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México: Reallity Show


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08/08/2011

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Oscar Sánchez/Ricardo Félix 


Es mucho lo que se ha dicho acerca de las principales televisoras mexicanas pero es poco lo que se ha producido en torno a los rasgos socioculturales que transmite su contenido y menos acerca de la influencia que tiene sobre los ciudadanos. En este apartado analizaremos tres de los aspectos que nos parecen centrales y reiterativos en la programación: a) Religiosidad y clase social, b) El síndrome de la riqueza instantánea  c) Sumisión o masoquismo.

a)    Religiosidad y clase social: Respecto a este punto recordar los programas “La rosa de Guadalupe” y “A cada quien su santo”, en ellos se reproducen historias donde la fe y la esperanza de los personajes terminan por vencer las condiciones adversas de la vida. El mexicano parece vivir resignado, se resigna a su salario, se resigna a la inseguridad, se resigna a la educación mediocre, a la salud mediocre, se resigna a hacer fila hasta para morir, se resigna a una clase política “tranza”, indiferente, frívola, desinteresada por las necesidades de sus ciudadanos, ladrones de cuello blanco buscando el beneficio de sus respectivos grupos de poder y todo lo anterior le brinda una razón para no participar “en política”. El mexicano delega y se desvive de eso que llaman democracia, y vive la “cracia” sin el “demo”. Tragedias como la del 5 de junio, que hasta ahora no ha obtenido ni una pizca de justicia, ha sido “sobre llevada” por el estado a través del mecanismo de la religiosidad. Los medios comenzaron a hablar de 49 angelitos como convirtiendo todo aquello en un designio del destino. En pocas palabras: no es la subrogación, no es el compadrazgo entre las elites, no es el sistema injusto en el que se sustenta México lo que derivo en la muerte de esos niños, es la voluntad de dios y la virgencita de Guadalupe que decidió llevárselos.

            Televisa y TV Azteca promueven con sus reality shows y telenovelas esta actitud fatalista asociada con lo melodramático y lo solemne (Gramsci retoma estos aspectos para criticar la novela de folletín como parte de una cultura degradada, que sería el equivalente de las telenovelas actuales), con el respeto a las normas y reglas establecidas, a lo que debe ser y aceptarse como algo natural, donde no hay que hacer cambios ni rebelarse, sino mantenerse en la pasividad frente al poder establecido y aceptar los designios “divinos” presentes en el discurso de gran parte de la programación de ambas televisoras: “Dios así lo quiso”, “por algo son las cosas”, “era su destino”, “se sufre pero se aprende”, etc.

En la página de internet de Televisa sobre el “canal de las   estrellas”, se puede leer lo siguiente acerca de la función social que desempeña este espacio televisivo: “es el canal familiar de Televisa, promueve los valores, las tradiciones y el respeto”. Claro que promueve y reproduce los valores, las tradiciones y el respeto, pero identificado con ciertos roles y jerarquías, incluido las relaciones de poder y dominación del hombre hacia la mujer, inscritas en una sociedad de corte machista que hay que mantener tal y como está. Esto lo podemos ver con el tipo de programas  en los que participan  la mayoría de las mujeres que trabajan para esta empresa. Se les emplea en reality shows melodramáticos, programas de chismes de corte amarillista y refritos de telenovelas de quinta categoría, con temas que poco o nada tienen que ver con las discusiones más importantes que se debaten en la esfera de lo público, es decir, se les permite participar en los espacios televisivos de corte más superficial, vulgar y de contenido más pobre.

 

        Las clases sociales en México están por encima de Jesús y la virgen María. El católico ha aprendido que su religión es una en la letra y otra en la práctica. La vive como una especie de doble moral, el domingo en catedral lucirá sus mejores ropas y  pedirá perdón por sus pecados de la semana pasada. Apenas saliendo del lugar, casi automáticamente contemplará a los hombres de clases sociales inferiores como seres humanos de baja categoría y admirará a aquel que está por encima de su status como si se tratará de un dios, independientemente del origen de su riqueza. 

 

b)   Síndrome de la riqueza instantánea y populismo: En un contexto como el mexicano donde la riqueza no se distribuye, los impuestos no se recaudan, las leyes no se aplican, la riqueza solo se puede generar siendo narco, cantante o futbolista, al mexicano promedio ¿Qué opciones le quedan? El que no decide migrar debe resignarse a un empleo “temporal” que no llena sus expectativas. “En mi periodo de gobierno se generaron 200, 000 empleos” dice el hombre de corbata en el discurso, nadie explica que de esos 200, 000 empleos 180,000 son de maquila, 18, 000 van a las mafias de lideres sindicales en educación y salud, 1000 a la policía y el resto se reparte entre los sobrinos y los amigos de funcionarios públicos que ni si quiera necesitan presentarse a trabajar. La televisión ofrece programas de concurso como “Quisiera ser millonario” a personajes como Huicho Domínguez y más recientemente “Una familia con suerte” todos ellos vendiendo una fantasía: el mexicano ve cumplido el sueño de ser rico en un país donde avanzar de una clase social a otra es prácticamente un viacrucis o una epopeya. Los personajes “pobres” harán reír a carcajadas a la audiencia con su manera de hablar, “el Vitor” hará sonreír a las amas de casa representando “al naco”. Los noticieros ofrecerán trabajos miserables al ritmo de la cumbia y sin embargo el televidente estará feliz de ver como la familia Pérez se gana un refrigerador nuevo para su cocina además de una jugosa suma en dinero electrónico. ¿Esas son oportunidades que el estado debería propiciar o los concursos y novelas exhibir como el único medio de progreso? Bailamos por un sueño, cantamos por un sueño, vivimos por un sueño y las televisoras parecieran repetir la formulita del estado: dar atole con el dedo. La campaña de televisa acerca de la familia dice:  “La familia en nuestro país representa un fuerte soporte, una red social de apoyo, cariño y estabilidad dentro de la cual tenemos la oportunidad de formarnos como mejores personas y trabajar por el mundo que queremos para nosotros y los nuestros. La familia es la única base firme para una sociedad sana”. Algunos spots muestran a individuos desempleados y golpeados por la economía hablando acerca de lo bonito que es la familia. No importa que el estado te tenga tan jodido, que no tengas oportunidades para mejorar tu calidad de vida, que no encuentres un trabajo decente, al fin que tienes a tu familia, jodida pero la tienes ¿Por qué no televisar spots de las residencias de senadores y diputados hablando de lo buenas que son sus familias? ¿Por qué no hablar de la elevada cantidad de salarios y la escasa obtención de resultados? ¿Por qué no hablar de legislar para la evasión de impuestos institucionalizada en México?

 

Como menciona el crítico de cine Carlos Bonfil, cuando se refiere al tipo de contenidos de ficción en torno a los pobres, que eran recurrentes en el cine mexicano durante el sexenio de Miguel Alemán y que de alguna manera siguen estando presentes en la programación de Televisa y TV Azteca:

“El cine de Miguel Alemán, tiene esta idea romántica de las clases desposeídas, que siendo desposeídas, son posiblemente más ricas que cualquier otra por la riqueza espiritual. Esto lo vemos en el cine de Ismael Rodríguez. Cuando Mimí Derva (en el papel de Doña Charito, La millonaria) llega a pedir disculpas al final de Ustedes los ricos a quienes están en un banquete en una vecindad, les dice: ‘ustedes sí saben como vivir’, y prácticamente llora y se sienta a la mesa, en un esfuerzo de conciliar lo irreconciliable; finalmente, la familia de Chachita adopta a esta mujer que ha entendido que la riqueza no lo es todo. Esta mitificación justamente forma parte de este aparato del alemanismo, que consiste en tratar de equilibrar, de nivelar los opuestos, de reconciliarlos para mejor cimentar el empuje capitalista”.

Es por eso que a Luis Buñuel con su película Los olvidados, se le atacó tan ferozmente, porque mostró la realidad de la pobreza y de la exclusión sin miramientos, y puso en evidencia la construcción social que el discurso oficial del alemanismo había forjado desde la ficción. 

 

c)    Sumisión, masoquismo y repetición: Los personajes protagónicos, aquellos con los que el público se identifica sufren mucho, son estoicos, sumisos, masoquistas! Los villanos se divierten con ellos engañándolos de manera un tanto idiota, los humillan, los martirizan, los desprecian. Sin embargo “la buena y el bueno” jamás logran ganarle “al malo y la mala” hasta el capítulo final donde “los malos” caerán en algún barranco o los cubrirá un volcán con su lava por lo que al final “los buenos” se casan y son felices para siempre. Los programas de chismes hablarán toda la semana del vestido de la protagonista y el traje del novio confeccionado por un sastre Italiano, que si el actor en su proceso a lo Stanislavski se peleo con la maquillista, que si se le miraban calzones porque traía vestido blanco, que si la ex esposa del protagonista se puso celosa con el beso apasionado que le dio al final, que si le brillaba mucho la cara, que si la iglesia tenía oro, mirra e incienso etcétera. Al final del día la audiencia permanece hipnotizada frente al televisor mirando la misma historia que le han contado por enésima vez. Ese es un misterio no resuelto acerca del público mexicano: el gozo por las repeticiones, las novelas le ofrecen solo dos o tres historias como máximo. Estas varían en la forma pero no en el fondo: el contexto, el título, los actores, los guionistas y directores serán otros el argumento será básicamente el mismo. Otro de los grandes misterios es que por alguna razón la mayoría de las veces la protagonista es sirvienta o bien de origen humilde, inocente, abnegada, guadalupanamente virginal. Enamorada perdidamente del señorito de la casa que por lo general dirige una empresa importante, viste de traje, musculoso, varonil, seguro de si mismo, con voz de barítono, apretando la quijada es acosado por todas las mujeres de la novela por lo que no le queda de otra más que acostarse con todas. Este suele ser representado por un extranjero o criollo en su defecto ¿Cómo un chaparro moreno va ser representar el estándar de belleza mexicano? Tiene que ser Venezolano, Cubano, Argentino o de origen Europeo para que las mujeres enloquezcan.

 

 

J. B. Thompson, explica que la recepción de los productos mediáticos son una rutina, una actividad práctica que los individuos realizan como una parte integral de sus vidas cotidianas. El problema es que los productos mediáticos que tienen mayor presencia e impacto en la televisión mexicana, son las telenovelas, los reality show y los programas de chismes. Este tipo de programación es la que domina sobre el grueso de la población, que la hace suya, la interioriza y se le vuelve rutina, sobre todo de manera inconsciente: lo que Bourdieu llama el habitus.

 

Autores como Marcuse y Adorno se refieren a la industria cultural como la industria de la diversión, del consumo cultural de las masas, que es una prolongación y evasión del proceso de trabajo, donde la razón del mercado se vuelve criterio cultural. Salvo excepciones, la industria cultural maneja productos con contenidos estándar y de poca calidad,  no se trata de motivar a que la gente piense, critique y reflexione sobre lo que consume y lo conecte con la realidad de su vida cotidiana, sino que se divierta, se entretenga y se fugue de esa misma realidad.

 

Así la industria cultural es la repetición de lo mismo, es la reproducción mecánica de la cultura y ofrece a las masas una forma de evadirse a través de productos culturales estándar que contribuyen a la reproducción y dominación del status quo. De nuevo el caso de Televisa es muy ilustrativo con productos estándar como María la del barrio, Rosa salvaje, María Mercedes, etc. Como señalan estos autores: “la masa reclama la ideología que la esclaviza”. En el caso de Gramsci, esta evasión de la realidad se da a través de la novela de folletín, se aspira a la aventura “bella” que depende de la propia iniciativa, contra la realidad “fea” que depende de condiciones no deseadas e impuestas por otros.

 

        A manera de conclusión agregaría que nuestra clase política ha sustentado su trabajo en la producción televisiva. La educación en el país arrastra un rezago a todas luces latente y a la productora Elba Esther Gordillo se le ocurre transmitir el flamante concurso: “¿Crees saber más que un niño de primaria?”, este es conducido por Marco Antonio Regil y en él se demuestra que no estamos tan mal como pensábamos, la burocracia y el sindicalismo sí dan resultados! En el tema de la justicia y dado que está es prácticamente inexistente en el país a los productores del sistema legal mexicano se le ocurre echar andar el proyecto: “El equipo”, donde los agentes policiacos están más organizados que el mismo crimen organizado y llevan justicia a todos los rincones del país. Por último el productor Felipe Calderón Hinojosa como respuesta a la crisis económica, cultural y social que vive el país en la actualidad,  se une con las dos televisoras para lanzar el mega proyecto: “Iniciativa México”, mismo que representa a la política pública que hará emerger al país de su letargo, con proyectos que buscan transformar al país de una vez por todas…México se ha convertido en un triste Reallity Show de políticas “migaja” y nuestros representantes en pésimos productores de televisión…http://www.surcic.blogspot.com/ 



Etiquetas:   Comunicación

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