. (anónimo).
Las nuevas tecnologías han
acelerado los cambios en los modelos de relaciones ahora ya no es tan frecuente
encontrarnos en un café, sino en una sala de chat de las múltiples redes
sociales. Son los nuevos instrumentos habilitadores de las relaciones
interpersonales. Por tanto aprendemos nuevos lenguajes: app; resumir en 140
caracteres y en particular interpretar los emoticones o “emojis” sus
significados; que quieren decir las caritas?, o el mono tapándose los ojos?.
Un nuevo lenguaje se despliega
frente a nuestros ojos. Y nos encontramos ensayando nuevas formas simbólicas
para expresar aceptar o ser aceptado; o con los famosos likes; con la angustia
o la ansiedad que ello trae consigo. Los cambios que trajo la tecnología van
por una autopista veloz, y no tenemos el tiempo necesario para adaptar todo lo aprendido;
porque en nuestro cerebro hay ya una cartografía donde iremos a buscar aquel
registro que nos hacen reconocer cuando nos sentimos placenteramente bien con
una u otra persona.
Este nuevo modelo relacional
requiere de nuevas adaptaciones para aquellas personas que no nacieron en el
mundo 2.0; todo un desafío que no es solamente relacional. Para cuando usted
aprendió a usar el Facebook aparecieron cientos de nuevas aplicaciones, y la
última adquisición: el snapchat que para las generaciones de 30 años para
arriba casi resulta imposible. Sin embargo para los adolescentes es fabuloso
pues permite una infinidad de expresiones no verbales; simbólicas, simbolizadas
y por tanto naturalizadas entre ellos.
Que pregunta abre estas nuevas
tecnologías? la misma de siempre; tan histórica como historizada; y tiene que
ver con el otro, aproximarnos al otro. Antes de la Internet y las redes
sociales nos relacionamos de un modo personalizado, salvo los amores
epistolares cuyo encanto o no radicaba en escribir y leer cartas. Hoy casi hacemos
lo mismo, pero de modo más virtual; tal vez por eso estamos conectados y
desconectados casi como una paradoja.
Este modelo que nos plantea la
tecnología en materia de relaciones implica probablemente la idea de menos
compromiso o un compromiso más flexible, que permite estar o no estar en
contacto con el otro; mediados por unos dispositivos. Los vínculos son más
cuantitativos que cualitativos pues las redes sociales han expandido cantidad
en desmedro de calidad.
Superada la instancia de la primera
comunicación, que generalmente resulta más aliviada a través del mensaje de
texto o audio; hay algo del orden del estar parapetados detrás de un resguardo
digital. Es menos difícil de superar este medio digital respecto de acercarnos
a alguien de modo personal. El rechazo parece menos rechazo si es digital. La
pregunta que pongo en consideración aquí es: ¿podemos conocer una persona
solamente por el intercambio de comunicaciones? Hay en ello un sentirse atraído
por lo que creo que es la persona que por lo que es realmente. La realidad aún
no se nos ha impuesto en lo que se refiere a nuevo vínculo.
En términos de sensaciones y
emociones. Qué ocurre cuando conocemos una persona?, qué pasa en nuestro cuerpo
y en el cerebro? Detecta el estímulo, lo reconoce y ahí despliega una batería
de sensaciones y sentimientos que se expresa y que el cerebro ha reconocido a
través de ese mapa emocional construido en el decurso de nuestra vida. Las
emociones juegan un rol primordial pues nos llevan a hacer o no hacer, influyen
en nuestras decisiones e impactan en la memoria y aprendizaje. Hemos construido
una biblioteca de emocionalidades, a las cuales vamos a buscar las respuestas a
lo que nos ocurre pues necesitamos de un sistema explicativo que alivie la incertidumbre.
Cada una de las reacciones han sido
influidas por los patrones de conductas familiares, sociales; aquellos modelos
de relacionamiento más eficientes que hemos podido diseñar, aunque claro, esto
no es consciente. Los seres humanos reaccionamos la mayor parte del tiempo de
modo inconsciente, y por tanto también influidos por el contexto, a lo cual hay
que sumar la digitalización de las relaciones multiplicadas los medios por los
cuales comunicamos emociones.
Nos conectamos con esa persona a
través de algún dispositivo, de alguna app mediador entre nosotros y el placer
o displacer que ello nos depare. Ciertamente existen relaciones que en sus
inicios fueron virtuales y que luego pudieron adaptar a la no virtualidad y son
exitosas. Nada está del todo dicho en materia de emocionalidad y tecnología; y
mucho menos en el campo de las relaciones amorosas virtuales o no. No hay que
perder de vista que el campo de virtualidad abre una nueva perspectiva en
cuanto a relaciones y modos de entender los vínculos. La virtualidad de las
relaciones trae ciertas ventajas, uno se encuentra menos expuesto, pues el
rechazo pareciera que pierde impacto si es dicho por mensaje de texto o
WhatsApp; pareciera que resulta menos culposo para alguna de las partes que si
es verbalizado en un one to one. La presencia a través de la pantalla nos
libera de esa culpa ancestral que se nos impone frente a la presencia de la
persona.
Por tanto, hoy no es adecuado
pensar como dos campos diferentes lo virtual y lo real; esa línea tan delgada
ha sido disuelta a partir de la naturalización de este modelo comunicacional y
relacional. Hoy es todo uno; no hay una separación entre virtual y real. Es lo
que el sujeto vive; que importa si es virtual o no. Es lo que ocurre y
transcurre en tanto realidad.
Amor y tecnología, nuevo paradigma de las relaciones© –
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Prohibida su reproducción total o parcial – Buenos Aires, Octubre 2016