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La violencia y lo sagrado: el crimen como autorredención.


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29/07/2016


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Ha dicho el ministro alemán de interior que los vídeo-juegos violentos tienen algo que ver con lo del asesino de Munich. Ha necesitado este señor, seguramente, que los investigadores hayan encontrado en su apartamento vídeo-juegos de los que se pueden comprara, hasta por menores, sin ningún problema en cualquier centro comercial para hacer esta afirmación.


Habría que decirle que basta con echar una ojeada a la parrilla televisiva para obtener un grado de violencia extremo sin necesidad de estos vídeos. Y que, más grave aun, basta con revisar los programas denominados "infantiles", para ver que contienen una violencia extrema considerando el público al que van dirigidos, niños de entre 2 y 9 años. Como padre me intereso por los programas infantiles que pueden ver mis hijos y hay muchos que en casa hemos decidido que no se pueden ver. Los hay que utilizan un lenguaje agresivo, con pequeños y leves insultos hacia los otros personajes. Algunos considerarán que eso no es nada y que los niños deben "ver lo que es normal en la calle". Nos negamos en casa a que sea normal que a una persona se la trate con desprecio, eso nos parece violencia extrema en un niño de corta edad, porque troquela su estructura moral de forma que le hace ver como normal o bueno la falta de respeto y de trato amable con los demás. He podido ver conductas similares a esos programas en el patio del colegio de mis hijos y constato que es una fuente educativa muy efectiva. No sé porqué, la violencia tiene tendencia a la mímesis en la sociedad, quizás por lo que escribiera Girard sobre la violencia y el chivo expiatorio. Esta sociedad está marcada por una violencia soterrada que busca huecos por los que escapar, como el atentado de Munich.

Sí, parece que fue un loco solitario, pero no es así. Este chico, en su soledad, representa la condición de la sociedad actual. Vivimos una sociedad marcada por la violencia contra lo que nos hace humanos: la relación. Se trata de una relación en cuatro tiempos. Relación con el otro, el prójimo el que tengo delante. El primer prójimo es la madre y el padre, también el hermano. Es una relación cara a cara que nos constituye como un tú capaz de responder. Aquí nace el principio de la responsabilidad y con él el sujeto ético, limitado por el otro. En segundo lugar está la relación con lo otro, con el medio natural. Se trata de la relación que construye nuestra mismidad biológica. Respirar, comer, mirar nos hace animales, pero unos animales capaces de contemplar el mundo como un lugar en el que estoy y del que dependo, pero que a la vez depende de mí. Nace la conciencia de la mismidad natural, nace el sujeto estético, limitado por lo otro. Pero esta mismidad quedaría clausurada sin otra relación, la relación con los otros. Se trata del vínculo con la comunidad, con la sociedad. Es un vínculo imprescindible para constituir el sujeto político, el que toma decisiones comunes que afectan a todos, el que se debe dejar limitar por los otros. Estas tres relaciones quedarían incompletas sin la relación con El Otro que constituye el sujeto espiritual del hombre, marcando un límite absoluto e infranqueable, el límite trascendental.

En nuestra sociedad estas cuatro relaciones han sido o están siendo sustituidas por factores que las inhiben. El interés claro de la sociedad posmoderna neoliberal es hacer del ser humano un mero homo sapiens sin vínculos. El primero de los vínculos constitutivos eliminados es el transcendente, dejando a la humanidad ante metas meramente materiales de progreso que se alejan de un sujeto trascendente. El segundo es el vínculo con la naturaleza, convertida en un mero instrumento para la satisfacción de apetitos de todo tipo, rompiendo el sujeto estético. El tercer vínculo es social. Es vínculo es cercenado mediante el odio a lo común y la elevación a máxima de los principios neoliberales de la privatización del mundo. La sociedad es una suma de individuos que se rigen por intereses puramente privados, haciendo imposible el sujeto político. Esto lleva a la ruptura del último y vínculo, el que nos relaciona con el otro concreto. Este vínculo nos permite ser sujetos éticos, pero el individuo, encerrado en su mismidad por la estructura egoísta imperante transmitida por los medios de comunicación y la cultura dominante, queda a merced de sus propias pasiones, incapaz de relación con el otro.

El ser humano no está preparado para vivir sin estos vínculos que lo constituyen metafísicamente como humano, de ahí que la respuesta de los individuos sea calificada como locura. Este es el caso del chico de Munich, pero también podría ser el de los dos chicos que mataron al sacerdote en Francia en nombre del Daesh, pues estructuralmente son actos idénticos: personas que pierden la capacidad para sentirse humanos entre otros humanos, capaces de actos aberrantes de atrocidad suprema y que buscan el crimen y la muerte como una especie de autorredención, como una forma de dar sentido a una vida que no lo tiene de ninguna manera. El chico de Munich estaba en tratamiento psiquiátrico y eso, de alguna manera nos tranquiliza, es el acto de un loco, y no hay tantos locos. Los otros dos chicos de Francia no estaban en tratamiento, pero reflejan el mismo odio a todo lo social y la falta de expectativas vitales. Los servicios sociales franceses dicen que sus padres son buena gente trabajadora traumatizada por lo que han hecho. Dieron a sus hijos todo: estudios, dinero, etc. Y este es el problema, que lo tuvieron todo para integrarse, menos el sentido de esa existencia que se integra. La segunda generación no tiene el aliciente de la primera. Este es el problema que Daesh está explotando contra Occidente, ofreciendo a estos chicos un relato (de re-latio, mismo origen etimológico que relación) en el que sus vidas cobran sentido si las entregan a una causa superior, donde matar o morir son el sentido de la existencia. Por desgracia, hay muchos de estos chicos en Francia y en toda Europa. Me temo que Daesh, por un lado, y el fascismo por el otro, van a aprovechar bien esta circunstancia.



Etiquetas:   Terrorismo   ·   Sociedad

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