.
Es
un proceso trascendente para México por la vecindad con Estados Unidos, y por
la amenaza que representa Donald Trump, en términos de sus múltiples y
paranoicas propuestas: construir un muro en la frontera, que ya existe;
renegociar el Tratado de Libre Comercio (TLC), que será modificado independientemente
de quien gane; aumentar los aranceles a productos mexicanos; limitar el flujo
de inmigrantes indocumentados y más deportaciones; e imponer barreras
proteccionistas a su planta productiva: mejores empleos para sus principales
sindicatos; limitar las inversiones de la industria manufacturera automotriz
para limitar la entrada de productos japoneses, chinos, europeos y mexicanos;
entre otros puntos.
De
acuerdo a los últimos sondeos aplicados a población abierta a todos los
ciudadanos durante los últimos 10 días, y más aún, a raíz del anuncio del Buró
Federal de Investigación (FBI) de reabrir los expedientes sobre los correos de
Hillary Clinton filtrados de manera ilegal a la prensa, Donald Trump alcanzó y
estrechó la ventaja que suponíamos había consolidado Clinton después de los
debates públicos. En promedio, considerando todos los sondeos publicados,
Hillary Clinton tiene 45% de las preferencias contra 43% de Donald Trump; es
decir, está dentro de los márgenes de error, lo que supone un final de
fotografía, inclusive, asegura un conflicto poselectoral si las elecciones
terminan así de cerradas.
Como
era de esperarse, el pánico se apoderó de los mercados, de políticos y
empresarios, dentro y fuera de estados Unidos, y ha generado, además, una serie
de posicionamientos a favor de la candidatura de Hillary Clinton desde esferas
impensables: empresarios mexicanos y extranjeros, cineastas, actores,
deportistas; en fin, y hasta de Diputados locales y nacionales que vaya,
verdaderamente me sorprende que hagan algo más allá de lo que les indican sus
líderes parlamentarios.
Puede
suceder que Trump gane, estimados lectores, pero si nos atenemos a estos
sondeos que lo favorecen, estamos lejos de ser precisos y me temo que si se
impone la razón, Clinton será la Presidente de Estados Unidos, aún y con un
serio conflicto poselectoral. Permítame explicarles porqué las encuestas a
población abierta no son un referente confiable. Van cuatro apuntes:
Primero.
El Colegio Electoral norteamericano es sui
géneris. El sistema electoral estadunidense y su colegio electoral en el
que cada estado otorga al ganador todos sus votos electorales han hecho de las
campañas ejercicios de diseño matemático preciso. Por lo mismo, las encuestas
de voto popular importan poco. Se puede ganar el voto popular y perder la
presidencia, como Al Gore. Hoy en día, el compilado de encuestas por estado
tiene a siete estados en el centro de la batalla. Nevada, Utah, Arizona,
Florida, Iowa, Ohio y Carolina del Norte. En éstos la batalla está muy cerrada.
Normalmente los candidatos estarían pasando la mayor parte de su tiempo en esos
estados. Pero esta no es una elección normal. Porque según las encuestas
disponibles, aún y si Donald Trump ganara todos los
estados
mencionados líneas arriba, se quedaría por debajo los 270 votos necesarios.
https://www.archives.gov/federal-register/electoral-college/allocation.html
A
diferencia de lo que ocurre en México, en EU no se define quién será el ganador
con un conteo general de los votos de los ciudadanos en todo el país. Con el
llamado voto popular. En Estados Unidos, los candidatos compiten para ganar
“electores”, que son representantes del voto de los ciudadanos en cada estado,
y que integran el llamado Colegio Electoral. Cada estado (y el Distrito de
Columbia) tienen asignado cierto número de electores o votos electorales. Se
define cuántos tiene cada estado a partir de la cantidad de representantes que
tiene en el Congreso. Los estados con más habitantes cuentan con más votos
electorales.
En
este escenario, para ganar, Donald Trump necesita voltear un estado que hoy
está, según todas las encuestas, decidiendo por Hillary. Por eso es que Trump
se ha aparecido en estos días en Míchigan, Nuevo México, o Pensilvania. Es por
lo mismo que Hillary se ha concentrado en los estados indecisos, porque sabe
que llevándose uno de esos, fuerza a Trump a voltear dos de los que parece
tener amarrados o con apoyo más suave, tal vez Wisconsin y sus 10 votos
electorales. Aunque hasta las 10 de la noche del martes, cuando hayan cerrado
las casillas de la costa oeste, las agencias y las televisoras “cantarán” un
ganador; y, la verdad, es que en el cierre de las 8 de la noche, según las
encuestas de hoy, Hillary podría andar arriba de los 220 votos electorales, que
sumados a los 55 de California podrían tener la elección resuelta. Es decir,
Trump la tiene en chino. No imposible pero muy complicado. Un milagro parece
ser el que necesita.http://www.cabaret.mx/2016/11/05/la-grafica-del-dia/
Segundo.
Qué pasa si ningún candidato consigue los 270 electores o si hay empate en
algún estado. Si eso llegara a ocurrir, la Cámara de Representantes de Estados
Unidos sería la encargada de votar quién será el próximo presidente, entre los
dos principales candidatos que se postularon. Si hay un empate en el voto
popular de un estado, para definir quién se queda con los electores, se seguirá
el procedimiento establecido en la legislación de cada entidad, hasta
establecer un ganador. Ahí Clinton las lleva de ganar todas.
Tercero.
La elección de 2016 pasará a la historia como la más controvertida en décadas,
dada la contienda entre dos candidatos defectuosos, y los más impopulares que
se hayan visto en mucho tiempo. El último escándalo, a 12 días de la elección,
es meramente una estrategia republicana para recuperar escaños que sienten
perdidos en el Senado y el Congreso. James Comey, director del FBI, notificó al
Congreso que “reabre” la investigación por los correos de Hillary Clinton, pues
encontró miles en la computadora personal de Anthony Weiner, marido de Huma
Abedin que ha sido la mano derecha de Hillary Clinton por años. En ese caso,
estaríamos presenciando otro ejemplo lamentable de criminalización de la
política, que como caso Irán-Contras o Watergate, debilitará a la democracia
estadounidense. Una entidad investigadora, como el FBI, sólo debe proveer
elementos a la Procuraduría para que decida si inicia o no querella.
Cuarto.
El Congreso y el Senado son clave. Las elecciones primarias cuentan más para el
colegio electoral a la hora de elegir presidente; es decir, lo que está en
juego es quien acompañará en el Legislativo al próximo presidente. Por eso, la
pasarela en los diferentes estados de ambos candidatos y la definición de sus
Vicepresidentes contó mucho para apaciguar las aguas y repartir las posiciones
necesarias en cada estado. En este escenario, más de 23 millones de
estadounidenses ya votaron, y difícilmente veremos que la investigación
provoque un viraje definitivo en la intención de voto, en la magnitud que Trump
necesitaría para ganar Nevada, Florida, Ohio, Iowa y Carolina del Norte, entre
otros. Sigo
pensando que Clinton será la próxima presidenta. Sin embargo, es posible que
este evento sí tenga impacto en algunas contiendas reñidas para el Senado y el
Congreso, incrementando la probabilidad de que los republicanos mantengan
control de ambas cámaras.
Finalmente,
lo que sí va pasar, estimados amigos, gane quien gane la contienda (sigo
pensando que será Hillary Clinton), el próximo presidente de los Estados Unidos
de Norteamérica va a estar abrumado por procesos jurídicos costosos e
irrelevantes. Todo dependerá de cuál partido acompañe al presidente desde el
poder legislativo, eso es lo que está en juego el día 8 de noviembre de 2016.
@leon_alvarez