Crisis del ahorro

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) advirtió hace unos días que en América Latina estamos padeciendo una “crisis de ahorro”, debido a la escasez de reservas tanto públicas como particulares, lo cual limita el crecimiento económico. Si lo pensamos desde la economía mexicana, tendremos que anteponer varias crisis: la de ingresos, la de desigualdad, de empleos precarios, de salarios bajos, de pobreza -entre otras- antes de la crisis del ahorro. Y no es que el problema de ahorrar sea un asunto de menor relevancia, sino que en un país que tiene a cerca de la mitad de la población en situación de pobreza, conseguir recursos para sobrevivir es una prioridad y los ingresos no siempre son suficientes para ello. 

 

. Si lo pensamos desde la economía mexicana, tendremos que anteponer varias crisis: la de ingresos, la de desigualdad, de empleos precarios, de salarios bajos, de pobreza -entre otras- antes de la crisis del ahorro. Y no es que el problema de ahorrar sea un asunto de menor relevancia, sino que en un país que tiene a cerca de la mitad de la población en situación de pobreza, conseguir recursos para sobrevivir es una prioridad y los ingresos no siempre son suficientes para ello. 
Los datos del BID indican que en los países de Latinoamérica la tasa de ahorro fue de 17.5 por ciento de Producto Interno Bruto (PIB) entre 1980 y 2014, lo cual equivale a cerca de la mitad de los que se ahorra en las economías emergentes de Asia. Sólo en África sub-sahariana el nivel de ahorro es menor, con un 13.8 por ciento. El asunto de fondo es que estamos en un círculo vicioso en el que crecimiento y los ingresos no son suficientes para que las personas puedan ahorrar, en tanto dicha falta de ahorro limita las posibilidades de crecimiento al no tener recursos para invertir en infraestructura, educación y en lo que necesitamos para el desarrollo. 

La falta de ahorro en México no sólo es un problema del presente sino que pone en entredicho el futuro de millones de personas que no tendrán una jubilación ni un sistema de seguro social para su vejez. Si actualmente sólo 2 de cada 10 jubilados de más de 65 años de edad cuenta con seguro y una pensión, imaginen la gravedad del problema dentro de un par de décadas, cuando las actuales generaciones que no logran ahorrar lleguen al momento de su retiro. Nos encontramos en un escenario en el que necesitamos del ahorro para impulsar proyectos y planificar el futuro, pero la precariedad de los empleos y los salarios de miseria no nos permiten ahorrar. 

Pero además del problema de la pobreza y de los bajos ingresos, la carencia de educación financiera y la tendencia al consumismo también atentan contra una cultura del ahorro. En lugar de aprovechar los recursos de los tiempos de bonanza, nos hemos encargado de destinarlos a cosas no productivas. Los ingresos millonarios del petróleo o de la exportación de materias primas no se han traducido en un país desarrollado y con menos pobres. Es el mismo ejemplo de los comerciantes que tienen una buena racha y ganan mucho dinero, para luego gastarlo en cosas que no necesitan, en lugar de invertir en la construcción del futuro. 

No sólo nos urge recuperar el poder adquisitivo de la gente, mediante empleos de más calidad y una mejor formación profesional para generar riqueza, sino que debemos trabajar en una cultura financiera que nos ayude a saber ahorrar y a invertir estratégicamente cada moneda que ganamos. Debemos aprender a producir riqueza, a ahorrar y a invertir mejor. 

UNETE



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