. Y
como reacción a esto: nada es para siempre.
Roma es un ejemplo de ello desde su
nacimiento como Monarquía, pasó por la República, y como Imperio se vio
condenado a la desaparición. Sucedió de manera similar con el Primer Imperio
Francés (conocido también como Imperio Napoleónico), con el Imperio Prusiano, y
la Unión de Republica Socialistas Soviéticas. Como se expresó: nada es para
siempre, todo puede cambiar. Claro debe estar que este ‘fenómeno’ no ocurre solamente
en cuanto a nacimiento o caídas de naciones o imperios; se da en muchos
ámbitos: desde comunitarios hasta la economía y la política.
En ciertos momentos de la historia
hemos creído que tenemos la verdad absoluta sobre diversos temas. En su momento
creímos que la tierra era plana, o que esta misma era el centro el universo;
aceptamos ideas teocéntricas y nos olvidamos de la vida en la tierra para
esperar una felicidad de ultratumba, luego se cambió por el antropocentrismo;
nos hicimos la idea, también, que el hombre debía tener libertades que no
fueran coartadas por los reyes o emperadores, y nació el derecho, y tras el
despotismo a como se manejaban dicho derecho nacieron los Derechos Humanos, y
cambio la percepción del hombre en el mundo. De esta manera, todas las
situaciones, las leyes, nuestras teorías no se pueden mantener eternas; podrán
solo, en su debido momento servir como punto de partida para saber qué, cómo y
por qué suceden ciertos acontecimientos en los diferentes aspectos en los que le
hombre influye directa e indirectamente. Sucede así en el panorama de las
políticas macroeconómica.
En este orden de idea hallamos tal y
como lo expresan Olivier Blanchard, Giovanni Dell’Ariccia, y Paolo Mauro, todos
doctores en economía, que la crisis obliga claramente –al hombre, en este caso
a los economistas– a cuestionarse sus conocimientos sobre el manejo de las
políticas macroeconómicas, que pensaron una vez sabían manejar. Creyeron los
diseñadores de políticas y los macroeconomistas que la política monetaria tenía
un objetivo: la inflación. Creyeron que la política fiscal era una secundaria,
y que la regulación financiera se encontraba por fuera del ámbito de la
política macroeconómica. Lo creyeron, pero ¿estaban era lo correcto?
Nos Equivocamos Y Causamos La Crisis.
En las crisis actuales se ha dado un
gran debate, justamente, entorno a las políticas macroeconómicas puesto que se
daban como perfectas (e irrefutables), y su implementación ha llevado al
desplome de la economía mundial. Se sostuvo, en este sentido, que:
“… la inflación estable y baja era el mandato principal, sino exclusivo,
de los bancos centrales. Esto fue resultado de una coincidencia entre la
necesidad de los banqueros centrales de obtener reputación centrándose en la
inflación y no en la actividad económica y del respaldo intelectual a la meta
de inflación que proporcionaba el modelo neokeynesiano.” (Blanchard,
Dell’Ariccia & Mauro, 2010, p. 62)
Pero esta coincidencia de la que
hablan los autores: fallaba debido a la presencia de otras imperfecciones en el
modelo. Aun así, estos actores –los banqueros centrales– en su afán por aplicar
el modelo bajo esta coincidencia, se centraron mucho más en mantener una
inflación estable que una baja. Se habla entonces que para aquel momento empezó
a existir un consenso respecto a que la inflación no solo debía ser estable,
sino baja. Se discutió entonces los efectos de una baja inflación sobre la
posibilidad de caer en una trampa de iliquidez (Blanchard et al, 2010).
Ahora, en un intento por de
Blanchard, Dell’Ariccia y Mauro de detectar los errores en las políticas
macroeconómicas que tienen a la economía mundial a punto de resbalar por un
gran precipicio, se hallan varios elementos responsables de esto (figura 1):
uno de ellos ya lo mencionamos, la inflación estable y baja; el segundo
elemento, considerado un instrumento, la política de tasas de interés;
acompañados de otros dos elementos de papel limitado y, por poco olvidado: la
política fiscal y la regulación financiera.
Se expresan de acuerdo a la Política de Tasas de Interés, como un
instrumento usado por la política monetaria como tasa de interés a corto plazo
que el banco central controla mediante operaciones de mercado abierto (Blanchard
et al, 2010). Y respecto a esto se expresan así:
“Detrás de esta elección había dos supuestos. Primero que los efectos
reales de la política monetaria tenían lugar a través de las tasas de interés y
los precios de los activos, no a través de un efecto directo de los agregados
monetarios (…). Segundo, que todas las tasas de interés y todos los precios de
los activos estaban vinculado a través del arbitraje.” (Blanchard et al,
2010, p. 64)
Y… ¿por qué se hizo a un lado la política fiscal y la regulación financiera?
Bien, en primer lugar, la política fiscal se ha empezado a situar detrás de la
política monetaria por diferentes razones: (I)
escepticismo sobre sus efectos, (II)
como la política monetaria era capaz de mantener una brecha de producto estable, no era necesaria la implementación de
otra política; (III) en economías desarrolladas el principal objetivo era
estabilizar y, tal vez, reducir los altos niveles de deuda; (IV) retrasos en el diseño e
implementación de la política fiscal, y (V)
las restricciones políticas no darían progreso rápido a la política fiscal
como si a la política monetaria. Abel Fernández (2010), en su columna para el
portal Sintetia, expresa diciendo que
el cuestionamiento de las cosas “creíamos saber”, respecto a la política fiscal
se puede resumir en: “El poder limitado de la política fiscal, centrado
en el argumento de la equivalencia ricardiana y acentuado por los propios
limitantes del juego político hacia los cambios.” (Fernández, 2010). Encontramos
también que:
“El escaso rol de la política fiscal, que en
las últimas tres décadas quedó relegada a un tercer plano después de la
desregulación financiera y el laissez-faire de la globalización. Así fue como
los llamados estabilizadores
automáticos (subir
impuestos en los momentos de auge y bajarlos en los momentos de crisis, por
ejemplo) quedaron completamente obsoletos y a expensas de los caprichos
políticos y del cortoplacismo del populismo.” (Moreno, 2010)
En cuanto a la regulación financiera, Blanchard y
compañía exponen que con su omisión como característica macroeconómica
esencial, la regulación y supervisión financiera se centraron en instituciones
y mercados individuales (2010). Se prestó poca atención al uso de relaciones
reguladoras tales como la relación de capital, o la relación entre préstamo y
valor como herramientas la política cíclica (Blanchard et al, 2010). En este
sentido, y retomando la columna de Fernández (2010), esté expresa que bajo este
marco de política macroeconómica la regulación financiera juega un papel
prácticamente nulo.
Nuestros Errores,
Nuestras Soluciones: Saliendo de la Crisis
¿Cómo solucionar esta crisis que
nosotros mismos hemos creado? Como se expresó anteriormente: nada es para
siembre, y la teoría que nos llevó a esta crisis debe ser repensada, rediseñada
e implementada para transformar la política macroeconómica y con ella darle una
mano a la economía mundial.
¿Qué tal se daría una serie de
“nuevos principios” que nos ayuden a fundamentar las políticas macroeconómicas
que deban implementarse? Porque como expresa Marco Antonio Moreno en su
artículo FMI: Repensando La Política
Macroeconómica, debemos reconocer que:
“La economía global tomó una dirección errónea que debe ser cuestionada y
corregida. La política fiscal y la política monetaria deben estar más
integradas para lograr el nivel de empleo que requieren los países. Es al menos
el primer paso para el cambio que se requiere.” (Moreno, 2010)
Son justamente Blanchar, Dell’Ariccia
y Mauro quienes establecen esta serie de principios para dar un “rescate a la
economía” (figura 2), entonces se plantean: (I) una revisión al objetivo de la inflación, (II) integración de la regulación financiera dentro de la política
macroeconómica, (III) cuestionarse
por el papel de la instituciones financieras como proveedores únicas de
liquidez; (IV) creación de mayor
reservas en los tiempos de bonanza, y mejor diseño a los estabilizadores
automáticos (tasas de interés).
La crisis dejo muy claro que los
diseñadores de políticas deben tener fijos muchos aspectos, entre ellos que
tienen a disposición muchos instrumentos además que usaron antes de la crisis.
Pero es aquí donde se presenta el reto: aprender a usar los instrumentos
adecuadamente para transformar las políticas macroeconómicas. De acuerdo a
esto, se puede citar a Karl Marx, que en sus notas Tesis Sobre Feuerbach, cuando dice en la nota número once: “Los filósofos hasta ahora no han hecho más
que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de
transformarlo” (Marx, s.f., p. 4). ¿Se trata de eso entonces? ¿Empezar a
transformar el mundo o, como expresa el esloveno Slavoj Zizek (basado en el
pensamiento de Marx) al decir: “En el
siglo XX, quizás, hemos tratado de cambiar el mundo muy rápidamente. Es tiempo
de interpretarlo de nuevo, de empezar a pensar”?
REFERENCIA
Blanchard, O. Dell’Ariccia, G. &
Mauro, P. (2010). Repensar La Política
Macroeconómica. En: Revista de
Economía Institucional, Vol. 12, No. 22. Recuperado de: http://www.economiainstitucional.com/pdf/no22/oblanchard22.pdf
Castilla, A. (2015). La Nueva Política Macroeconómica. En:
Economía y Futuro. Recuperado de: http://acandas.es/nueva-politica-macroeconomica/
Fernández, A. (2010). Repensando La Política Macroeconómica.
En: Sintetia.com. Recuperado de: http://www.sintetia.com/repensando-la-politica-macroeconomica/
Marx, K. (s.f.) Tesis Sobre Feuerbach. En: marxists.org. Recuperado de: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/45-feuer.htm
Moreno, M. (2010). FMI: Repensando La Política Macroeconómica.
En: El Blog Salmón. Recuperado de: http://www.elblogsalmon.com/economia/fmi-repensando-la-politica-macroeconomica
Zizek, S. [mOn0strOh]. (2012, Octubre
12). Slavoj Zizek – No Actúes ¡Solo
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