Del plebiscito a Galileo. Los límites de la Democracia en Colombia.

En mi familia existen varias tradiciones. Una de las menos gratificantes sin duda, resulta ser la de reunirnos  en casa de mi madre después de cada elección, a contemplar impotentes como  la democracia hace grande a este País.

 

. Una de las menos gratificantes sin duda, resulta ser la de reunirnos  en casa de mi madre después de cada elección, a contemplar impotentes como  la democracia hace grande a este País.
A diferencia del ambiente de tensión que caracteriza a aquellos domingos  en los que la suerte del país se decide en las urnas, ayer, en la casa de mi madre se respiraba una atmosfera de optimismo, de tranquilidad. Hasta las cuatro de la tarde resultaba ilógico pensar que Colombia le diera la espalda a lo que considerábamos un punto de partida para empezar a construir un nuevo país. Uno mejor, más pacífico, menos desigual y violento.

Pero el rumbo de este país, al igual que el ambiente dominante en la casa de mi madre,  parece gobernado por un Éolo fluctuante;  con el paso de los minutos el optimismo  se  transformó preocupación, y la tranquilidad en angustia.  A las cinco de la tarde todo estaba decidido.  La población equivalente a la de una ciudad pequeña como Funza o Turbaco, es decir 70.000 colombianos, había desequilibrado la balanza, evidenciando lo que mi familia y otros seis millones de personas ingenuamente no contemplaban.  Colombia decidió NO.  

Horas después, enfrentado al ejercicio inútil de tratar de entender a este País y a su gente  mientras se observa  una pantalla de ordenador,  no pude menos que recordar una reciente reflexión realizada por un polémico director y guionista de cine  español; Fernando López Mirones, a propósito de  los resultados del referendo que determino la salida de la  Gran Bretaña de la Unión Europea.[1]

Para Lopez Mirones,  las consecuencias de someter a consulta popular las decisiones más importantes y relevantes para un estado implican serios riesgos. Muchos de ellos relacionados con  la asimetría que existe entre  el número de ciudadanos  que toma decisiones políticas basadas en una lectura argumentada de las propuestas  y el porcentaje de ciudadanos  que responde a estímulos emocionales que resultan altamente manipulables.

El mensaje de López Mirones es claro: “Si queremos que triunfe la ignorancia, los populismos y los extremismos: ¡preguntémosle a la gente! ¿Quién tiene más seguidores Belén Esteban o el último Premio Nobel de Economía? No señores, no hay que consultarlo todo, no hay que hacer referendums para cualquier cosa.”

Después de una noche de insomnio, plagada de imágenes de miedo y guerra,  las palabras de ese director de cine español  se entrelazan con las escritas por un muy querido primo, que desde su experiencia y percepción decidió decir No al plebiscito ,  argumentando que ayer “gano la democracia”.

En efecto, gano la democracia. Pero era eso lo que se necesitaba Colombia? Que ganara la democracia?

Independientemente de lo que pase con las Farc, en pocos meses nuestro país se verá abocado a un nuevo plebiscito que definirá los derechos de  adopción de un sector importante de la población colombiana, y la decisión nuevamente dependerá del sentir de las mayorías.

La puerta que abrió el presidente Santos con el plebiscito, retomada por Morales en su cruzada por la “familia tradicional”, mañana puede ser usada por cualquier caudillo para imponer su visión de país, mientras se apalanca en una masa de votantes desinformados , qué se ubica entre las dos más Ignorantes  del globo.[2]

 Espero realmente que la sociedad colombiana logre salir finalmenete del circulo vicioso de muerte, venganza y odio que ha sepeultado los sueños de millones de compatriotas, pero considero necesario que todos, los del Sí y los del No empecemos a preguntarnos : ¿vale la pena consultar todo a las masas? ¿Tenemos la madurez social para enfrentarnos a esas decisiones sin imponer puntos de vista que atentan contra las minorías?  ¿Creen ustedes que en un pueblo como el nuestro,  existiría la libertad de cultos, el derecho al voto femenino, o la igualdad étnica si se hubiera consultado a los ciudadanos de su tiempo?

Resulta evidente para mí, que La respuesta a estas preguntas  es tristemente negativa. El cambio estructural que permitirá modificar la sociedad colombiana implica un compromiso individual que parece inalcanzable debido a los hábitos de nuestra población.

Sin lectura, sin estudio, sin educación, no puede haber  una  ciudadanía responsable y critica. Esta conclusión se ve soportada y reforzada,  cuando se evidencia  el estado actual del sector educativo orientado solamente a  proveer instrucción técnica y no capacidades a nivel ciudadano y político. Por eso un voto es un tamal, un meme es una idea, un político corrupto un caudillo.

Ya no podemos modificar el pasado, pero podemos aprender de nuestros errores y de los cometidos por otras naciones. Recordemos las historias de  Galileo y de Giordano  Bruno,  dos pruebas claras y fehacientes de que independientemente del momento de la historia: La mayoría casi nunca tiene la Razón.

 

[1] http://www.capital.com.pe/tendencias/la-mayoria-siempre-tiene-la-razon-la-respuesta-del-profesor-que-es-viral-noticia-974263

[2] http://www.lapatria.com/columnas/colombia-ignorante

UNETE



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