Hace algunos años le pregunté al ex presidente de Bolivia, Carlos Mesa Gisbert, por qué Bolivia invertía 6 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en la educación pero no lograba los mismos resultados que Finlandia, un país que también destinada el mencionado 6 por ciento. Mientras los finlandeses habían logrado resultados extraordinarios sobre la base de la educación -como minimizar la pobreza- en Bolivia estaban lejos de ver avances similares. El ex presidente me dijo que la mayor parte de los recursos que se destinaban a la educación se perdían en malas inversiones, en el pago de nóminas y cuestiones que no necesariamente redituaban en beneficio de la calidad educativa.



