. El primero enérgico y organizador en una época de descalabro
nacional; el segundo, impositivo y visionario; y el tercero, valiente, heroico
y luchador. Los dos últimos terminaron asesinados por sus enemigos políticos.
Para
ser un revolucionario auténtico no se requiere más que una ideología de cambio
auténtico. García Moreno lo fue desde su tendencia conservadora y clerical;
Alfaro, como un liberal tenaz y combatiente del clero corrupto de la época; pero
los dos coincidieron en algo excepcional, una obra para cohesionar a los
pueblos, separados por una geografía, así como hermosa, tremendamente difícil,
que establecía de modo evidente una enorme barrera entre los seres humanos
durante cerca de cinco décadas entre 1860 y 1912. Y a pesar de las
circunstancias se construyó la obra imposible, “el ferrocarril más difícil del
mundo”, así llamado por los constructores traídos por el “Viejo Luchador”, para
plasmar aquello que uniera a centenares de pequeños poblados entre Guayaquil y Quito
y tuviera feliz término el 25 de junio de 1908.
García
Moreno inició esta obra en su mandato, pero avanzó apenas 45 km desde el
poblado costeño de Yaguachi en 1861; luego
un poco cada uno, Antonio Borrero, Ignacio de Veintimilla, José María Plácido
Caamaño, Antonio Flores Jijón, Luis Cordero, y 334 km Eloy Alfaro, hasta
culminar el sueño en Quito. Los hermanos norteamericanos Archer y John Harman, fueron
la clave económica y de ingeniería más importante, y el obstáculo, el clima
tempestuoso, las enfermedades tropicales, la muralla de la Nariz del Diablo,
los políticos incrédulos y la prensa obstruccionista y malintencionada. La obra
se contrató en
17 millones y medio de dólares pagaderos con bonos para 33 años al 6% anual; un
poco más de 12 millones garantizaba la Nación. Pero el dinero no era
suficiente, se acudió al financiero millonario inglés James Siveright, amigo
personal de Alfaro.
En
la zona de “La Nariz del Diablo” la tarea parecía, en efecto, imposible. Contrataron
a 4 mil negros jamaiquinos expertos en el manejo de dinamita. Cierta vez una catástrofe
despedazó a centenares de ellos, y después los remató una epidemia de fiebre. En
Huigra todavía se ve sus tumbas y la de John Harman, muerto por la misma causa.
“Archer Harman calculaba que el ferrocarril Guayaquil-Quito costaría 16’ 782
mil dólares. Rehacer 65 millas destruidas entre Durán y Chimbo costaría 750 mil
dólares. Serían 390 millas, con los desvíos, curvas y retrocesos convenientes para
la sólida construcción de un ferrocarril de primera clase, que en el lenguaje
técnico significaba “de ría permanente”, o sea 650 km, que equivalían a 27 mil
pesos de oro por kilómetro, incluyendo material rodante, estaciones, factorías,
diques, muelles, vapores, puentes, estudios, trazo y localización de líneas,
ramal a Riobamba, enseres, etc.”. (Reg. Oficial del 11 de junio de 1897).
Solamente
hoy, la cantidad impresionante de extranjeros que atraviesan por los poblados
tan sugestivos y la “Nariz del Diablo” hasta el punto de Sibambe y recorren la
vía de reconstrucción moderna desde Riobamba, pueden testificar la
majestuosidad de la obra. El plan gubernamental es rehabilitar y modernizar en dos
años más, todo lo que hizo Alfaro en diversos puntos del país. Hasta tanto
queda el recuerdo y la realidad actual que algunos se resisten a reconocer.