Se busca político profesional

Si usted no ama a la gente, no se dedique a la política. No defienda su idea, al menos que su idea contenga el más alto grado de intención: ver que otra persona sea feliz… si su idea no promuevo lo anterior, ¡deséchela, y dedíquese a otra cosa!


. No defienda su idea, al menos que su idea contenga el más alto grado de intención: ver que otra persona sea feliz… si su idea no promuevo lo anterior, ¡deséchela, y dedíquese a otra cosa!
Para dedicarse a la política, como en la mayoría de las actividades formales, se debe Ser, necesaria e imperativamente profesional. Cuando digo profesional, no me refiero a la adquisición de un título académico (a pesar de que es muy fácil si se tienen recursos y algo de habilidad para estudiar). Me refiero al sentido más amplio y elevado del término profesional: del latín “professiōnis” que alude a la acción y al resultado de profesar: como los individuos que profesan pasionalmente una fe en determinada religión u otra actividad, siguiendo con amor y esfuerzo los preceptos que ésta le encomienda. Es decir, un profesional profesa dedicada, intencional, y emocionalmente una acción, una función: en el caso de los políticos, en la política. No existe humanismo en el político, si no profesa y trabaja desde su sistema visceral por la humanidad, teniendo como sujeto superior al humano, y no a las cosas que a éste le rodean. Es lamentable oír las demagógicas palabrerías de los mal llamados humanistas; que en su resultado, de humanista tienen muy poco: en muchos casos, nada. 

A los políticos les hace falta espiritualidad-no me refiero a la religión- me refiero, a lo que compone al ser humano: sentimientos, pensamientos (ya lo ha dicho Humberto Maturana: somos seres senti-pensantes). Los políticos se han dedicado desde un largo tiempo a la fecha, a subliminar la racionalidad (lo cual es un importante componente de nuestro cerebro) pero tanta intelectualidad les ha borrado la emocionalidad, lo esencialmente humano: es decir, el espíritu sobre la materia.

Señor político, o candidato: si usted no ama a la gente; no debería postular a ningún cargo: no se engañe, ni engañe a los demás. Sabremos si realmente ama las personas cuando le veamos servir con fidelidad a su propia familia; servir a sus vecinos, servir a sus conciudadanos, servir a los más humildes, abrazar al mendigo, compartir un refresco con el que recoge su basura semanalmente: cuando tolera la diferencia, cuando cuida el planeta que otros en el futuro compartirán sus bendiciones. Sabremos que ama a la agente, cuando aparte algo de su sueldo para regalar a otros que carecen de su suerte, cuando guarde sus títulos en su espalda y no quede más que su propia sonrisa para demostrarle a su prójimo que tiene un valor para usted. Sabremos que ama a la gente, cuando se dé cuenta que usted sirve, y que no debe permitir, de ninguna manera, ser servido por el pueblo. 

Si usted no ama a la gente, no se dedique a la política. No defienda su idea, al menos que su idea contenga el más alto grado de intención: ver que otra persona sea feliz… si su idea no promuevo lo anterior, ¡deséchela, y dedíquese a otra cosa!

UNETE
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