Red de publicación y opinión profesional
Política · Economía · Sociedad · Cultura · Ciencia · Tecnología ·
Últimas etiquetas:   Alimentos   ·   Alimentación   ·   Nutrición   ·   Lectura   ·   Lectores   ·   Periodismo   ·   Libros   ·   Escritores   ·   Poesía   ·   Andrés Manuel López Obrador



Incertidumbre


Inicio > Política Nacional
21/09/2016


971 Visitas



En el último Congreso de Marketing Icare, Roberto Méndez, Presidente de Gfk Adimark, en su presentación aseveró: “Hoy nos vemos como un país hostil, con una sociedad cada vez más aislada, individualizada y con menos amigos” según el triste panorama del que nos hablan cifras y encuestas. Frente a la pregunta: Pensando en 10 años más, ¿seremos un país desarrollado?, se observó una respuesta que va en caída libre los últimos 9 años…


Esta interrogante parece ser muy ambigua para el panorama que vive hoy la sociedad chilena, dado el alto grado de agitación y efervescencia social, evidenciando importantes tensiones y cuestionamientos a las actuales estructuras que definen las proyecciones del país. En este marco, es importante preguntarnos: ¿Queremos realmente ser un país “desarrollado”? ¿Quiénes quieren ser un país “desarrollado”? y finalmente ¿Cómo logramos ser un país “desarrollado”? A raíz de estas preguntas es evidente que ya no todos entendemos “desarrollo” de la misma manera; todos hablan del cambio que se aproxima en la sociedad, de que ya la sociedad no tiene las mismas necesidades y por lo tanto tiene distintas exigencias, pero pocos se hacen cargo de estas transformaciones. Para poder hablar en el código que la sociedad exige, se vuelve indispensable preguntarnos: ¿Qué entendemos por “desarrollo”? ¿Cómo este concepto ha transformado su contenido de hace diez años atrás?  Esto nos lleva finalmente a plantearnos: ¿Qué tipo de “desarrollo” queremos para nuestro país y futuras generaciones?

Gracias a la globalización, que permite conocer más allá de nuestras narices, nos vemos obligados a cuestionar la cultura que nos es dada y que como sociedad reproducimos, sobre los valores pre-establecidos que no necesariamente están en concordancia con las necesidades y deseos de quienes no tenemos el control político ni poder económico. Entonces cabe preguntarse nuevamente: como ciudadanos y principalmente personas, críticas e informadas, ¿queremos reproducir ese modus operandi? ¿Deseamos todos el mismo tipo de desarrollo que ha evolucionado desde la Revolución Industrial, aquel que buscaba maximizar el rendimiento de los procesos y que derivó en normalizar el estrés y sacrificar las relaciones humanas con el fin de producir más dinero a costas de la calidad de vida?

En este escenario de incertidumbre propia de una sociedad – y mundo – que cambia a pasos acelerados, donde las antiguas estructuras se relativizan para dar cabida a nuevos paradigmas, hay una certeza: la modernidad ha traído consigo un aumento en la complejidad sin precedentes, y por lo mismo, exige decisiones; el tiempo es escaso y hay una enorme gama de posibilidades a nuestra disposición. No podemos tenerlo todo.

Frente a esto, estamos obligados a elegir un modelo de “desarrollo” que transita entre dos polos tensionados: por un lado, y siguiendo el modelo actual, una tendencia al crecimiento económico como fin último, basado en la competencia y en el éxito; en la ambición de soberanía. Un paradigma orientado al rendimiento y optimización,  para generar un producto que pierde su sentido primero; donde el resultado es más importante que el camino recorrido, donde el fin justifica los medios.

Por otro lado, y que va tomando cada vez más peso, la recuperación de una corriente colaborativa, comunitaria y sustentable; encausada hacia la responsabilidad de nuestros actos productivos, una sostenibilidad que da coherencia a nuestro quehacer y proyección en equilibrio. Se trata de volver a antiguas cosmovisiones, llamadas al respeto y armonía con la naturaleza. Un paradigma basado en el ser humano como co-habitante de un entorno, no como dueño; una revalorización de las relaciones y producciones a escala humana, sin que la ambición defina y vicie dichas relaciones.

Entonces, ¿Qué camino elegimos hacia el “desarrollo”?



Etiquetas:   Recursos Naturales   ·   Sustentabilidad   ·   Investigación y Desarrollo

Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

0 comentarios  Deja tu comentario




Comienza
a leer


Un espacio que invita a la actualidad e información
 

Publica tus artículos


Queremos ser tus consejeros y tu casa editorial

Una comunidad de expertos


Rodéate de los mejores y comienza a influir
 

Ayudamos a tu negocio


El lugar y el momento adecuado donde debes estar
Secciones
22649 publicaciones
5344 usuarios
Columnas destacadas
Los más leídos
Mapa web
Categorías
Política
Economía
Sociedad
Cultura
Ciencia
Tecnología
Conócenos
Quiénes somos
Cómo publicar en Reeditor
Contacto
Síguenos


reeditor.com © 2014  ·  Todos los derechos reservados  ·  Términos y condiciones  ·  Políticas de privacidad  ·  Diseño web sitelicon.com  ·  Únete ahora