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Carrillo Olea y Beltrones: viejos actores, un mismo pasado.


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21/07/2016


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Fue el 23 de Febrero de 1997 cuando la clase política mexicana se cimbró. Ese día el diario norteamericano New York Times publicó  una extensa investigación, elaborada por el dos veces Premio Pulitzer, Craig Pyes y Sam Dillon, en la que se presentaba una funesta  acusación: Raúl Salinas de Gortari, hermano del Ex Presidente Salinas se reunía, periódicamente, con narcotraficantes, entre ellos Armando Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos, en la que repartía, miles de millones de pesos, entre otros personajes, a dos Gobernadores y personajes centrales de la Seguridad Nacional en la década de 1980: Jorge Carrillo Olea y Manilo Fabio Beltrones.


 

Sin embargo, Olea Carrillo y Beltrones, tenían una relación anterior, igualmente turbia y, desde entonces marcada por la impunidad. Ambos se formaron y controlaron, tiempo después, el Sistema Nacional de Seguridad, en la que, por cierto, tenían la responsabilidad y el poder de controlar al narcotráfico, cada uno, fue un fiel y cercano colaborador del temible Fernando Gutiérrez Barrios.

 

En la investigación de Pyes, tanto Carrillo Olea, como Beltrones, brindaban protección al  narcotráfico, respectivamente, en el Sur y Norte del país, es curioso que ninguno de los tres, hasta el momento ha enfrentado ningún proceso jurídico por narcotráfico.

 

Raúl Salinas nunca fue acusado por narcotráfico, una sola acusación. Carrillo Olea sí enfrentó la justicia por asesinato y secuestro. Se comprobó su relación con bandas de secuestradores que tenían azolados a empresarios pudientes del Estado de Morelos, pero por narcotráfico, una sola acusación. Y Beltrones… bueno Beltrones se reunió, el día de ayer, con el nuevo Presidente del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Enrique Ochoa, el mismo día, por cierto, que se anunció el Sistema Nacional Anticorrupción, el mismo día en que el Gobierno del Presidente Peña Nieto hizo un compromiso y reconocimiento público por acabar con la impunidad.

 



Es inevitable pensar si el cambio, promovido por Enrique Ochoa, integrará  un piso mínimo de exigencia democrática y una lucha frontal contra la impunidad. Insisto, por ello, que la reunión, entre Ochoa y Beltrones, es un augurio funesto para la democracia y para la transformación de un pasado que por oprobioso no se puede volver a repetir.



Etiquetas:   Democracia   ·   PRI

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