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Fisión Nuclear Europea


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29/06/2016

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Si hace tan sólo un año, nos hubiesen dicho que el panorama social y político en España y el resto de Europa, iba a ser el que es actualmente, hubiésemos pensado que se trataba de algún paranoico apocalíptico perturbado. Pero, como suele ocurrir en política, cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia.Se dice que la Historia es una sucesión de sucesos sucedidos sucesivamente -ahí queda eso-. Además, hablando de Europa y, más concretamente, de la Unión Europea, las decisiones tienen un efecto dominó muy marcado y muy propio de la idiosincrasia del Viejo Continente, donde las cuestiones públicas tienen unostempos diferentes al resto del mundo desarrollado.


Por un lado, centrándonos en España, tenemos la monumental sorpresa del pasado domingo 26 de junio, con un fortalecido Partido Popular y un aún más fortalecido Mariano Rajoy. Y cuando digo sorpresa, quiero decir que es sorpresivo sobre todo para ellos mismos; ni el más optimista y soñador del actual partido de gobierno, hubiese imaginado este resultado en sus sueños más húmedos. Probablemente, hasta que aparecieron los primeros escrutinios la cúpula popular tenía en la mente el proverbial “virgencita, que me quede como estoy”. Por otro lado, el mal menor del PSOE, que ha perdido seis diputados pero ha evitado el tan cacareado sorpasso de Unidos Podemos. Y sí, he dicho seis diputados porque son seis, uno de los que tiene ahora en el Congreso, es de Nueva Canarias. Hasta qué extremo está revuelta la situación política, y qué pobres son las perspectivas de los partidos, que habiendo perdido escaños, hay un ambiente entre el primer partido de la oposición de victoria, aunque sea un sofisma evidente.

Hay que señalar que el ascenso de los populares de debe en gran medida al batacazo de Unidos Podemos. Ha influido el clima de miedo propiciado por los medios con Venezuela, no digo que no, pero creo que ha sido más determinante el ego de Pablo Iglesias y su pasado en las redes sociales y sus grabaciones haciendo gala de apasionamiento revolucionario y de discursos previos al asalto del palacio de invierno. Llamar a Arnaldo Otegui “hombre de paz”, decir que defiende el derecho a portar armas, pedir que los presos de ETA vayan saliendo de las cárceles, etc. son imprudencias verbales en un país donde la sombra del terrorismo, aunque lejana, sigue presente en las mentes de muchas personas. A lo anterior hay que añadir la sugerencia del señor Monedero acerca de jueces y agentes de policía encargados exclusivamente a meter en prisión a dirigentes del PP, presuntamente corruptos. Ahí es donde apareció el espíritu bolchevique con afán de instaurar una KGB española, en caso de llegar a gobernar, cosa que no ha ocurrido.

Quizá, aún a riesgo de aventurar cosas arriesgadas, el error ha sido centrar el cambio en asaltar el poder a cualquier precio. Tal vez se vea mejor reflejado el espíritu de revolución y el cambio de sistema desde la oposición, que también es una pieza clave en un sistema parlamentario. No lo olvidemos.

Hay que añadir a todo lo anterior, el alarde de mal perder que están haciendo en las redes muchos de sus votantes. En los días siguientes a la jornada electoral, corrió una riada de insultos y desprecios a los votantes, puestas en tela de juicio a la legitimidad de los resultados y acusaciones abiertas de fraude. Casi da por pensar que es un alivio que no hayan llegado al gobierno aunque, todo hay que decirlo, son barbaridades equiparables a las que soltaron votantes y medios afines al PP con la victoria del PSOE tras el 11-M.

Se dice también que el Brexit, ha tenido cierta influencia en el resultado electoral en nuestro país. No sé hasta qué punto será cierto ni voy a valorarlo, lo que si hay que valorar y condenar es el repentino aumento de casos de racismo y xenofobia en el Reino Unido, un país que hizo un imperio a base de engaños, robo y piratería.

Personalmente, me resulta muy llamativo el caso de Londres, capital cosmopolita por excelencia en la que la multirracialidad y la multiculturalidad, han sido siempre algo cotidiano. Ahora, es habitual ver en las calles grupos de gente -preocupantemente jóvenes en algunos casos- insultando a extranjeros. Grave el asunto y grave la posibilidad de que se contagie, como ha ocurrido con el resultado del referéndum, que ya ha sido aprovechado por partidos de ultraderecha en el resto de La Unión para fraguar la salida y apoyar sus tesis aislacionistas y ultranacionalistas.

Para entender lo que está ocurriendo, hay que remontarse a los orígenes de la UE, lo que comenzó siendo en 1.957 la Comunidad Económica Europea. El nacimiento del ente tuvo lugar en la misma época en la que los países, en especial los escandinavos y Alemania Occidental, se implantaban políticas socialdemócratas que redundarían en un crecimiento del bienestar social y económico que, a España, tardaría en llegar.

Europa se desarrollaba a un ritmo pero la socialdemocracia se estancaba, la economía crecía de manera desequilibrada entre los estados miembros y el Euro, se implantó deprisa y con calzador. No me cansaré de decir que no se puede tener un moneda única en una zona con quince fiscalidades y políticas financieras y laborales distintas.

Todo ello ha generado estos recelos euroescépticos y el brote de rechazo, siendo alarmante el que, en ese reducto, esa aldea gala de los derechos y la tolerancia, que eran los países del norte, haya cada vez más manifestaciones contra la inmigración.

Por suerte o por desgracia, la extrema derecha española tiene un aire más carnavalesco y chabacano que otra cosa. Viven más centrados en consignas taurinas y futbolísticas que en asuntos políticos, hacen más gala de vestimenta y chatarrería militar e imaginería religiosa que de saber expresar opiniones y viven más pendientes del tamaño y rendimiento de sus atributos sexuales que del funcionamiento de la res pública.

En fin, es muy triste que algo tan hermoso, como era el concepto de una Europa unificada como símbolo de poder, prosperidad y paz, se esté derrumbando sin que, al menos en apariencia, nadie pueda evitarlo. 

Etiquetas:   Política   ·   Europa

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