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CUANDO DOBLAN LAS CAMPANAS


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08/08/2011

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“Nadie es una isla…la muerte de cualquier hombre nos disminuye, porque estamos ligados a la humanidad; y por consiguiente, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.” Como se sabe, éstas son parte de las palabras de John Donne que usó Ernest Hemingway como epígrafe en su ya clásica obra sobre la guerra civil española  Por quién doblan las campanas. Las mismas nos han venido a la mente estos días tras conocer la terrible hambruna que se ha desatado en Somalia, los atentados de Noruega y el atípico caso de Rais Bhuiyan, quien suplica perdón para su agresor.


Alguien dijo por allí que para acabar con el hambre en el mundo sólo se necesitan 30.000 millones de dólares anuales y que si las sumas de dinero que se le han inyectado al sistema bancario de Estados Unidos desde la crisis del 2008  ( y que ese analista calcula en 1.700 millones de dólares ) se destinaran a dicho propósito, nadie dejaría de comer por lo que resta del milenio. Tal vez esto sea así, y quizás ello confirme una vez más  las tesis de Mosca y de Pareto de que el 20% de los habitantes concentra el 80% de los recursos, pero el caso de Somalia constituye un ejemplo también de lo que sucede en un país cuando la intolerancia, la locura  y el desacuerdo se apoderan  de él.

Desde que en 1960 se formara la nación de Somalia por la unión de  los protectorados de Somalilandia británica y la Somalia italiana, esta nación ha sufrido toda suerte de luchas intestinas por el control del territorio, derivando en un espacio sin ley y sin estructuras administrativas, por lo que se considera un Estado “irreal” “fallido”, “inexistente” y hasta un “pseudopaís” . La  situación se ha complicado con la peor sequía que ha azotado el cuerno de áfrica desde hace 50 años. Sin embargo, no es la primera vez que la ONU declara la hambruna en este país. Ya lo había hecho antes en 1992, pero hora la situación es mucho más preocupante que en aquellos años.  Aproximadamente cuatro millones de habitantes, la mitad de la población del país, necesita ayuda urgente y muchos de ellos en su desesperación buscan refugio en las vecinas Kenia y Etiopía, donde a los campos instalados por Médicos sin Fronteras (MSF) han llegado aproximadamente 500.000 personas, muchas de las cuales han tenido que abandonar el cadáver de sus hijos en el camino. Esta circunstancia  se hubiera  podido mitigar en alguna medida si el grupo fundamentalista islámico Al Shabad, que se supone afiliado a al Qaeda, y el cual controla parte del  centro y sur de Somalia, no hubiera impedido desde 2009  el ingreso a esos territorios de las organizaciones internacionales de ayuda humanitaria. Pero la hambruna está haciendo tantos estragos en Somalia, que es ahora el mismo Al Shabad el que ha pedido la asistencia de estos organismo, los cuales todavía no se sienten seguros con este grupo, ya en aquella oportunidad se retiraron porque el mismo les exigía parte de las ayudas y que ninguno de sus trabajadores fuera mujer.

Tanto este caso como el que recientemente ha tenido lugar en Noruega, donde el fundamentalista  ( pero esta vez anti musulmán) Anders Behring  acaba de sacudir con sus asesinatos los cimientos de la misma sociedad noruega, contrastan  con la actitud asumida por Rais Bhuiyan, un bengalí que  ha demandado al gobernador de Texas Rick Perry, en su afán por detener la ejecución de Mark Stroman, un miembro de una hermandad aria, quien después de los atentados del 11 de septiembre, en los que había perdido a su hermana, le disparó a quemarropa  al mismo tiempo  que mataba a sus compañeros, al indio Vasudev Patel y al paquistaní Waqar Hassan.

Como si Rais Bhuiyan encarnara las palabras de Donne con las que hemos comenzado este escrito,  ha declarado que “el 11 de septiembre produjo algo horrible, no sólo a Estados Unidos, sino al mundo entero. Este es un momento en que podemos tomar un nuevo camino, el camino del perdón,  de la comprensión, de la tolerancia y de la sanación”.

Seguramente Rais Bhuiyan no se equivoca cuando dice que el 11 de septiembre produjo algo horrible dentro y fuera de Estados Unidos, lo que sí dudamos es que muchos sigan su ejemplo tomando un nuevo camino y que las campanas dejen de sonar algún día. Pero quién sabe, todo es posible en un mundo donde una persona demanda a un gobernador porque no le conmuta la pena a su agresor y  asesino de sus amigos.    





Etiquetas:   Política

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