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La huida hacia adelante del PSOE


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29/07/2016

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Cuando el tardofranquismo empezó a planear la apertura en España de una vía democrática que nos homologara a los países de nuestro entorno, se pensó en la necesidad de una izquierda “nueva”, inequívocamente democrática, y lo más desvinculada posible del funesto pasado revolucionario de la izquierda española. Por eso los servicios secretos del régimen alentaban “por lo bajini” a aquel incipiente PSOE de Suresnes que, patrocinado por la socialdemocracia alemana y apoyado por la CIA, ofrecía un plantel de caras nuevas que suponía una mirada hacia el futuro dejando atrás los fantasmas del pasado.


Y fue este aspecto “nuevo” el que, llegado el momento, iba a seducir a la gran mayoría de los votantes, dándole al PSOE la primera mayoría absoluta de nuestra joven democracia. Mientras que al frente del centro y la derecha seguían caras que habían vestido camisa azul hacía cuatro ratos, el PSOE llegaba con un halo de modernidad, de “cambio”, y parecía destinado a enterrar de forma definitiva lo peor de nuestra historia. Y hubo cambio, y modernización, pero el PSOE cometió el error de creer que España era un cortijo de su propiedad, y empezó a comportarse como si así fuera. Mientras que los palmeros de la prensa oficial identificaban partido y país, las elecciones sólo servían para saber si la mayoría del PSOE iba a ser absoluta o absolutísima.

Nadie quiso ver los síntomas de la decadencia, y se menospreciaba a una alternativa que poco a poco se iba fraguando y consolidando, dándole a la derecha española ese mismo aspecto “nuevo” que en su día fue el banderín de enganche de los socialistas. Un casi desconocido José María Aznar, rodeado de un grupo de jovenzuelos de aquella nueva derecha, se atrevían a plantar cara al hasta entonces todopoderoso PSOE infringiéndole aquella “dulce derrota” del 96.

Muy lejos de haber entendido el mensaje, la lectura que hizo el PSOE fue que la derrota era por defecto de ideología, y se empezó a virar a la izquierda hasta el punto de llegar al acuerdo electoral de Almunia con la IU de Frutos, que condujo al PSOE al batacazo definitivo en las elecciones del 2000, que otorgaron la mayoría absoluta al PP de Aznar.

Si lo de Almunia fue un error de cálculo, lo que iba a venir después iba a ser el acabose. La era Zapatero iba a estar presidida por una radicalización tanto en las formas como en el discurso. Se empezó con la deslealtad absoluta que supuso firmar un pacto antiterrorista para después negociar con los etarras a espaldas del gobierno, y se terminó con la justificación del asalto a las sedes del PP, en una falta de respeto a la libertad política sin precedentes en la etapa democrática emprendida en España desde 1978.  En el discurso, la radicalización se expresó fundamentalmente en la recuperación del guerracivilismo, con el abuelo fusilado y la memoria histórica, el extremismo ideológico de género, y la rendición absoluta ante los separatismos.

Es difícil saber a dónde hubiera llegado el PSOE de Zapatero de no haber sido por el atentado del 11-M, pero el caso es que, para desgracia de España, Zapatero se convirtió en presidente del gobierno, y lo fue durante ocho años, dejando a España en una situación de emergencia económica y política como no se recuerda en la historia reciente, y al PSOE con el peor resultado electoral de toda la democracia hasta entonces.

El balance del periodo de radicalización de Zapatero no puede ser más nefasto para el PSOE. No sólo dejó a su partido por debajo del suelo electoral de Almunia, sino que ha contribuido a revitalizar a una extrema izquierda que estaba desparecida del mapa, y que hoy está en disposición de disputar la hegemonía de la izquierda al PSOE. Cultivando el radicalismo de izquierda no sólo no consiguió fortalecer a su partido sino que le creó un nuevo enemigo que antes no tenía.

Por desgracia en el PSOE, o al menos en su dirección, siguen sin hacer el diagnóstico adecuado, y así la etapa de Sánchez no es más que una continuación de aquella huida hacia adelante que inició su antecesor. En lugar de hacer un discurso centrado e igual en todos los territorios del Estado, en lugar de recuperar las esencias de la socialdemocracia, se empeñan en mirar hacia Podemos y en copiar sus consignas, llenado aún más el caladero de la extrema izquierda. El resultado no puede ser más claro, y en las dos últimas convocatorias electorales Sánchez no ha conseguido sino rebajar dos veces consecutivas el suelo electoral del PSOE.

A Aznar le costó más de siete años pasar de los pedazos de Alianza Popular al PP gobernante, y reconstruir al PSOE a partir del erial que han dejado Zapatero y Sánchez no va ser fácil. Pero alguien dentro del partido deberá elegir entre continuar con esta huida que sólo puede llevarles a la desaparición, o empezar a reconstruir un partido útil para España.





Etiquetas:   Política   ·   Partidos Políticos

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