. Llegó y reestructuró el cómo
contar el deporte, especialmente el fútbol desde una óptica discutible y muy
lejana a la que soñó desde un principio.
Olé giró con el tiempo. Al ejemplo de diario europeo de trayectoria
como Marca de España o La Gazzetta dello Sport de Italia, que
esbozó en 1996 el entonces responsable de la sección deportes de Clarín,
Ricardo Roa, fue corriéndose a una línea
sensacionalista de acumulación simbólica violenta en su discurso como a su
vez una mirada despectiva hacia el rol
que ocupa la mujer en el deporte, siempre colocada en un segundo o tercer
escalón. Esto no ocurrió de un momento al otro, en esta línea de tiempo que
lleva 20 años subyace un cambio de paradigma en cómo llegar a sus lectores. Se
prefirió el golpe de efecto, rápido y certero para fomentar desde el medio las
rivalidades deportivas que, si bien eran notables y constantes, Olé supo
profundizar para su provecho.
Un ejemplo vigente son
las columnas de opinión de periodistas llamadas “De Frente” que se ubican desde el lugar del hincha. Hoy más suavizadas
que en otros tiempos, ítem celebrable, en ellas todavía encontramos esta mezcla
de periodista/hincha con atisbos de barrabrava que, defendidas desde el atril
del “folklore”, alimentan a la
vorágine de violencia que está inmerso el fútbol argentino hace décadas. Pensar a Olé como el único
factor en esta problemática resulta una idiotez pero ojo que siempre colaboró con nafta en el incendio. Exprimió y
exprime lo máximo para vender, lógica entendible del mercado, aunque sin
resultados grandilocuentes ya que tiene una tirada máxima de aproximadamente
34.000 ejemplares los días lunes, luego
de la fecha del fútbol, y el resto de la semana no supera los 25.000 -según
medición marzo 2016 del IVC- y
sostenido exclusivamente por ser un producto del Grupo Clarín. Si fuese por sus ventas, Olé estaría fundido hace muchos años atrás o correría una suerte
similar a “El Gráfico”. Olé, en la construcción de su relato, fue un ejemplo de las
prácticas de precarización laboral que se ejecutaron en el periodismo y en
otras tantas áreas, desde los 90 hasta la actualidad, donde se desplegaron
diferentes acuerdos con escuelas de periodismo deportivo para que decenas de
pasantes pudieran cubrir entrenamientos y partidos del fútbol de primera y del
ascenso en situaciones laborales frágiles para ellos, aguardando la mentada oportunidad de trabajar en forma fija en la
redacción y así iniciarse en el camino del periodismo en un diario del Grupo Clarín. Una situación que,
salvo raras excepciones, no dejó de ser una aventura que podía extenderse como
máximo 6 meses y nuevamente otra “ola”
de pasantes reiterando la misma promesa. Esto en complicidad con los terciarios
en esta formación que incluyen como un gran beneficio tener acuerdos para que
estudiantes todavía en curso vivan la adrenalina del periodismo en primera
persona. Olé no fue ajeno al marco
laboral vigente para los periodistas en otros medios, lo que sí fue que
encontró un nicho repleto de posibilidades que sirvieron en términos de costos pero no así en la calidad de su producto.
Así ante errores en el diario o en la web se hizo conocido en las redes
sociales el hashtag #ElPasanteDeOlé.En estos 20 años, uno de
sus hombres claves en su inicio, Mariano Hamilton, expresó en la revista “Un
Caño”,
que Olé quiso mezclar “el sensacionalismo
entre tilingo y paquete de Página 12, los chimentos
de Ámbito Financiero, el desparpajo de Crónica y Diario Popular y, básicamente, en el tono de la
mítica revista Humor”. Expectativas elevadas para algo que nunca
resultó en los hechos. Esto no quita que Olé transformó la forma de comunicar el deporte especialmente en
diarios como Clarín y La Nación, que desde la llegada de este
diario, vigorizó su sección de Deportes hasta en su formato. En relación a sus
tapas, encontramos en este devenir dosis elevada de violencia textual hacia el
otro, al adversario coyuntural. Luego de un empate de San Lorenzo ante River, a
quien eliminó de la Copa Libertadores en 2008, tituló “Machos”. Como si la victoria dependiera de la testosterona o el
que pierda entra en un espectro vergonzante de mujer o algo pasivo, fiel
reflejo del comportamiento existente, en la permanencia de
agresión/discriminación sobre el rival deportivo de turno y no sólo en el
fútbol. También otra tapa, en la previa de un Argentina .- Brasil por
Eliminatorias y una portada con una mujer negra en ropa interior que decía “¿Qué tenés que hacer esta noche”? u
otra también polémica en un debut de Héctor Veira como técnico de San Lorenzo y
la imagen de un futbolista apoyado a otro en pleno partido con el título “El sello del Bambino”. Así, miles. Con
sólo googlear y poner “Tapas de Olé
polémicas” los resultados están a la vista. Legitima y continúa
construyendo el “folklore” y sus consecuentes ejes de conflicto para volcarse a
un público predominante joven y masculino, donde tampoco faltan chicas lindas
en ropa interior y otros artilugios que también emplea en su sitio web, que a
decir verdad lo hacen otros que se arrogan seriedad y purismo. Allí reside su
estrategia de venta. Se podrá estar de acuerdo o no pero el diario se planta en
un límite discursivo muy fino que termina muchas veces en la ocurrencia o el
mal gusto o simplemente en la mentira, como fue el caso de un hincha de River
que hizo un fotomontaje de una bandera contra los dirigentes (“La peor dirigencia de la historia”) y salió como imagen principal del diario,
sin chequear su fuente y que sumergió al diario en una crisis de credibilidad
en el que tuvo que salir a dar la cara su director, Leonardo Farinella. Olé cumplió 20 años y desde su nacimiento nada volvió a ser igual
en el periodismo deportivo. Esta aseveración es indiscutible. Una historia que se sigue
escribiendo con claroscuros, modos erróneos y positivos, de muy buenos
periodistas y de los otros y sobre todo con sus límites que, ya a dos décadas,
no quedan demasiados claros.