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Colombia: El camino más lógico es la paz


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01/10/2016


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Es que la guerra es siempre absurda, ilógica en un mundo que se dice humanista. Ya nos recordaba Antoine de Saint-Exupéry que “justamente para que se parezca a una guerra se le sacrifican las tripulaciones sin fines precisos. Nadie se confiesa que esta guerra no se parece a nada, que nada tiene en ella sentido, que ningún esquema se adapta, que se manejan solamente los hilos que ya no corresponden a las marionetas”.


Posiblemente las guerras en el mundo tengan un fin, o por lo menos eso es lo que manifiestan. En nombre de la igualdad, religión, el uso de recursos, las tierras; estas son, entre otras, las razones que aluden quienes las comienzan. Sin embargo, no existe manera alguna de establecer cuáles objetivos son más valiosos que otros a menos que existan juicios de valor.

Lo cierto es que siempre habrán razones para empezar una guerra, lo difícil serán buscarlas para iniciar la paz. En la actualidad es más fácil disentir sobre una idea que construir acuerdos, como se diría coloquialmente, nos volvimos una sociedad donde es más fácil criticar que construir. Quizá la razón más evidente sea lo que aprendí de niño leyendo a Esopo: “más vale acabar con las querellas, pues, muy a menudo, el resultado es fatal para ambas partes”.

Lo absurdo es algo ilógico. Si el resultado de la guerra no ha sido la reivindicación de una de las partes en defensa de los valores humanos, entonces ninguna guerra ha sido lógica. Las guerras quieren imponer preconcepciones y dejan en segundo plano a los argumentos, esta es otra razón para considerarlas ilógicas, son promotoras de acciones ciegas.

La resistencia no-violenta da paso a las sociedades sobre lo realmente importante, acciones que muestran disentimiento con el status quo pero donde se sobrepone la argumentación a los fusiles (característico del movimiento liderado por Mahatma Gandhi). Las negociaciones son mecanismos lógicos para llegar a acuerdos, diríamos que más que negociaciones, el diálogo. Parece absurdo tener que argumentar que el mecanismo más lógico para dirimir conflictos es el diálogo.  

Es cierto que el país ha tenido una de las guerras más atroces, una de las cuales ha dejado mayores víctimas. Más allá de la defensa que hagan las partes, como cualquier guerra ha sido absurda, sus fines supuestos se han desdibujado. Como respuesta, la mesa de negociación de la Habana revivió el interés por los argumentos en conflicto, materializó una agenda de desarrollo de la cual somos conscientes pero que nadie había puesto en la lista de prioridades para el Estado.   

Reiteradamente se acusa al gobierno de impunidad en lo negociado, sin embargo, como en cualquier negociación las partes deben ceder. No se trata de sobreponer intereses de manera unilateral, sino de conceder el cumplimiento de objetivos para ambas partes. El gobierno ha repetido que los guerrilleros obtendrán sanciones que van desde restricción de la libertad (los acuerdos dicen que no podrán ser amnistiados los responsables de delitos atroces, de lesa humanidad o crímenes de guerra graves) hasta actividades, trabajos y obras que contribuyan a la reparación a las víctimas.  

En cuanto a las ventajas del acuerdo, son inconmensurables. Algunas estimaciones realizadas muestran que la economía podría crecer por encima de lo esperado, según estudio presentado por el DNP -Departamento Nacional de Planeación-, el dividendo económico para el país se ha calculado entre 1,1 y 1,9 puntos porcentuales (pp) adicionales para el PIB. El mismo estudio dice que la tasa de inversión es la que tendría mayor crecimiento, 5,5 pp del PIB. Debe sumarse a estos aspectos la posibilidad de invertir los recursos actualmente dedicados para la guerra, al desarrollo de actividades propias del sector productivo o a la garantía del cumplimiento de los derechos (más inversión en educación, salud, vivienda, etc). Para Xavier Sala-i-Martin, si el país votará por el NO, volvería a poner en el radar de los inversionistas un tema que ya se había interiorizado, este del conflicto armado como amenaza para los empresarios extranjeros. En ese caso el dividendo sería negativo.

En tiempos de construcción de paz es necesario desempolvar ideas sobre simpatía (o empatía). Esas ideas tratadas por Adam Smith, en su teoría de sentimientos morales, permite juicios más concienzudos ya que supone un ejercicio de imaginación sobre aspectos que podríamos sentir en el lugar del otro. Creo que ese puede ser un buen inicio para la construcción de un escenario de paz.

Votaré por el SÍ. Porque igual “nos reprocharán que llamemos absurda a esta guerra” Saint-Exupéry 



Etiquetas:   Guerra   ·   Paz   ·   Colombia

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