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Entrevista a la escritora Espido Freire


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18/07/2016


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Espido Freire, nació en Bilbao en 1974. Debuta con su primera publicación en 1998, gana el premio Planeta un año después con “Melocotones Helados” y desde entonces no ha parado. No sólo de escribir. Espido Freire trabaja con y por la literatura, que tanto necesita nuestra sociedad.


Su empresa E+F ofrece el gran abanico de posibilidades que encierran las letras, donde sus cursos literarios muestran desde hace más de una década la «marca Espido Freire», con su propio método pedagógico. Emprendimiento e innovación se dan la mano dentro de su firma, que engloba estudio e investigación. Defiende el trabajo y la constancia como una fórmula necesaria para evolucionar, porque las musas no son suficientes en la escritura.

Una numerosa y variada obra en la que maneja con soltura un amplio menú de géneros, avalan su carrera como escritora.

Entrevista concedida a ELD y realizada por Begoña Curiel:

¿Qué aporta la literatura al humanismo?

El Humanismo en cuanto a una manera del ver el mundo y de afrontar la civilización no puede entenderse sin la literatura. Fija el pensamiento, permite la expresión de las emociones, emplea el lenguaje como una base común, define una época, orienta una sociedad… Sencillamente, no existe avance sin literatura.

–Impresiona su currículum porque abarca más de lo que se puede recoger en una pregunta y porque es tan variado como intenso. ¿Necesita todas las piezas del puzle a la vez o las distintas actividades que desarrolla, han ido surgiendo con el paso del tiempo?

Comencé muy joven, con muchas posibilidades abiertas, y nunca he creído que la literatura sea una etiqueta que encierre y confine a una persona, sino que abre la mente y permite organizar y ser el hilo conductor de muchas actividades. Y he intentado ser coherente con ese pensamiento.

–Novela, ensayo, cuento, literatura juvenil, colaboraciones en medios de comunicación, su actividad con empresas, creación literaria, trabajo con marcas… ¿De qué se siente más orgullosa?

A nivel profesional, creo que me esfuerzo por hacer mi trabajo lo mejor posible en todas las facetas. De hecho, los lectores, los seguidores y quienes me contratan me han acompañado durante casi veinte años, para mi satisfacción. En el plano personal mi mayor orgullo radica en que los ensayos que he escrito sobre TCAs y sobre personalidades tóxicas han servido para mejorar la vida de muchas personas, y así me lo han transmitido.

–“Melocotones Helados” fue un antes y un después en su carrera literaria. ¿Cree que ese premio Planeta sigue eclipsando de alguna manera todo el trabajo que realiza relacionado con la literatura y en general con la cultura?

En realidad, fue un “todo”, porque antes no hubo prácticamente carrera literaria. No, creo que algunas personas emplean ese término como una muletilla. Pero no se vive de un éxito conseguido hace 17 años. 
–La oferta de sus cursos es tan interesante como variada: redacción para ejecutivos, liderazgo de mujeres, oratoria en público… Es un método pedagógico global que entra de lleno en una visión de distintos conceptos culturales bajo un sello propio, con sello “Espido Freire”. Para construirlo, buscó y trabajó –entre otras cosas– en su formación fuera de España. ¿Ha avanzado nuestro país en este sentido?

Sí, claro que ha avanzado, estamos hablando de que fui una de las pioneras en esos terrenos, pero que han pasado quince años desde ello, que las empresas y los individuos han evolucionado y detectado necesidades que otras personas vimos hace tiempo. Por suerte, el haber sido una de las primeras implica que continúo llegando antes a muchos terrenos de innovación.

–En su página encontramos hasta una joya propia: una libélula que simboliza las ganas de volar, el renacimiento, la esperanza… ¿Nos puede contar más sobre este proyecto?

Siempre me ha interesado el poder que los símbolos tienen para nosotros, y como una forma de extender el mensaje de Quería volar, un libro que habla de cómo superar problemas y enfermedades mentales, de cómo reconciliarse con el cuerpo y sus dolencias, quise que apareciera la pulsera Libélula, un pequeño guiño a quienes se encuentran en ese proceso. Se podía obtener a través de mi página web, y su objetivo era, obviamente, benéfico.

–¿El trabajo, la constancia son tan importantes como las musas para que las manos empiecen a escribir?

Son mucho más importantes. Las musas, hasta ahora, no me han escrito ningún libro, y tener una buena idea no sirve de nada si no se organiza y se lleva a cabo.

–¿Sigue algún ritual a la hora de escribir? ¿Tiene manías?

No, no tengo manías. De hecho, la mayoría de la gente no se permite manías respecto a su trabajo, y yo no soy la excepción. No me gusta que se mitifique el hecho de escribir, ni que se extiendan mentiras y rituales sobre ello.

–¿Qué siente cuando escucha y lee la definición de Espido Freire como «una de las voces más interesantes de la narrativa española»?

No siento gran cosa. No me lo creo. Lo agradezco, pero no presto demasiada atención a lo que se dice sobre mí, ni a lo bueno ni a lo malo. Distrae demasiado de lo importante, que es trabajar, estudiar, escribir, investigar.

–Escribía desde pequeña. ¿Se mantiene esa magia y/o ilusión que le llevaba a hacerlo?

Sí, claro; sigue siendo lo que más me gusta en el mundo, o al menos, una de las cosas que más me gustan en el mundo. Leer y escribir.

–¿Un escritor puede no ser un ávido lector?

Supongo que sí. Hay todo tipo de escritores. Yo no soy así, y la mayor parte de los colegas que conozco y respeto, tampoco, pero repito, hay de todo.

–Firma con sus dos primeros apellidos. Espido Freire. ¿Responde todavía a su nombre?

No, mi nombre es Espido, no me gusta que me llamen de otra manera, y no me agrada quien se toma la confianza de dirigirse a mí de otra forma.

–Es una persona comprometida. Lo ha demostrado en distintos campos. ¿Puede un escritor no ser una persona comprometida?

Repito lo dicho con la lectura. Sí, claro, no es obligatorio en absoluto. Un escritor solo tiene que escribir. No hay normas ni obligaciones para ser un escritor, ni deberíamos encajar en un único esquema, por mucho que eso le guste al lector. Cada cual tiene una conciencia y una percepción del mundo y ha de comportarse de acuerdo a ellas.

–¿Hay algún género en el que se sienta más cómoda?

Sí: con mucha diferencia, me gusta el cuento, y aún más el microcuento. Esa pequeña mirada a la realidad y la fantasía, un ramalazo, algo muy breve y muy intenso.

–¿Cómo se definiría en su escritura?

Es complicado hacerlo, porque me encuentro, creo, en evolución. Aún no creo haber llegado a una madurez narrativa; mantengo mi amor por la fantasía y la psicología del personaje, por los mundos propios y por el lado oscuro de la realidad. Me gusta jugar con el lector.

Muchas gracias y un fortísimo abrazo.







Etiquetas:   Entrevista   ·   Escritores   ·   Periodismo   ·   Cultura   ·   Lectores
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