En los últimos años todos hemos sufrido una enorme transformación vital, aparentemente sin ser siquiera conscientes. Cada momento de nuestra vida ha de estar asociado a una imagen que lo corrobore. Al fin y al cabo, todo lo que no se registra, directamente no existe. Sé que suena exagerado, pero cada día esta realidad es mayor, hasta el punto de que si un momento no es fotogénico en sí mismo, deja de tener valor social para nosotros. Si no nos genera una cierta cantidad de interacciones socio-virtuales, no merece la pena retratarla, y ni mucho menos vivirla.




