. Mucho se ha criticado al gobierno estos días por
reprimir la manifestación ciudadana por la educación pública, y no
mostrar disposición para ir al tema de fondo. La desconexión del
gobierno con el descontento social se hizo especialmente evidente el 4
de agosto pasado, en que el ministerio del interior toma la opción de
pretender tapar el sol con el dedo, sin darse cuenta de que con eso sólo
logra fortalecer la convicción del movimiento.
Doy esa larga vuelta, para explicar que eso mismo es lo que viene
pasando lejos de las cámaras de televisión y del interés del ciudadano
wingka, en territorio ancestral mapuche. En el conflicto permanente, de
vez en cuando hace noticia una huelga de hambre o el asesinato de un
joven mapuche por parte de las fuerzas especiales de la 9a zona de
carabineros, como hace dos años, un 12 de agosto, Jaime Mendoza Collío.
Esta columna la escribo con la impotencia de ver que esto puede volver a
repetirse en cualquier momento.
Hoy el Estado chileno, para defender la propiedad privada wingka
en territorio ancestral mapuche, ha instalado un moderno sistema de
vigilancia, con cámara de alto alcance y definición, en el predio de
René Urban que reclama Temucuicui. Con esto el Estado espera tener más
elementos para criminalizar la causa mapuche. Grave error. Las cámaras
instaladas en territorio ancestral mapuche sólo lograrán seguir
generando en sus jóvenes la sensación de que el Estado chileno es el
enemigo.
Con las cámaras de vigilancia, la justicia wingka pretende ver
mejor lo que pasa en el sur, pero sin entender que tiene que mirar más
en profundidad.
Quisiéramos, por un lado, que esas cámaras sirvieran más bien
para vigilar el accionar de la fuerza policial de la novena zona, que ya
cuenta con tres muertos en democracia en territorio mapuche. A dos años
de la muerte de Jaime Mendoza Collío, el pueblo mapuche tiene derecho a
que se transparente la verdad y se haga justicia, pues todos escuchamos
ese 12 de agosto en televisión el relato que decía que el carabinero
disparó en defensa propia. Todo Chile vio el casco con perdigones que
mostró carabineros para fundamentar su versión. Nadie creyó a los
mapuche que dijeron que no hubo enfrentamiento sino una persecución a
jóvenes desarmados. No hubo cámaras para ellos, y muy pocos supieron de
la pericia posterior de la PDI que mostró un grave montaje de
carabineros para justificar el asesinato, con un chaleco antibalas al
que alguien le disparó sin que el carabinero lo tuviera puesto. Al
carabinero lo procesaron, pero no a sus cómplices y encubridores. Se
trata de las mismas fuerzas especiales de Malleco donde el teniente
Alejandro Saez –encargado de operativos de las fuerzas de elite– está
acusado por perseguir con una motosierra y cortar en el pie a un cabo,
una semana después del asesinato del joven mapuche, y Claudio Rodríguez
–jefe de fuerzas especiales– por falsificación de documento público,
hechos que se mantuvieron en secreto hasta hace pocos días.
Es de sentido común que, si en lugar de ser un joven mapuche el
muerto, hubiera sido un dirigente universitario, el oficial a cargo,
Iván Bezmalinovic -quien respaldó la tesis del enfrentamiento y la
legítima defensa, a pesar de la irregularidad de que el GOPE le avisó
recién media hora después que había dado muerte a un joven- al menos no
habría sido ascendido a general de zona, como lo fue poco después, ante
una acusación de montaje de tal envergadura. Total, lo que haga la
fuerza policial del Estado en las comunidades mapuche, no tiene fuerza
para escandalizar a casi nadie en Chile. No es lo mismo si un ciudadano
muriera en una protesta en la Alameda, a los jóvenes mapuche que han
muerto defendiendo su territorio ancestral a 800 kilómetros de la
capital wingka.
En Temucuicui ya denuncian en este mes de movilizaciones varios
heridos por perdigones, uno de ellos –menor de edad- herido a bala. Pero
nadie les cree. Hace pocos días tuve la oportunidad de conversar con un
peñi que tenía un perdigón en la cara y no se atrevía, por
desconfianza, a ir al hospital. Carabineros tiene algunos heridos con
piedras, y si tiene heridos con perdigones sería bueno, dada la
experiencia en esa zona, que esto se pudiera constatar a través de
organismos de derechos humanos independientes.
Por otro lado, es de esperar que no ocurra con esta nueva cámara
de vigilancia, como en el caso del peaje Quino, en que previo al juicio
por ley antiterrorista que se prepara en estos momentos (sí, leyó bien:
juicio por ley antiterrorista que se prepara en estos momentos), la
fiscalía, mañosamente, entrega a la defensa las grabaciones de seguridad
de todos los peajes del sector... menos del peaje asaltado. Si la
fiscalía tiene esa grabación, su obligación legal es entregarla a la
defensa en la preparación del juicio. Las cámaras, al igual que las
escuchas telefónicas, bien lo saben los mapuche, pueden usarse para
esclarecer la realidad o para oscurecerla; para contar una historia o
para inventarla. Total, lo que el Ministerio Público y los tribunales
hagan con los mapuche no tiene fuerza para escandalizar a casi nadie en
Chile. No es lo mismo que a un dirigente estudiantil -Recaredo Galvez-
se le ponga en prisión preventiva sin pruebas, a que esto se haga con
cien mapuches.
Las cámaras de vigilancia en territorio ancestral mapuche nunca
serán la solución porque no son capaces de retrotraerse, por ejemplo, al
tiempo en que el longko Catrillanca era un niño que andaba sin zapatos
en la escuela, donde escuchó hablar de Leftraru y Kalfulikán, y comparó
la miseria en la que vivía, con la alta imagen del mapuche orgulloso,
digno, de pie y en lucha por su territorio. “Cómo podría llegar yo a ser
como ellos. Cómo podría nuestro pueblo dejar el alcoholismo, recuperar
la dignidad y luchar por la tierra”, se preguntaba el descendiente de
longko en Temucuicui, y hacia allá dirigió su acción política.
La cámara de vigilancia no es capaz de ver el problema a fondo.
Así no se arreglan los problemas. El razonamiento del gobierno, a pesar
de que René Urban está dispuesto a vender, es que si entrega tierras a
comunidades movilizadas, cientas de comunidades mapuche se levantarán.
Razonamiento impecable de quien no quiere ver ni el pasado ni el futuro
de este conflicto. Entonces es más fácil seguir chuteando el problema
para más adelante que solucionarlo, y sobre todo, es más fácil actuar
por cálculos políticos y económicos que simplemente hacer justicia.