. Perder
inopinadamente más de un millón de votos se dice fácil, pero se soporta mal. A
toro pasado todo el mundo sabemos opinar y el resultado obtenido, dejando de
lado la infantil campaña del pucherazo, demuestra que Iglesias y compañía se
equivocaron muy gravemente.
Se equivocaron en el mensaje, en
la actitud y en el pacto con IU; que además se comportó aviesamente, de tal
manera que su militancia ya fuera por decisión propia o por los consejos
recibidos en sus sedes territoriales, no fueron a votar. Ítem más, no parece
que hayan llevado a cabo una autocrítica medianamente exigente, la culpa fue
del cha cha cha, no del mensaje, ni de la campaña, ni de la autocomplacencia
que diría Florentino Pérez, sino del miedo creado por la posibilidad de que
llegaran al poder.
Mal está equivocarse, pero mucho
peor es no tener la suficiente capacidad de análisis como para averiguar qué
los llevó a estrellarse como se estrellaron. Mientras tanto comienzan a
aparecer fisuras en la organización, la militancia está perdiendo la fe en el
mesías del leninismo amable y transversal,
las preguntas abundan y no hay nadie que dé una sola respuesta.
Estaban dispuestos a hacerse con
el poder, por sorpresa, llevados en volandas por el entusiasmo de sus bases y
la debilidad de la democracia parlamentaria. Iban a destruir el viejo régimen
del 78 y utilizar el poder desde la Moncloa para imponer sus rancias teorías
socio económicas, fracasadas en todos y cada uno de los países en los que se
intentó su implementación. El pueblo los iba a empujar con tal fuerza que no
iban a encontrar obstáculos a su paso.
Pero se dieron de bruces con un
desastre electoral y cuando miraron a su alrededor se dieron cuenta que no
tenían un plan B; no sabían qué es lo que había sucedido y lo que es peor,
ignoraban que era lo que tenían que hacer. En principio optaron por salir a los
medios y explicar que si esta vez la diosa fortuna les había vuelto la espalda,
en la próxima estarían listos para vencer esa campaña del miedo que, afirmaban,
fue lo único que evitó su victoria. Una afirmación con poco fundamento pero que
servía, junto a la campaña oficiosa del pucherazo, para tener entretenidas a
sus bases y evitar las críticas y el revuelo interno.
Tienen que buscar remedio a su
situación, saben que han perdido gran parte de su encanto electoral, comienzan las crisis internas, las
confluencias están pensando que, confluir para nada, igual es un mal negocio y
por tanto están obligados a reinventarse. Lo dijo Iglesias, tienen miedo a una
legislatura en la que tengan que seguir las mismas reglas que los demás. Una
cosa es atacar al sistema y al gobierno desde las tertulias, entrevistas,
mítines y asambleas y otra muy distinta ejercerla en el Congreso, compitiendo
en ese papel con el PSOE, en donde corren un riesgo importante de tornar en
irrelevantes.
Decía Iglesias que una cosa es la
guerra de guerrillas y otra distinta ejercer de ejército regular, una vez más
le puede su ignorancia, las guerrillas crecen y evolucionan hasta formar el
ejército guerrillero, tal y como hizo Tito en la extinta Yugoslavia. Pero
detalles aparte hay que reconocer que es lógico que teman afrontar un cambio
profundo tanto en el ejercicio de su oposición, como en la organización del
partido, que se transformará irremediablemente en otro exactamente igual a los
de la casta.
Cunde el pesimismo entre sus
cuadros, muchos recuerdan lo que dijo Anguita, el viejo pope comunista, vuelto
a la política activa de la mano del populismo. Decía el Califa: “Es ahora o
nunca”, pues no fue y muy probablemente no sea nunca. Se enfrentan a problemas
de organización, de programa, de definición de ideología, de estrategia
parlamentaria, de crisis internas y muchas cosas más.
Iglesias en su guerra con
Errejón, se ha echado en brazos de los
trotskistas de IAA, ahí tiene a Echenique dispuesto a ser el Beria de Pablo,
que obedientemente ya ha advertido que ha llegado el momento de arrancar las
malas hierbas. Los errejonistas piden responsabilidades por el pacto con IU; se
prepara un congreso a la búlgara que no cerrará heridas y se limitará a tapar
bocas. Dirigentes nacionales de Podemos advierten que se encuentran ante una
tesitura muy difícil, se trata de
reinventarse o morir.
¿Volver a los orígenes o
evolucionar? Me temo que alguien se acercará a Pablo Iglesias, que igual no
aguanta una legislatura que dure más de dos años al frente de las derrotadas
hordas del empoderamiento popular y le susurre en plan Bogart “Siempre
tendremos las calles” (1). Una solución fácil la de echar la gente a la calle
porque entre el ruido, las sirenas, el desorden, las soflamas, los detenidos,
es difícil que alguien escuche las críticas.
Así que me temo que si los
pesimistas de Podemos tienen razón y las cosas se les ponen mal, se limitarán a
montar la oposición en las calles y no en el parlamento, lugar que salvo a
final de mes, abominan.
Por cierto y hablando de calles
¡¡Viva San Fermín!!
(1) Bogart dice exactamente en
Casablanca "siempre tendremos París". Lo de "siempre nos quedará
París" es una "evolución" de la frase real