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Reseña "Nos vemos allá arriba" de Pierre Lemaitre


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27/07/2016


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La inmundicia humana y lo más vil de nuestra especie encuentra en la guerra el mejor escenario para salir afuera y explotar sus ganas. En esta novela, en las trincheras francesas de la Primera Guerra Mundial,se mueve ese fango sobre el que se hundirán nuestros pies durante su lectura. Nuestros pies y en muchos momentos, el espíritu. Porque Pierre Lemaitre describe algo mil veces contado, pero no todos lo hacen como él: de manera magistral.


  Para pisotear ese lodo nos meterá en la oscuridad de esas trincheras, donde nos hace sentir desde el primer momento, que las ratas conviven con sus residentes. Entre ellos los soldados Albert Maillard y Édouard Péricourt junto al teniente dÁulnay-Pradelle.

  Lemaitre escoge dentro del contexto bélico, los últimos coletazos. Cuando el armisticio está a punto de llegar y con él, la esperanza. Pero todo se trunca desde el inicio. Y además, de manera angustiosa. El teniente quiere su gloria final y lanza una absurda ofensiva donde la muerte será lo más fácil. Los dos soldados resultarán gravemente heridos y desde entonces, formarán el particular y triste dúo de esta historia. Nada tienen que ver. Sus orígenes son dispares, pero acabarán sufriendo la calamidad más absoluta. Cada uno en su medida y con su mochila personal a la espalda, pero calamidad en mayúsculas al fin de al cabo.

  Especialmente espeluznante –y no quiero añadir más detalles– es la escena de Albert con “su” cabeza de caballo (lo comprenderán cuando la devoren con sus ojos y el resto de sentidos, que parecen asfixiarse) y por supuesto, las terribles secuelas que sufrirá Édouard para los restos. Y los restos es sin duda la mejor palabra, porque su vida ya sólo serán eso… desechos morales y emocionales, donde la ira gana por goleada la partida. Es absolutamente brutal la narración de Lemaitre a la hora de describirnos y recordarnos que el rostro del soldado es el de un auténtico monstruo.

  Pero no se crean. Su cabeza funciona a la perfección. Tiene la que “le falta” a Albert, un joven sin espíritu que parece deambular por el mundo porque los pies le sujetan. Su compañero de batalla será prácticamente por lo que seguirá respirando. Y aún así, el autor riza el rizo, porque acabará participando de una trama fraudulenta, empujado por su amigo Édouard. Cuesta decir amigo, porque realmente, es el tremendo destino el que les une: el olvido del que parecen ser los reyes. El más absoluto, el más penoso y triste. Acongoja ser testigo de su caminar diario. A trompicones, refugiándose en la picaresca más desquiciante para seguir contando un día más. Son los muertos vivientes que deja la guerra a su paso. Sin medallas ni honores.

  El papel de villano –por más desmanes que emprendan Albert y Édouard– está claro: su teniente. Pradelle aspira al infinito y más allá aunque tenga que pisar miles de cabezas en su camino. Representa la perversión más absoluta del término ambición. Se encargará también de otro negocio tan perverso como su ambición. Y por supuesto, lo mismo que pasa por encima de los vivos, también pasará por encima de los muertos. Aunque sean los gloriosos soldados que dejaron sus vidas en el campo de batalla.

  Son personajes con ciertos tintes grotescos, una especie de hipérbole de sus respectivas personalidades que se agudizan aún más gracias al contexto. Y pese a la repugnancia que inspiran muchos de sus actos, a pesar de ciertos matices que puedan parecer exagerados de la condición humana, Pierre Lemaitre se permite el lujo de insertar el humor a través de la ironía. La más ácida. Todos los ingredientes juntos asemejan una especie de danza macabra en la que se convierte la vida, cuando las circunstancias aprietan o cuando la maldad tiene el contexto ideal para explayarse.

  La lectura de “Nos vemos allá arriba” absorbe, inquieta… maravilla en su conjunto aunque el contenido de su relato cause estupor. Y lo hace con una narrativa sencilla. Lo barroco no siempre es sinónimo o garantía de calidad. Es más, a veces, es una tapadera que esconde muchos vacíos. Y Lemaitre lo demuestra, con lenguaje llano, sin expresiones recargadas aunque las situaciones sean tan retorcidas que cueste asumirlas. Es una literatura inteligente. Es una novela enorme. Impresionante.

  Ya me dejó maravillada con su “Vestido de novia”. También generaba una tremenda inquietud. Hasta angustia. En “Nos vemos allá arriba” su historia es más sórdida, transmite un pesimismo atroz y de manera increíble, a la vez, esperanza, porque los supervivientes existen. Aunque tengan que salir de su hoyo a puñetazos, sin oxígeno del que echar mano. Pero hay que armarse de valor cuando ese hoyo es profundo. Tan profundo como en el que cayeron estos soldaditos del montón a quien nadie conocerá en la inmensidad de los galones y las medallas de la maldita guerra, sea cual sea.







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