Uno de estos dos hilos que tejen la trama, es
el que deviene de la conversación, casi monólogo, entre Diógenes Escalante y su
fiel colaborador Humberto Ordóñez durante un vuelo especial Caracas-Washington
que, seguramente, nunca apareció en la cartelera pública del aeropuerto de
Maiquetía y que se efectuó empleando el avión especialmente enviado para la
ocasión por el presidente Harry Truman, de los Estados Unidos. En esa
conversación, Escalante se pasea por muchos de los eventos cruciales
relacionados con su ambición cuyo fin último, pudiéramos decir que era
“regalarle” democracia a su querido pero distante país.
Resulta que, y según nos cuenta Suniaga,
mientras Truman estaba preparándose para su crucial y delicado encuentro con
Stalin y Churchill en Postdam, para acordar nada más y nada menos que ¡la
partición del mundo! y la consecuente territorialización de una división que
hasta ese entonces había sido nada más que de ideas, cual era, la existente
entre capitalismo y comunismo, transcurre una intensa conversación entre éste y
Escalante quien, a su escala reducida, también se preparaba para un evento
crucial y delicado para su vida y la de nuestro país, cual era, su encargaduría
de la presidencia de Venezuela para un proceso de transición democrática que se
esperaba fuese suave y manso, sin
la violencia fraticida que nos había marcado durante los anteriores cien años
de historia.
A lo largo de esta conversación, rica en
mensajes y signos de lo que ha sido nuestra vinculación con el “imperio”,
destaca un pasaje que, más bien, busca retratarnos a nosotros como país, como
lo que somos y como lo que muchas veces hemos querido pero no logrado dejar de
ser.
Se trata del momento en que Truman habla
quejoso de su llegada a la presidencia de su país sin haber pasado ni por Yale
ni por Harvard, (p. 180). Escalante, al respecto, hace una referencia que,
queriendo ser gráficos, pudiéramos catalogar como una forma de síndrome de patología mecánica. La idea
se desprende de las palabras de Escalante a su amigo cuando le afirma: “…yo si había querido ser presidente de
Venezuela… …Mientras más me iba formando y adquiriendo conocimientos, más
ignorantes e incapaces me parecían quienes en mi país, desconociendo cómo se
mueve el mundo, ejercían el Gobierno…”
Esta grave y elocuente afirmación es la que
motiva este artículo y lo que me ha llevado a formular lo que me ha parecido
razonable bautizar como la Ley de
Diógenes. Según la misma, y en algunos períodos de nuestra historia más que
en otros, el talento, el
conocimiento y la preparación para el trabajo, han tenido una especie de
comportamiento centrífugo que ha alejado de los centros de decisión a los más
capaces e idóneos. Tanto, que me atrevería a proponer un lema que, aunque
negativo y penoso, consistiría en formular una relación estructuralmente
inversa entre el talento de las
personas y el ejercicio del poder
político, como dos instancias que se
repelen cada vez más en la medida en que la una y la otra intentan
acercarse. Sabemos que los cuerpos
en el Universo, más bien se atraen en proporción inversa al cuadrado de la distancia que los separa. O sea,
cuanto más cerca, más se atraen. En nuestro caso, faltaría determinar qué tipo
de ley matemática regiría la repulsión delatada por Escalante. Una ley que, sin
lugar a dudas, separaría el talento del poder en relación directa a la
distancia: mientras más sabes, menos te quiero y cuanto más lejos te quedes,
pues mejor para todo el mundo. Faltaría sólo saber, si es que importara tal
lujo de detalle, si las proporciones entre una cosa y la otra respetan una ley
lineal, cuadrática o, inclusive, exponencial. Quedará el asunto como materia de
investigación para siguientes reflexiones, o sea, la expresión matemática de
esta ley que nos serviría para entendernos cada vez mejor y pronosticar con mas
tino nuestro futuro. Así que inspirémonos en Newton y pesquemos la fórmula que,
de manera antigravitacional, estaría vinculando Talento Vs. Poder político.[1].
Ironías aparte, me parece que el tema es de
tanta importancia que, ningún país serio y exitoso del mundo lo ha descuidado,
y que no debe confundirse con una apología al elitismo o a la tecnocracia, como
sistemas políticos claramente identificados en la literatura especializada y
relacionados con delegar el ejercicio del gobierno en manos idóneas.
¿Si no procuramos que nos gobiernen los mejor
preparados para gobernar, quién podemos aspirar nos gobierne mejor?
[1] Quien
desee hacer repaso rápido a la ley de gravitación universal de Isaac Newton,
puede revisar el siguiente enlace:
http://es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_gravitaci%C3%B3n_universal