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La cooperación: Atributo de intrínseca humanidad


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27/08/2016


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Desde hace más de una década el antropólogo Michael Tomasello[1] comenzó a investigar las principales diferencias de nuestra especie con el resto del mundo animal. Como codirector del Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology, ha elaborado una vasta teoría apoyada en el fenómeno de la cooperación, como la principal característica de nuestra especie.


El descubrió que la especie humana es la única que comparte intencionalmente sus percepciones para que sean útiles a otro. Esta teoría ha desatado cierta polémica, generando debates entre los científicos que aseguran que otras especies, por ejemplo los chimpancés, son capaces de cooperar entre ellos generalmente con el objetivo de conseguir comida, e incluso para alimentar a sus compañeros enfermos.

Ante esta postura, Tomasello mediante un trabajo intenso con esta especie, concluyó que cuando estos cooperan lo hacen a partir de un “para mi” –o bien cooperan únicamente después de que han resuelto sus necesidades básicas.

Por otro lado, los bebés humanos, cumplidos los nueve meses de edad, son capaces de apuntar con su dedo algún objeto, no solo para poseerlo, sino también para que la otra persona piense en este. 

Se trata, según el antropólogo, de un nivel de comunicación en el que el pequeño no únicamente quiere del muñeco, sino también provocar en el otro, compartir, el sentimiento que este le origina. El verdadero pilar de sostén es la conciencia de la solidaridad humana y la autoayuda, aunque sea en la etapa del instinto.

Según Preuss[2], es «el reconocimiento inconsciente de la fuerza que cada hombre toma prestado de la práctica de la ayuda mutua; de la estrecha dependencia entre la felicidad de cada uno y la felicidad de todos; y del sentido de la justicia y equidad lo que conduce al individuo a considerar los derechos de todos los demás individuos, como iguales a sus principios»

Continuando con la línea de Tomasello, también en casos de emergencia, cuando los seres humanos perciben el peligro que alguien más experimenta, recurrentemente prescindiendo del habla, transfieren a otros su sentido de empatía para ayudar en estas circunstancias. Tomasello cree que esta generosa manifestación constituye precisamente la principal característica que nos diferencia de las demás especies.

El ser humano además de su sentido de supervivencia mantiene una necesidad intrínseca de compartir y ayudar. Una fase más inmediata, mucho más, para el estudio de los antecedentes de la cooperación ha de fijarse necesariamente en los inicios de la Edad Media. Este periodo, que comprende desde el siglo V hasta el siglo XV[3], ha venido marcado por guerras, invasiones territoriales y formación de nuevos Estados.

De esta época se conservan relatos de las crisis de hambre, tan horrorosas que no se comprende cómo la humanidad ha podido sobrevivir. Estos siglos han sido de miseria extrema, en los que el noventa y cinco por ciento de la población no tenia más ropa que la que lleva puesta

La escasez del dinero, la miseria de los pueblos y el surgimiento del concepto gremial de sociedad artesana, va uniendo a los comerciantes, pequeños industriales, artesanos y hasta hombres de la tierra, en un indiscutible movimiento que enciende la llamada solidaridad humana y registra trazos incuestionablemente cooperativos. 

Desde aquella época se han conocido redes sociales expresadas en sociedades de agricultores, agrupaciones de artesanos, comerciantes, religiosas o de mutuo apoyo entre otras.

La popularización de las redes sociales, hoy,  podría ser un ejemplo masificado de lo anterior. El intercambio de información evidencia una forma de cooperación, la cual manifiesta el interés por volver accesible a los otros, aquello que consideré relevante. 

En este sentido la cooperación sería uno de los más finos alcances evolutivos de nuestra especie y, mejor aún, aparentemente podría acentuarse con el tiempo.

No se puede olvidar que la cooperación ha estado presente en la historia de la humanidad, principalmente en las civilizaciones Azteca, Inca y Maya, las cuales desarrollaron la forma de trabajo conjunto para la construcción de mecanismos de irrigación, de defensa, de cultivo, de vivienda.





 

Cooperación globalizada

Los conflictos, las crisis y las catástrofes tienen muchos inconvenientes, pero al menos algo positivo: una función integradora, porque ponen de manifiesto que no cabe sino encontrar soluciones mundiales, algo que no es posible sin perspectivas, instituciones y normas globales.

Esto es lo que llevo a que en uno de los puntos del Programa del presidente norteamericano Wilson, propusiera el establecimiento de una asamblea en la que pudiesen participar todos los estados del mundo. Alentada por esa idea, nacía en la Conferencia de París de 1919, la Sociedad de Naciones (SDN). Que contaba entre sus objetivos garantizar la paz y el concierto internacional, así como fomentar la cooperación y el desarrollo social y cultural.

Que decir de esos elementos constitutivos de una “Comunidad internacional” que se continuada por la carta de Naciones Unidas, adoptada en San francisco el 26 de junio de 1945 y que traducía la voluntad de impedir se reprodujeran las tragedias del siglo XX.

Esa carta se inspiraba en los grandes textos tales como “Hacia la paz perpetua” de Emmanuel Kant de 1795, año del fin de la Revolución Francesa y también de los tratados de derecho internacional elaborados en el siglo XIX. El resultado: un texo claro, simple y fuerte, precedido en su preámbulo por el epígrafe famoso “ We, the people” de la costitucion de los Estados Unidos. Desde allí se recuerda implícitamente que la estrategia unilateral resulta excesivamente costosa, mientras que la cooperación plantea soluciones más eficaces y duraderas.

De la misma manera que ha ocurrido en los albores de la historia, también hoy la consciencia por el valor del colectivo, por la importancia del todo, ha de subrayar la fuerza de la actuación cooperativa como fenómeno social-solidario, intrínseco a la vida en comunidad.

La verdadera urgencia de nuestro tiempo consiste en civilizar o cosmopolitizar la globalización, en llevar a cabo una verdadera "política de la humanidad", que el hombre verá su capacidad de consolidar posturas adecuadas al desarrollo sostenible.

El desarrollo sostenible se consumará solamente cuando el hombre reconozca su importancia delante del medio, la importancia del medio en donde habita, y, por supuesto, entienda la importancia de aquellos que dividen el medio con él.

La globalización plantea muchas constricciones para la política, pero no significa su final, sino tal vez el comienzo de una nueva era para la política. Ulrich Beck nos recuerda que, “la invención de lo político implica la existencia de una política que no sólo genere reglas, sino que las modifique; que no sólo pertenezca a los políticos sino también a la sociedad; que no sólo sea del poder sino también de la creación: un arte de la política[4].

Antes que de la fuerza de las leyes, más allá de la eficacia de la actuación de los órganos públicos de fiscalización y control, y con mucho más tenacidad que las sanciones administrativas o jurídicas, el desarrollo esencialmente sostenible se muestra posible cuando el hombre comprende y practicar los valores cooperativos fundamentales (ayuda mutua, autorresponsabilidad, democracia, igualdad, equidad y solidaridad) y éticos (honestidad, transparencia, responsabilidad y vocación social).

La buena calidad del mañana está condicionada a la interacción del humano con los hechos relacionados al desarrollo. Es necesario que el ser humano se posicione delante de los diferentes problemas que existen en el contexto donde se encuentra inserido, y, en la medida en que proyecte la mejora de sus condiciones de vida, constituya una forma de actuar propia al establecimiento de una postura ecológicamente correcta, económicamente viable, socialmente justa y culturalmente admitida.





El desarrollo sostenible

El desarrollo sostenible depende de una efectiva transformación del ser humano; de la prominencia de valores sostenibles; de la sostenibilidad moral.

Al prevalecer los valores cooperativos como guía de su existencia, el hombre logrará rescatar el horizonte histórico que le ha estampado las posibilidades concretas de construcción de una sociedad justa e igualitaria, basada en principios de transformación indispensables a la afirmación de una nueva postura delante del medio natural, indispensables a la utilización racional de la naturaleza, con respecto a sus potencialidades, sin devastación de sus recursos.

Tal vez la idea de interdependencia, como valor sustitutivo o corrector de la soberanía, conduzca a descubrir la humanidad entera detrás de los pueblos y a convencer de que ciertas prácticas facilitan más que otras el desarrollo de los bienes comunes.









[1] Tomasello, M. (2008). Origins of Human Communication. MIT Press.

[2] PREUSS, W. El cooperativismo en Israel y en el mundo. Tel-Aviv: Centro de Estudios Cooperativos y Laborales, 1966

[3] DIVAR, J. La alternativa cooperativa: una respuesta ante la crisis. Barcelona: Ceac, 1985, p. 17.

[4] Ulrich Beck. Invención de lo político Ulrich Beck: La invención de lo político. Para una teoría de la modernización reflexiva. F.C.E., Buenos Aires, 1998



Etiquetas:   Medio Ambiente   ·   Ética   ·   Globalización   ·   Cooperación   ·   Humanismo   ·   Humanidad

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