. De un total de 31 mil 714.8 millones de pesos que serán recortados, 13 mil millones de pesos corresponden a los sectores mencionados, es decir, un 41 por ciento. Esto nos habla claramente de que seguimos con la inveterada tradición de recortar en donde no se debe y de priorizar los efectos inmediatos antes que la visión sobre el futuro de generaciones enteras.
Cada vez que alguna agitación afecta a las finanzas públicas, como respuesta sacada de un manual de antaño aparecen los recortes en el presupuesto educativo, en el de la salud y en el de la ciencia. Y curiosamente, cada vez que se hace algo así, los efectos negativos se vuelven constantes y estructurales, con países atrasados, con educación de baja calidad, precariedad y, sobre todo, la incapacidad de reinventar la economía para construir un escenario de mejores oportunidades para la gente.
Hace una década un grupo de expertos vino a México en busca de respuestas sobre un problema de fondo: ¿por qué la economía mexicana no lograba crecer a tasas importantes pese a tener todas las condiciones para hacerlo? La respuesta fue contundente: el problema no estaba en la economía sino en la educación, en la baja calidad, en el rezago y en todas las carencias que implicaba tener un sistema educativo ineficiente. Debido a la mala calidad educativa, México no tenía las condiciones necesarias para ajustarse a las exigencias de los mercados internacionales, a las coyunturas favorables y a las oportunidades de negocio. Por eso no podía lograr un crecimiento importante ni aprovechar cabalmente los vientos favorables.
La cosa no ha cambiado. Seguimos con problemas educativos, con alumnos de bajo rendimiento y con maestros que protestan porque no tienen las condiciones que requieren, y también continuamos con la tendencia a invertir poco en lo educativo y a recortar el presupuesto ante cualquier inconveniente en las finanzas. Se invierte poco, se recorta mucho, se deja inermes a las personas y luego nos sorprendemos cuando llega una crisis externa que se suma a la crisis interna constante.
Disminuir los recursos para la educación en tiempos de crisis equivale a poner lastres a un barco que se hunde. Las economías más dinámicas, más poderosas y de mayor capacidad de maniobra son aquellas que se basan en la gente preparada, en los innovadores, creativos y emprendedores. Y aquellas más precarias son las que no invierten en su gente y no les dan la oportunidad de salir del atraso y la dependencia externa.
En tiempos de cambio, en la era del conocimiento, la apuesta debería ser la contraria a la anunciada con los recortes. Si queremos construir la fortaleza necesaria para no vivir a merced de cualquier amenaza, tenemos que cambiar las medidas de manual y apostar por el conocimiento.