estados Unidos de América.

Esta elección es también el síntoma de la globalización neoliberal: Los liberales aterrados, o eso dicen, ante su mensaje que tiene un claro destinatario: las clases medias empobrecidas con la crisis, las clases populares víctimas de la globalización y en general todo ciudadano harto del establishment.

Su éxito al igual que el respaldo al No en Colombia o el ‘Brexit’ en el Reino Unido o la repetición de las elecciones en España, son fruto y resultado de la cacofonía de los medios de desinformación masivos. Así dan la medida que el sistema credo después del Bretton Woods se cae a trozos, ha fracasado y que definitivamente otra lógica se implanta en nuestras sociadades, no sabemos aun cual, pero el desapego y el hartazgo dibujan un escenario incierto.

Lo atípico, se impone poco importa que sea desde lo grotesco, el discurso fácil y sensacionalista cautiva, con la formula mágica del enemigo externo, contra los que no son como nosotros y ella caben todas las minorías, y todos los que se salgan de lo políticamente correcto. 

Es tan aplastante el fenómeno, que para el caso americano, logra sacar del ring con facilidad a los pesos pesados respaldados por los aparatos del poder tal como Jeb Bush, Marco Rubio o Ted Cruz. Logra pulverizar a los aparatos de los partidos, de la bolsa – Wall Street - en definitiva del establishment.

Lo que ha ocurrido hoy es la rebelión de las masas, que llevan bastante tiempo haciéndonos llegar su rumor sordo en todo el mundo occidental y que hoy han dado un formidable puñetazo en las urnas. Y esos personajillos, algunos salidos de donde menos se les espera, saben interpretar y aprovechar la fractura que existe y que cada vez es más amplia entre las élites sean cuales sean y la base del electorado. El discurso es claro y cala,  pronunciarse Anti y contra todo. 

En muchos países se percibe el éxito que tiene ese discurso, tal como las formaciones de extrema derecha en Francia, en Austria, en Colombia y en los países nórdicos  o de partidos antisistema y anticorrupción como en España  o en Italia.

Y esto seduce, moderna opera prima de Ulises y las sirenas que enamora con pasión a los empobrecidos por los efectos de la globalización, a los desposeídos por las persistentes crisis sistémicas, a los poco cultos políticamente y sobre todo a los olvidados por el establecimiento. Los invisibles, los que solo existen en tanto que mercancias

El estilo es siempre el mismo, buena dosis de mensajes maniqueos y reduccionistas, que invita a dar rienda suelta a los bajos instintos de grupos sociales enteros. Y como dicen en Latinoamérica muy “populachero”, directo, campechano, de una falsa cercanía. Y ante todo su tono es emocional y mesiánico prometiendo arreglar todo lo que esta mal, sanear el sistema, cambiar los “profesionales de la política” y dar las oportunidades a caras nuevas que con nuevas  maneras puedan dar ejemplo de “Uberiana” honestidad.

Se acude en todos esos discursos a los instintos, a las pasiones, en esos poca cabida tiene la razón, el programa, las ideas. Puro nervio en donde la causa de los males la tienen los corruptos, los ricos, los latinos, los inmigrantes o los musulmanes, los homosexuales y se cambia de culpable según que masa se tenga en frente dispuesta a dejarse envenenar, -perdón- a confirmar lo que en sus tripas ya sentían, pero no se atrevían a decir de forma abierta. 

Para muchos ciudadanos irritados por lo « políticamente correcto », que creen que ya no se puede decir lo que se piensa so pena de ser acusado, con estos personajes, la palabra – y las tripas- se liberan. Esos personajes dan a la sociedad la licencia para odiar de forma abierta. Es el efecto eco, eso personajes al estilo de  Donald Trump dicen lo que saben su publico quiere escuchar.

Se erigen como los candidatos anti-élites. No importa que ellos mismos formen parte de ella. Durante la campaña, Donald Trump  prometió enfrentarse a unos poderes fácticos de los que cada vez más ciudadanos se sienten alejados. Y eso lo alejo de los poderes fácticos pero le permitió, conectar con las clases golpeadas por la globalización y con los que sienten una profunda desafección de la política. El supo conectar con el hartazgo con el establishment.  Los ciudadanos en gran parte del planeta están profundamente desencantados.

Sean cuales sean las singularidades de cada país, el movimiento de ira se afianza en una crítica difusa de la globalización que se basa en algunos pocos temas tales como en meter miedo como con el tema del control de los flujos migratorios o como con las desigualdades de los ingresos. Con estos temas los británicos votaron en el Brexit. Trump había predicho que su elección sería un “Brexit a la enésima potencia”.

El otro ingrediente clave es el miedo, tal como el politólogo Noam Chomsky lo señala. La popularidad del candidato presidencial estadounidense Donald Trump se debe al “miedo” y es el resultado de una “sociedad quebrada” por el neoliberalismo. 

"Las personas se sienten aisladas, desamparadas y víctimas de fuerzas más poderosas, a las que no entienden ni pueden influenciar", decía ayer Chomsky. Es también una manera de decir que Europa no está protegida frente al lo que acaba de pasar en USA.

Políticos como Trump se dirigen a la gente que está cansada de la vieja política

Se trate de Trump o de sus clones europeos, no tienen la más mínima idea de la complejidad de los problemas por resolver. Venden ilusiones, cultivan un simplismo reductor que puede convertirse en una amenaza para nuestras democracias. Vista desde Francia, la victoria de Trump, que llega después el Brexit, es una advertencia más. 

Es el grito que se propaga por todo el mundo demandando cerrar el periodo iniciado por Ronald Reagan en los ochenta cuando llega a la presidencia de Estados Unidos inaugurando un ciclo que dura ya cuarenta años de neoliberalismo y de globalización financiera.  Por esto la popularidad de Trump es producto de la ruptura social causada por las políticas neoliberales. "El miedo, junto con la ruptura de la sociedad en el periodo neoliberal" 

No se puede seguir haciendo trampas, reforzando el modelo neoliberal y esperar que la ciudadanía golpeada crea que los de siempre les van a solventar algún problema.  

La victoria hoy de Donald Trump puede hacernos entrar en un nuevo ciclo geopolítico cuya peligrosa característica ideológica principal –que vemos surgir por todas partes y en particular en Francia con Marine Le Pen – es el ‘autoritarismo identitario’. Un mundo se derrumba pues, y da vértigo. Nos lo recuerda en Le Monde Diplomatique Ignacio Ramonet.

Como en los años treinta, en una situación de desempleo, de precariedad laboral, de impunidad política, de violencia estructural y guerra, de miedo y amenaza, los fantoches de la extrema derecha emergen. La ira ganó, la rabia protestataria triunfó y Adolf Hitler llego al poder, elegido en las urnas.

La propia democracia, como modelo, ha perdido credibilidad. Los sistemas políticos han sido sacudidos hasta las raíces. En Europa, por ejemplo, se han multiplicado las sorpresas electorales. Silvio Berlusconi, Norbert Hofer, Željko Reiner, Kristian Thulesen son el resultado del miedo y de una sociedad quebrada por el neoliberalismo. Para este tipo de candidatos, para este tipo de politicastros de nuevo cuño y vieja estirpe,  la balanza electoral se esta inclinando cada vez mas a su favor.

Urge repensar el mundo, repensar nuestra sociedad, repensar el contrato social para salir de la antigua y nueva lógica: La del bienestar pleno y grotesco de unos pocos para instalar un mundo en donde la política vuelva a escribirse como el proyecto de sociedades basadas en el bien común.





Etiquetas:   Elecciones   ·   Política   ·   Crisis Económica   ·   Globalización   ·   Crisis Social

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