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Si la
democracia, entre tantas cosas, ofrece la posibilidad de castigar gobiernos
sacándolos del poder, como dijo Karl Popper, entonces los ciudadanos van
ganando 1 vs 0, contra la partidocracia. Luego entonces, se puede afirmar que
fueron unas elecciones exitosas.
Sin
embargo, las cosas no quedan ahí. Sería ingenuo suponer esto. El evidente
perdedor en las elecciones fue el PRI. El PAN fue el claro ganador. Está por
verse si lograrán demostrar que lo merecen.
Si las
campañas electorales fueron un perfecto compendio de suciedad y demostraron la
disposición de todos los partidos para incurrir en las peores prácticas en aras
de ganar; de no corregir el rumbo, tanta podredumbre provocará un impredecible
desencanto entre los electores en 2018, particularmente entre los más jóvenes.
De hecho, la gente quiere “logros” concretos”. Así de simple.
Hay
muchas conclusiones que serían extrapolables a 2018. En general, la
participación fue alta (fuera de la Ciudad de México donde los capitalinos
rechazaron la absurda votación de la Asamblea Constituyente de Mancera), los ciudadanos
están dispuestos a salir a votar. Claramente, el electorado está harto de
corrupción, impunidad y violencia. A la gente no se le ha olvidado la “casa
blanca”, y no, nadie se tragó a Virgilio Andrade, un personaje de caricatura
que ofende. La imagen del PRI solapando a gobernadores flagrantemente
corruptos, como Duarte en Veracruz y Borge en Quintana Roo, desembocó en
derrotas apabullantes. En Oaxaca, donde tanta pobreza duele, la estructura
local casi feudal dio muestras de ser, todavía, vergonzosamente imbatible. En
Puebla el PAN se mostró igualmente capaz de prácticas reprobables.
En este
contexto, corresponde al PAN, ahora, demostrar que sabe qué hacer con una
victoria. Tienen que hacer acuse de recibo del mensaje. Manteniéndose
estrictamente dentro de la ley, deben lanzarse con todo contra Duarte y Borge,
de entrada. Si quieren volverse una alternativa creíble, sería recomendable,
también, que los panistas mismos se lanzaran contra Padrés, uno de los suyos.
Pero
Enrique Peña Nieto y el PRI también podría aprovechar el mensaje que le acaba
de gritar el electorado. Vetar o posponer la Ley 3 de 3 es un indicio. Beltrónes
fue claro con su renuncia en este sentido. Tienen una oportunidad histórica de
hacer acuse de recibo, cambiando radicalmente su narrativa. Sería inteligente
que el Presidente abiertamente reconozca que los conflictos de interés de los
que se les acusa a él y a miembros de su equipo no es ilegal pero debería
serlo. Que él proponga los cambios necesarios. Que sea su gobierno quien se
lance contra los corruptos. Si es necesario, puede proponer una amnistía que
evite una cacería de brujas, pero dejando transparentemente claro que entiende
que la corrupción que impera en México es insostenible e inaceptable. Todavía
se puede.
Si
consideramos que en todo el mundo se han desarrollado movimientos políticos en
contra de partidos y políticos establecidos (el famoso establishment), tenemos
que preguntarnos quién puede canalizar ese descontento en México. Si los
partidos insisten en hacer más de lo mismo, el vacío generado está
perfectamente aprovechado por AMLO y la Coordinadora. ¿Hay alguien más?
El PAN,
a nivel nacional, tiene una segunda oportunidad que el electorado le pone en
bandeja de plata. No sólo tienen que cerrar filas y llegar a un acuerdo entre
Margarita Zavala, Ricardo Anaya y Rafael Moreno Valle, sino que tienen que
decidirse a ser un partido moderno de centro derecha que se aleje de dogmas
absurdos y concentre toda su atención en toda medida que fortalezca
instituciones, mejore la impartición de justicia, reduzca la corrupción y
contribuya a construir imperio de la ley.
El
mensaje de los electores no pudo ser más claro y en 2018 la presidencia será de
quien mejor lo entienda. Si los partidos insisten en hacer más de lo mismo, el
vacío generado será perfectamente aprovechado. No hay duda.
@leon_alvarez