. Los extranjeros también pasan por
un mal humor respecto a nuestro país. Lo interesante es el párrafo central en
el comunicado de S&P sobre los riesgos y dificultades para la economía mexicana
en los meses venideros.
La nota
textual dice lo siguiente: “La debilidad
en la gobernabilidad, que en parte refleja un débil Estado de Derecho y
percepciones de corrupción, limitan el beneficio de las reformas, especialmente
limitando las inversiones”. En esas condiciones, la economía difícilmente
puede crecer, y de no crecer, las empresas mexicanas que se cotizan en la bolsa
de Nueva York (NY) o el papel mexicano que se emite en los mercados internacionales
pueden encerrar un riesgo ligeramente superior que antes. Lo peor, ante el
déficit de inversión pública y privada mexicanas (y el encono creciente las
élites dominantes contra el Gobierno de Peña Nieto), la alternativa de atraer
inversión extranjera queda diluida.
En este
contexto, el texto de la calificadora de riesgos prende focos de alerta no en
temas económicos o de seguridad como era común. Por ejemplo, hay otro párrafo
del texto en el que se lee lo siguiente: “Podríamos
bajar la calificación soberana de México si la deuda pública o si la carga de
intereses se deteriora más de lo que esperamos actualmente”. En realidad, la
deuda mexicana sigue estando en la zona de grado de inversión, estaba en
perspectiva “Estable”; pasa a ser “Negativa”. Lo que la calificadora hace es un
juicio demoledor contra el Mexican Moment, en víspera del cuarto informe de
gobierno. Al respecto, dice lo siguiente: “México
ha llevado a cabo más reformas estructurales (que la) mayoría de los países de
mercados emergentes, pero su tasa de crecimiento ha sido decepcionante, debido
parcialmente a factores no económicos...”.
Insisto,
lo dicho por S&P no es totalmente nuevo pero es interesante que incluya una
perspectiva de riesgo político en su valoración: “Las debilidades en la gobernabilidad limitan los beneficios de estas
reformas, especialmente en la inversión (...) México afronta un mayor riesgo de
débil gobernabilidad continua”.
No es
gratuito que la narrativa sobre México en el extranjero gire alrededor de temas
como: violación a los derechos humanos, escándalos de corrupción y falta de
seguridad jurídica para las inversiones, los contratos, las transacciones. Si
el tema del humor social no es menor, la percepción de debilidad y riesgo que
los extranjeros ven en el rumbo del país ya es muy serio.
De esto
se desprende una lección básica para los funcionarios del gobierno actual: estado
de derecho = mayor inversión = mayor empleo = mayores salarios. Adicionalmente,
si consideramos que en los últimos 15 años la inversión extranjera directa en
proporción del PIB se ha mantenido en 2%, el reto es obvio: duplicarla,
triplicarla, en el mediano plazo para “Mover a México” es indispensable.
Si
conocemos las condiciones indispensables para lograrlo: seguridad jurídica,
menos corrupción y respeto a los derechos humanos, los extranjeros se están
preguntando por qué diablos no se hace.
Para
que la inversión venga del exterior, tienen que estar tranquilos los
inversionistas potenciales de que efectivamente hay seguridad jurídica para sus
transacciones. Deben confiar en que hay límites a la corrupción, que las
violaciones a los derechos humanos no los afecta en su seguridad personal. Y
deben creer que el estado de derecho en su conjunto funciona para empresas nuevas,
viejas, grandes y pequeñas sean nacionales o de capital extranjero.
En este
sentido cobra relevancia que el gobierno comienza a desplegar ya sus
comunicados previos al cuarto informe de gobierno. Precisamente trata de
hacernos ver que los cambios estructurales son necesarios y que es inevitable
una confrontación generacional: entre quienes vivieron y están acostumbrados al
arreglo rentista y corporativista del gobierno y entre la sociedad “ciclada” en
esos términos, contra las nuevas generaciones, más tecnológicas, informadas, y
con mejores niveles educativos. Es decir, entre los que defienden el estado actual
ineficiente y corrupto (la famosa visión cultural de la corrupción), versus las
nuevas generaciones.
En
realidad, lo que la calificadora hace es un juicio demoledor contra el Mexican
Moment en víspera del cuarto informe de gobierno. Desnuda la debilidad
institucional del poder ejecutivo.
@leon_alvarez