La utopía del Estado Nación

La protección de la nación,  de la integridad territorial y de la institucionalidad, son los pivotes del Estado Nación. 

 


Hemos vivido en Chile, por 43 años, una concepción de Estado Subsidiario, llevado a su mínima expresión,  con una transferencia de soberanía a instancias supranacionales en ámbitos propios del ámbito público, pero que ahora se rigen por un orden mundial que le ha restado a los pueblos su capacidad de decisión, imponiendo un sistema neoliberal, que abre espacios a los intereses corporativos de empresas globales, las que  concentran el poder mundial.El poder de estos entes es letal, financian políticos, generan usinas de pensamiento para dominar los estamentos del poder en lo económico,  militar,  político, financiero y religioso. Mantienen así un control de los destinos y los hombres de este siglo gozamos de una pseudo libertad,  de placebos de democracia, de educación acritica, que busca formar individuos funcionales, alineados a concepciones de especialidades que impiden la visión holística. 

Esa deformación de las masas es metódica,  se desinforma, se manipula, se generan conductas, se juega a la modernización segmentada que busca dividir,  reduciendo  las organizaciones sociales a roles acotados, para que distiendan, pero nunca lleguen a poner en riesgo el orden global. 

La certidumbre de esta esclavitud que nos impone el capitalismo corporativo global,  ha venido tensionando el sistema dominante hasta ponerlo en aprietos. El mundo se debate en situaciones límites,  la destrucción del Estado Nación se hace sentir en esa incapacidad de los países para proteger territorios, población nativa, sus instituciones y su historia. Todos están viviendo el torbellino de una crisis profunda, comparable a la que se vivió al término de los setenta, cuando la distensión generada en el Club de Roma ponía fin a la guerra fría y los socialismos reales resignaron sus fracasos y optaron por subirse a la globalización, derribando muros que parecieron eternos. 

La desigualdad a nivel planetario y la debilidad demostrada de los procesos de integración regional, que buscaban fortalecer lo público dentro de lo global, ha llevado a una impredecibilidad de los escenarios políticos mundiales. Porque ahora el poder de los Estados y sus representantes está debilitado, las fuerzas corporativas se han tomado las instituciones, y pesa más una cena con los líderes corporativos que se reparten en gentlement agreements territorios y áreas de influencia, que una Asamblea de la ONU. 

Es un hecho que siempre estuvo presente,  pero hoy se evidencia la imposición de élites incondicionales al sistema dominante, que frenan los intentos dispersos de recuperar un orden nacional republicano con una mínima autarquía. La amenaza represiva proviene de los llamados poderes fácticos, que pueden articular montajes, complots, actos de corrupción que capturan al Estado y sus autoridades, en términos transversales, recurriendo a pretorianos o mercenarios para defender sus intereses sectarios. 

Soberanía y .recuperación ética, aparecen así, frente a estos fenómenos sociales, como las nuevas utopías ciudadanas para este siglo que avanza a su segunda década.

Periodismo Independiente, 7 octubre 2016.

UNETE



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