. No es una verdad absoluta pero por ahí anda. ¿Qué se podía
esperar de esta selección olímpica? Si hasta se barajó la posibilidad de no
presentarse en Brasil. El empate ayer ante Honduras decretó su eliminación en
primera ronda. La realidad es incontrastable. Quedó tercera en un grupo que, a
priori en la jerarquía individual, está a años luz de diferencia con el fútbol
argentino.
Sin embargo, este contexto de AFA, de absoluta improvisación y
dirigentes que se contemplan en exclusividad su ombligo, devora prestigio
minuto a minuto. Si ni hasta una elección pudieron organizar. Nadie se hace
responsable, todos miran al costado, ninguno muestra una salida, al menos una
propuesta para dar vuelta esta realidad.
Olarticoechea, el único técnico
con contrato en AFA, tuvo que tomar las riendas de un equipo que supo
entrenarse con apenas 8 jugadores. Dirigió al seleccionado femenino, partidos
al Sub 15, ayudante de Brown en el Sub 17, también iba a colaborar con el Sub
20 en un torneo por Europa hasta que llegó el llamado desesperado de Viamonte,
luego de la renuncia de Martino, quien había dado inicialmente una lista de 57
profesionales, con la que apenas se pudo llegar a los 18 para partir a Brasil.
En el medio, equipos europeos que no cedían a sus jugadores pero para peor,
clubes argentinos que también rechazaban que sus jugadores formaran parte de la
cita olímpica alegando que perjudicaba las pretemporadas para un torneo en el
que no se sabe a ciencia cierta si se inicia. Esquizofrénico. Esto fue la gota
que rebasó la paciencia del Tata, quien finalmente dijo adiós. La selección no
es la prioridad de nadie. El fútbol argentino no es la preferencia de este
cúmulo de dirigentes que no están a la altura de lo que exige esta gloriosa
camiseta.
El papelón no es culpa de estos
chicos que, si bien es cierto que no estuvieron al nivel que desarrollan en sus
clubes, caso Correa, Lo Celso y Calleri, por citar los tres casos más
resonantes, se vieron desbordados emocionalmente en una realidad que los
depositó a la buena de Dios. Los gestos y la inclinación corporal de Correa
antes de patear el penal ante Honduras refleja la desesperación por tratar de
salvar a un barco predestinado al fondo del mar. Tampoco la responsabilidad
debe recaer sobre el entrenador, quien tuvo que salir al ruedo con un plantel
diezmado y con menos de un mes de trabajo. El Vasco, gran tipo según aquellos
que lo conocen, pero sin los pergaminos suficientes para hacerse cargo de este
objetivo. No alcanzan las buenas intenciones, se requiere profesionalidad y
jerarquía para dirigir a la Argentina.
Bauza es el entrenador, la
única certeza. El proyecto de juveniles, una pantomima desde la salida de
Pekerman y Tocalli. Se le dio las llaves a la Generación del `86 como una
oportunidad de trabajo, una salida laboral, más que para planificar a 10, 15,
20 años, con personal idóneo, el futuro de nuestro fútbol. Las rencillas
internas, los egos personales, el fútbol del Ascenso destrozado con clubes al
borde de la quiebra, barras que manejan decenas de equipos, deudas y deudas,
sin ningún tipo de planificación. El panorama es desolador por dónde se lo mire.
Rusia 2018 será la última oportunidad de una camada de futbolistas
extraordinarios como Messi, Agüero, Di María o Higuaín. Después de ahí, el desierto.