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Introducción breve a las Leyendas de G. A. Bécquer


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22/09/2016

1994 Visitas






Podría considerarse este escrito como un desarrollo del prólogo de las “Leyendas” de la editorial Cátedra, en el que me he basado para escribirlo; aunque recomiendo que se lea encarecidamente, pese a las similitudes que puedan encontrarse, por si mi opúsculo puede aportar algo al lector.



Destaca en esta obra del sevillano, sobre todo en sus imágenes y representaciones, algunos conceptos que los críticos han reseñado frecuentemente, entre los que se encuentran su dinamismo, su vistosidad o su colorido. Bécquer mantiene en todo momento su capacidad de dar vida a las atmósferas, de plasmar lo sobrenatural, de convertir la realidad en el plano donde germina lo irreal mediante la plasticidad, la armonía musical u otros innumerables recursos. De entre estos últimos, destaca la influencia del movimiento romántico y la inserción de elementos estéticos propios del Romanticismo tal que puedan ser: el misterio, la melancolía, la soledad y la aparición de las ruinas; pues, como todos sabemos, Bécquer es considerado un escritor “post-romántico”.

En sus narraciones el tiempo se define a las claras como en “El beso” (la Guerra de la Independencia) o se traduce solamente con una frase genérica “Hace muchos años” (“La ajorca de oro”). En el espacio, por su parte, se suceden lugares tan peculiares como Toledo, Soria, Aragón, Sevilla, etc. En Toledo tienen lugar “El beso” y “El Cristo de la calavera” mientras que en Soria se sitúa, por ejemplo, “El rayo de luna”. Además, para acomodar estos textos el autor-cronista recurre a numerosos artificios: ya sea manejar la 1ª persona, la 3ª, la tradición oral o escrita, un personaje que conoce la historia, emplazar la acción “in media res” y sin que aparezca narrador explícito [Como ocurre en “Los ojos verdes”, leyenda en la esgrimiendo la expresión “Hace mucho tiempo que tenía ganas de escribir cualquier cosa con este título”, hace que nos encontremos ante una ficción desvelada y no supuesta, es decir: no recurre manifiestamente sino a su propio oficio de escritor para justificar la puesta en escena del relato. Aunque hay que tener cuidado con el sentido de “escribir” en Bécquer, ya que lo suele utilizar con el significado de “poner por escrito” y no de “crear” como especifica en alguna otra leyenda.][1]

La religiosidad, la irreligiosidad, el tema de la locura, el pecado, la verosimilitud abundan en su creación. Otros contenidos que emplea el poeta con profusión han sido por demasía estudiados; como es el uso de la técnica pictórica en sus descripciones (conocida era la afición de Bécquer por el dibujo), la teatralidad de sus escenas, las anticipaciones, digresiones, personificaciones, la búsqueda del ideal, la belleza inaccesible (en el “El rayo de luna” o “El beso”), el amor desencadenante de una desenlace trágico, el uso constante de símbolos y el vocabulario de la tradición cristiana (ángeles, demonios, diablos) o de origen popular (ondinas, gnomos, vestiglos)…

Pero lo que más llama la atención, sin embargo, es la concepción de los entes femeninos en las Leyendas, muchas veces partiendo desde cierta misoginia, pues concibe a la mujer como demonio, tentación y otras entidades semejantes. Hablo de la concepción diabólica de las protagonistas de “La ajorca de oro”, “Los ojos verdes” frente a la idealidad que se percibe en “El rayo de luna” o “La corza blanca”, en la que las mujeres no causan mal alguno. Si bien esta es materia para un tratado completo y no tengo sitio para extenderme.

Aquí concluyo mi breve artículo. Espero que pueda serviros de algo.

[1] Tanto en “El rayo de luna” como en “Los ojos verdes” se desvela una mayor ficción, ya que no se recurre de forma explícita al recurso de la tradición. En “El Cristo de la calavera” o “La corza blanca” se omite todo tipo de introducción (ficticia o verídica), además de casi no hay rasgos apenas de tradición ni oral ni escrita, es decir, parecen simples relatos.





-Bécquer, Gustavo Adolfo, Leyendas, Madrid, Cátedra, 1997, (prólogo de Pascual Izquierdo).









Etiquetas:   Mitos y Leyendas   ·   Romanticismo   ·   Gustavo Bécquer

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