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Entrevista al Catedrático y Poeta Luis García Montero


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29/07/2016


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Luis García Montero (Granada, 1958). Poeta. Catedrático de Literatura Española por la universidad de Granada. Numerosos premios avalan su trayectoria donde encontramos entre otros, el Premio Nacional de Literatura y el de la Crítica.


Hablar de poesía en España en la actualidad va unido a su nombre y a sus versos, de lenguaje coloquial, centrado en situaciones y preocupaciones cotidianas. Por ello, muchos hablan de García Montero como “el poeta necesario”.

Entrevista concedida a ELD y realizada por Begoña Curiel.

–¿Cuando quiso escribir, siempre pensó en poesía? O simplemente no lo pensó… ¿Salió así, sin más?

Uno teje el azar con su propia personalidad. Mi padre tenía la costumbre de leer en alto Las mil mejores poesías de la lengua castellana. Luego descubrí en la biblioteca familiar la edición de Obras Completas de García Lorca publicada por Aguilar y en el colegio un profesor tuvo la buena idea de poner en clase el disco de Serrat con poemas de Machado. Poco a poco identifique mi identidad y mi destino con la poesía.

–¿Qué responde García Montero a quien considera que la poesía no está al alcance de muchos mortales o que sus autores no escriben para el lector, sino para sí mismos?

Pues depende de quién lo diga. Si es una persona educada y con criterio, le doy la razón y hablo de algunas tendencias líricas que a lo largo del siglo XX han confundido la calidad con la dificultad. No podemos esperar que la gente se interese por la poesía si la poesía no se interesa por la gente. Pero si quien habla es un zafio, partidario del populismo barato y la telebasura, suelo decirle que la poesía exige un rigor, un ejercicio de conciencia y que no puede abaratarse como si fuese un producto comercial de entretenimiento.

 –Su círculo y su sentir creativo están relacionados con lo que llama “la otra sentimentalidad”. ¿Qué significa esto?

Se trata de una reflexión de Antonio Machado. En la época de auge de la vanguardia, Machado defendió que los cambios en la cultura no los provocan los juegos formales, sino las transformaciones en la educación sentimental. Nosotros nos identificamos con esta idea en plena transición, porque la democracia no consistía sólo en votar cada 4 años, sino en cambiar las relaciones entre personas, modos distintos de entender la vida al margen de la cultura clerical del franquismo. Y pensábamos además que un poema comprometido no es sólo el que habla de una huelga general, sino también el que busca la emancipación en la intimidad. La poesía ayuda a meditar lo que decimos al decir yo soy o yo te quiero.

¿Sería necesario romper con la etiqueta de la poesía como arte elitista, que a lo largo de los tiempos ha dado escritores que se envuelven de cierto misticismo y solemnidad?

Creo que la poesía no ha sido elitista a lo largo de los tiempos. De hecho ha servido muchas veces para conformar la identidad de una comunidad. Jorge Manrique, Lope de Vega, Rosalía de Castro, Federico García Lorca… Soy contrario a la poesía que se considera como un lenguaje propio para elegidos. El lenguaje de la poesía es el de la gente. Pero insisto, se trata de utilizar con rigor el lenguaje de todos, no de confundir la democracia con la zafiedad imperante y los bajos instintos.

–Afortunadamente no es el caso de su trabajo, en el que precisamente destaca la cercanía con la que da voz a personas normales y habla de situaciones y cosas cotidianas. ¿Es algo planificado o le sale del alma?

Bueno, es la tradición de poetas en la que me he formado y es también el tiempo en el que me tocó empezar a escribir. Al final de los años 70 dominaban el culturalismo y el experimentalismo. La generación más joven reaccionó por cansancio de las supersticiones del formalismo y nos fijamos más en la tradición de Antonio Machado, Ángel González, Gil de Biedma, Brines…

–Su trabajo como poeta fue el germen del documental “Aunque tú no lo sepas” estrenado este año. ¿Cómo se siente cuando ya es un clásico en vida y con su edad?

He tenido mucha suerte con los directores de la película, Charlie Arnaiz y Alberto Ortega, y con una productora que ha sido leal a su nombre: “Por amor al arte”. No me he sentido como un clásico, sino como un poeta que tiene los lectores que andaba buscando. Eso es una suerte, porque no hay mayor premio para un escritor que sus lectores. La película, además, consigue que yo no me sienta avergonzado. Tienen más protagonismo que yo las cosas que admiro, los maestros que he querido o la amistad.

–Qué le pasa por el cuerpo cuando en ese documental aseguran que su poesía es un arte útil y frases de este tipo: «no es que escriba poesía que comprenda, sino que me comprende», «lees un poema suyo y dices, pero si está hablando de mí»…

Primero, claro, gratitud. Y luego complicidad. La literatura es un mundo hospitalario. Como lector, he aprendido mucho de mí mismo entrando en las palabras de otros, poniéndome en el lugar de otros. Para que exista el hecho literario es tan importante la participación del lector como la del autor. El lector que habita los poemas le da sentido a los versos.

–En sus entrevistas repite que con la poesía pretende ser coherente con el muchacho que empezó a dedicarse a esto y que no quiere defraudar al adolescente que fue. ¿Cómo era Luis García Montero con aquella edad y de qué manera ha evolucionado?

Era un adolescente en una ciudad de provincias con una capacidad muy acentuada para la admiración, con un interés muy fuerte por encontrar a los míos, mi nosotros, y con una necesidad íntima de lealtad. He evolucionado con la intención de mantener el recuerdo de lo que fui desde la madurez. Lo importante es negarse a colocar por encima de la propia conciencia ninguna consigna de tipo sectario, religioso, político, patriotero… Lo primero que hay que aprender para participar en un suelo colectivo es a quedarse sólo si las circunstancias lo exigen.

–¿Qué necesita para escribir? Rituales, contextos determinados…

Tiempo, sentirme dueño del tiempo, vagabundear por la casa o subirme en un tren de largo recorrido. Eso por lo que se refiere a la poesía. Para la novela y el ensayo, necesito encontrar un horario de trabajo regular, disponer de días para sentarme a escribir de 9 de la mañana a 2 de la tarde. Antes era nocturno, pero los años te convierten en un ser diurno.

–Quienes no leemos poesía habitualmente, aun así conocemos a García Montero. En este mundo de redes sociales todos hablamos de lo divino y lo humano, mucha gente dice de usted que es un ciudadano ejemplar, comprometido, crítico con lo que merece una denuncia, que inspira ternura. ¿Le duele no ser conocido siempre por su trabajo como poeta?

No, creo que con el compromiso cívico te arriesgas a ese tipo de situaciones. Hay también una parte de sacrificio, porque muchos lectores y medios te toman manía por el tipo de ideas que defiendes. Te consideran como alguien antipático. Pero es inevitable. La verdadera preocupación debe ser distinta: no traicionar a la poesía por un compromiso mal entendido, es decir, no escribir panfletos partidistas en vez de poemas; y, por otra parte, evitar el sentimiento de la impostura. Es un riesgo que te llamen ciudadano ejemplar cuando uno no lo es.

–Ha escrito sobre poetas que han pasado a la historia con letras mayúsculas. ¿Le gustaría parecerse a alguien?

Pues si lo relaciono con la pregunta anterior, hago una lista: Jovellanos, Unamuno, Antonio Machado, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Miguel Hernández… Son poetas de verdad y por sus ideas sufrieron cárcel, exilios, ejecuciones. Me gustaría parecerme a ellos en lo de mantener ideas y en lo de la poesía de calidad, pero salvándome de la represión.

– Sentimos pedirle que elija, pero ¿quién le ha deslumbrado de por vida?

Uno nombre, ¿sólo un nombre?, ¿nada más que uno?, pues si hay que elegir el de mi mujer: Almudena Grandes. Me deslumbra y en este caso no me importa elegir.

 –¿Hay escritor que no sea lector?

Me resulta muy difícil imaginar un escritor que no tenga el gusto por la lectura como origen de su vocación. Somos como escritores los libros que hemos leído. La creatividad es un diálogo personal con las tradiciones.

–¿Qué lee García Montero a diario?

Los periódicos. Después los libros que necesito para preparar las clases en la Facultad. Y procuro estar al día de lo que hacen los escritores que quiero, las novedades sobre las que alguien de confianza me llama la atención.

 –Decía el poeta Ángel González que «la poesía es una lectura que no se gasta. En cambio, lees una novela y ya

está consumida». ¿Está de acuerdo?

No del todo. Desde luego los poetas que una admira son una compañía recurrente, uno vuelve a ellos invitado por una situación, un recuerdo, un estado sentimental. Pero la novela admite también relecturas. El tiempo suele ser más distante. Pero da gusto leer al cabo de los años novelas que te gustaron para ver cómo cambia uno de mirada y qué es lo que permanece.

–A veces me acerco a la poesía como a la pintura. Ambas me inspiran mucho respeto por mi desconocimiento en la materia, pero sé cuándo me gusta, a pesar de que no sepa muy bien por qué y aunque los responsables no sean autores consagrados. ¿Es extraño?

Si lo piensas, verás que te ocurre lo mismo con la novela. Es una cuestión de costumbre. Aunque sepas más de novela, al final respondes a tu inclinación propia. Lo importante es el gusto personal, lo que uno vive al leer. Hay que perderle el miedo a la poesía, pensar que no hace falta ser un entendido, basta con el sentimiento personal. Conforme uno va conociendo más los recursos del género, el gusto por la poesía se hace más profundo y más amplio.

–¿La poesía puede servir de medicina para este mundo tan caótico que nos está tocando vivir o es una buena fórmula para evadirse?

Mira, yo estoy convencido que la poesía es un buen equipaje para asumir el viaje por este mundo. La poesía es un buen antídoto contra el dogmatismo, contra las prisas, contra la falta de matices, contra el tiempo de usar y tirar. La poesía adiestra en el arte de hacerte dueño de tus propias opiniones y los propios sentimientos, algo decisivo en un mundo que cuenta con poderosísimos medios de control de las conciencias. La educación sentimental es decisiva para cualquier futuro civilizado que sea aceptable.

–Ahora que las redes sociales invaden todo o todo está invadido por ellas, ¿cree que es positivo para la literatura? Los escritores pueden relacionarse de tú a tú con sus lectores. ¿Le parece adecuado?

Mira, yo considero muy reaccionario estar en contra de la ciencia o de la técnica. Lo que hace falta es preguntarse por el uso que se hace de ellas. Las redes han abierto muchas posibilidades y algunas imprescindibles para la democracia. Ahora que los grandes medios de comunicación están en manos de los bancos, la mayor parte de información independiente circula por las redes. Y las posibilidades de comunicación son muy notables. El problema surge cuando las redes se convierten en un vertedero, cuando los impulsos imperan sobre el respeto o cuando los usuarios piensan que cualquier opinión vale lo mismo o un poema de alguien que no ha escrito poemas nunca vale lo mismo que el poema que lleva años formándose en el oficio. Las prisas y la falta de meditación son malas ya corran por las redes, las televisiones o las barras de los bares.

–Es el autor que más libros de poesía vende en este país dicen las cifras. ¿Sigue siendo aún un número muy inferior a la novela, por ejemplo? ¿Cómo lleva esta diferencia?

No, no soy el autor que más libros vende de poesía en este país. Joaquín Sabina vendió muchos ejemplares de su libro de sonetos o ahora hay jóvenes cantautores que publican poesía y venden mucho. Lo importante es no confundir calidad con ventas. Hay muchos libros muy malos que se venden mucho y libros muy buenos que se venden mucho. Y hay libros malos que no se venden o que se venden mucho. El mercantilismo no es una buena guía para opinar sobre arte y mucho menos para escribir. En referencia a la novela, yo suelo pensar que todo buen lector de poesía es también un buen lector de novela. Después en la novela, hay otros factores que facilitan la lectura. Quizá la poesía es más exigente, no tiene el apoyo argumental, la parte de entretenimiento. Y hay poetas que ponen muy difícil la lectura de un mundo inhabitable. Pero la variedad de la poesía y su riqueza permite que cada cual encuentre su tono, su edad, su interés. Yo soy un lector asiduo de novelas y muy partidario de las buenas canciones. No siento rencor ninguno por el éxito de los cantantes o los novelistas.

–¿Qué opinión le merece la calidad y la gran cantidad de blogs y páginas en las que se analiza y habla de literatura a diario, hechas por gente que simplemente aman las letras?

Pues es el mejor homenaje a la literatura, un territorio donde los lectores dan su opinión, crean redes, dan cuenta de su amor a los libros, llevan ese amor a la vida cotidiana. Muchas de las críticas que se hacen están muy bien. Entre los amantes de la literatura hay menos tontos que entre los discutidores de política. Los comentarios políticos de la red me llenan a veces de desolación. Los blogs literarios me confirman con mucha frecuencia que la literatura es un ámbito hospitalario.







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