. Poner énfasis en cómo minimizar la enorme desigualdad que impera entre
ricos y pobres, en un momento de la historia en la que hay más tecnología, más
desarrollo y mejores niveles de vida, me parece, justifica la necesaria
revisión de la situación de los fundamentos económicos que sustentan nuestro
sistema político y social actual.
Más que
argumentar por qué está de moda hablar sobre desigualdad, me parece que es más
importante convencer a las personas (y a los hacedores de políticas públicas)
para que lean a Piketty.
Thomas
Piketty, es profesor de la Escuela de Economía de París y autor del libro El
capital en el siglo XXI, el cual ha causado un gran furor y una gran
controversia en Estados Unidos y en otras partes del mundo en donde ya ha sido
publicado.
¿De qué
trata el libro y cuáles son sus resultados más relevantes?
El
libro es, ante todo, un estudio histórico del capitalismo y de la evolución de
la desigualdad. A diferencia de “El Capital”, de Carlos Marx, este texto cuenta
con enorme respaldo estadístico; mientras que, Marx se sustenta en la época
suntuosa que es retratada en las novelas de Jane Austen y Honore de Balzac. El
libro del francés es un compendio técnico de datos y estadísticas duras;
mientras que, el libro del alemán es un tratado de filosofía y economía
política, lleno de conocimiento intuitivo del comportamiento del ser humano
pero no de fuentes reales. En “El capital en el Siglo XXI”, Piketty presenta un
análisis detallado de grandes tendencias observadas a lo largo de casi tres
siglos en varios países desarrollados y algunos países emergentes. Entre otras
cosas, el libro destaca una serie de hechos o tendencias fundamentales:
1) la
importancia histórica del capital (entendida como riqueza y no necesariamente
como factor productivo), que suele ser varias veces superior al ingreso, y que
en fechas recientes ha empezado a regresar a sus altos niveles tradicionalmente
observados.
2) la
tendencia creciente de la desigualdad, representada por el creciente porcentaje
del ingreso y de la riqueza que corresponde a grupos relativamente pequeños
pero muy significativos de la población como son el 1%, el 0.1% y el 0.01% más
ricos.
3) el
rol de las herencias como un mecanismo perpetuador de las desigualdades. En uno
de los capítulos más apasionantes e innovadores del libro, y basado en un
análisis detallado de los archivos sucesorios franceses y otras fuentes
históricas, el autor es capaz de documentar una serie de interesantes
resultados sobre las herencias y su creciente importancia en algunas
sociedades.
4) el
hecho de que las grandes fortunas crecen más rápido que las fortunas más
pequeñas. En uno de los capítulos más innovadores, el autor documenta un
resultado que es hasta cierto punto sorprendente y que es en parte el resultado
de la ahora famosa fórmula r > g, donde r es el rendimiento del capital y g
es la tasa de crecimiento promedio de la economía. Lo anterior quiere decir que
el capital crece más rápido que el promedio de la economía y, en la medida en
la que el capital se encuentra concentrado en pocas manos, el ingreso y la riqueza
tenderán a concentrarse aún más.
Los
resultados anteriores, junto con otros temas que se discuten ampliamente en el
libro, llevan al autor a concluir que, en ausencia de cambios significativos de
política fiscal y regulatoria, el capitalismo tiende a producir una creciente
desigualdad entre los que tienen mucho (el 1% más rico, por ejemplo) y los que
no tienen tanto (el 99% restante).
Vale la
pena mencionar que para el caso específico de México el libro es sumamente
importante por la magnitud de la desigualdad en México. Este tema es
fundamental, ya que necesitamos entenderlo mejor.
El
enfoque que sugiere Piketty puede ser particularmente útil para entender su
verdadera magnitud y evolución. Vinculado a esto, está el tema de la
importancia de la transparencia de la información fiscal sobre el ingreso y la
fortuna de la población. México es uno de los pocos países de su importancia
que no publica la información fiscal necesaria para hacer el análisis que
Piketty y sus coautores han realizado para otros países. Aquí la exigencia de
esa información es primordial y nos ayudará a tener una mejor comprensión del
tema de la desigualdad, de su magnitud y de cuáles son las formas más efectivas
para combatirla.
El
capital en el siglo XXI también nos puede ayudar a comprender mejor la
importancia del Estado social en la disminución de la desigualdad (y esto es
particularmente relevante para toda América Latina). El análisis del siglo XX
que realiza Piketty muestra que la compresión de la desigualdad en los países desarrollados
fue acompañada de un cambio en la estructura tributaria y de la creación de un
Estado Social en esos países. Ni en México ni en muchos otros países de la
región tenemos ninguna de esas dos cosas. En ese sentido, la discusión que se
plantea en el libro puede ayudarnos a entender cuán equívoca puede ser la
discusión de la reforma fiscal en nuestros países, en donde el debate suele
centrarse en la importancia y necesidad de aumentar el Impuesto al Valor
Agregado en lugar de buscar implementar un impuesto muy progresivo sobre el
ingreso (y ya no digamos sobre la herencia o sobre las fortunas, las otras
medidas de política económica que propone Piketty), que podría ayudar a mitigar
la desigualdad económica prevaleciente.
En un
momento de la historia en la que hay más tecnología, más desarrollo, mejores
niveles de vida, pero más desigualdad, se justifica la revisión de la situación
de los fundamentos económicos que sustentan nuestro sistema político y social
actual. Más que argumentar por qué está de moda hablar sobre desigualdad, me
parece que es más importante convencer a las personas para (y a los hacedores
de políticas públicas) que lean a Piketty.
@leon_alvarez