. Ha
perdido diputados a chorro y, a la vez, sigue con sus permanentes contradicciones,
su indecisión y su discurso caduco. “Ya no creemos en él ni los suyos”, decía
ayer el líder de Ciudadanos en Castilla y León. Por si no era suficiente con cuanto plasmamos
aquí, ahora ha tenido la ocurrencia de decir que nunca vetó a Mariano Rajoy,
cuando las grabaciones y los medios de comunicación demuestran lo contrario.
Estoy
convencido que políticos como Alberto Rivera sobran en el panorama español; tal
vez puedan pasar en una comunidad autónoma, donde los parlamentos son de
segunda o tercera división (algo así como un ayuntamiento grande), pero en el
Parlamento español -- que queda grande a muchos parlamentarios, sobre todo
podemitas y de C's-- se les ve el plumero, las nalgas y los bajos. Y si a ello
unimos las dos 'muñecas articuladas' (apelativo cariñoso) que le acompañan con
frecuencia --Inés Arrimadas y Begoña Villacís-- pues entonces sí que vamos
apañados con poca ropa; en dos palabra, vamos jodidos, con perdón.
No
lo duden: si hay unas terceras elecciones, el tal Rivera pierde hasta la
camisa. Bien claro lo han dicho los empresarios: "Ya no nos sirve. Nos
hemos equivocado. Precisamos un 'caballo' ganador". Y si unimos a todo
ello que empiezan a salirle casos de corrupción por todas partes, pues... ¡Ya
me dirán ustedes! La situación la pintan calva y degollada.
En
este momento, la ciudadanía no tiene muy claro cuál es la inclinación
ideológica de este personaje. Eso de la inclinación viene a cuento por la
disparidad de criterios que plantea para controlar la corrupción: Andalucía es
donde más corrupción hay en España, y donde más condenados, y sin embargo a C's
le parece bien, calla y sigue la política del avestruz. En Castilla y León,
donde no hay corrupción sabida dentro del PP regional (todavía, excepto en el
HUBU), se asustan sus seguidores de cualquier grano de arena. Esas
arbitrariedades se pagan y Ciudadanos ya las ha empezado a pagar.
A
la formación de Rivera ya empieza a vérsela como un estorbo para la política.
Tal vez debería replantearse muchas cosas; entre otras, no entorpecer más la formación de Gobierno.
Bastante ridículo hizo ya con el ‘pacto maldito’ firmado con el PSOE; digo
‘maldito’ porque tal acción retardó las elecciones y aprovecharon unos meses
para cobrar del Parlamento español sin funcionar como es debido: a eso se llama
egoísmo, oportunismo y recochineo.
Puesto
que Rivera hace a todos palos -- y le gusta ser el perejil de todas salsas--
cuanto antes se defina más camino político habrá recorrido en poco tiempo. No
hay duda de que, si hubiera unas terceras elecciones, la formación recibiría
todos los pitos y almohadillas de la plaza.
Y
en el mismo camino que Ciudadanos, aunque solo en este sentido, va la formación
podemita de Pablo Manuel Iglesias, más conocido como ‘Mezquitas’ entre muchos
periodistas. Pero eso toca otro día. Doy fe.