.” Julian Barnes.
Quizás lo más difícil en una
relación sea decir adiós. Este paso lleva consigo una carga emocional
muchas veces difícil de abordar para quien tiene que decirlo como para quien
tiene que escucharlo. Y por ello en numerosas oportunidades se apela a recursos
para evitarnos este dolor; esos recursos no siempre son los adecuados y no
siempre se evita un dolor sino que por el contrario este se incrementa.
Cuando hablamos de decir
adiós no sólo hablamos de ruptura con una pareja sino también de todo aquello a
lo cual estamos ligados y en otros casos aferrados emocionalmente; un trabajo,
un grupo social, amigos, parientes. Y es aún más complejo e incomprensible
decir adiós a un ser fallecido. En todos los casos es algo que muere y hay un
mundo que se divide en partes dando lugar a una tarea ardua de querer volver a
unir esos pedazos.
Cómo encarar el adiós? Se
puede?; cuando tiempo nos lleva asumir que nos marchamos o aceptar que se
vayan? Todas y cada una de estas preguntas aparecen en nuestra mente cuando
comenzamos a transitar el camino del adiós, sin importar donde este uno parado
en el vínculo. Para algunas culturas, como la hindú el sufrimiento no sólo
tienen un sentido sino que adquieren un valor positivo; en nuestra cultura
occidental no estamos preparados para comprender y aceptar el dolor que ello
provoca. Resulta incomprensible entender que la muerte y cuando hablo de muerte
no me refiero solamente a la muerte como final de la vida, sino cómo una
metáfora del final de algo. Esa muerte viene a romper con ese tiempo
materializado. Tiempo compartido con el otro, en el sentido lacaniano del otro,
como concepción de los externo; no es otro, sino un reflejo o proyección del
yo. Aquello que yo construyo para justamente el tiempo se materialice y la
incertidumbre desaparezca.
Desprendernos de ese reflejo
de mi yo, sería como un abandono de mí mismo y por ello cuesta tanto y resulta
difícil decir adiós. En realidad lo que habría que analizar o tratar de
entender es que tipo de relaciones construimos, cuanto de nosotros mismo está
puesto en el otro. En general ocurre que una relación tiende a una demanda
incondicional de presencia; el costo es también una demanda incondicional de
ausencia y es justamente en la ausencia donde se evoca la carencia; aquello que
creímos y fantaseamos que el otro tenía; es de alguna manera la forma oculta de
la demanda de amor. Entonces el odio no es otra cosa más que negar el ser del
otro como un ser individual, único e irrepetible y no como un reflejo de mi yo.
Cuando nuestra pareja se expresa como ese ser individual y se ve no ya como un
reflejo de mi yo; es donde aparece la primera expresión de desconcierto; un
alguien desconocido. En realidad el otro siempre ha sido como era, sólo que yo
he querido ver en él algo de mí, pues esa imagen reflejada me otorgaba la
certeza de mi propia existencia. Y entonces porque termina el vínculo? Porque
quiero decir adiós?. Porque el otro expresa ahora algo que no soy yo; ahora ese
pequeño otro pasa a ser alguien que no puede ser asimilado a través de la
identificación y resulta difícil de comprender.
Un vínculo no termina así de
un día para el otro, requirió tiempo; sólo que soltar y dejar ir es la parte
más compleja para aceptar; hace necesario la toma de decisiones y como se sabe
las decisiones están estrechamente vinculadas a las emociones; estas las
condicionan, amoldan y modifican. Decir adiós no siempre puede estar vinculado
con la despedida total del vínculo; sino que puede también ser principio de
otra forma de relacionamiento; otro modelo vincular donde el ser externo de la
persona que comparte conmigo pueda ser entendido como ese externo a mi y no
como una proyección de mi yo.
Cuando esto puede ser
internalizado así el vínculo se transforma, madura y adquiere un status
diferente donde la demanda incondicional de presencia no resulta apropiada; y
porque también se ha internalizado que quien tengo en frente o quien se ha
marchado se ha liberado y nos ha liberados de las frágiles fidelidades que
exige nuestro necesidad de certezas.
APRENDER
A DECIR ADIOS © 2016 Lic. Cristina de la
Vega - Todos los derechos reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial. Julio 2016