. Total durante los días anteriores ya habían dicho todo lo
que tenían que decir, que fue bien poco.
Iglesias advirtió que si Unidos
Podemos gobernaba, sería gracias al PSOE; Pedro Sánchez, instalado en la
negación del sorpasso como es natural, afirmó que se veía en un gobierno de
coalición formado por el PSOE, Unidos-Podemos y Ciudadanos y Albert Rivera, que anunció hace bien poco que
jamás pactaría con Podemos, cuando lo intentó hace unos meses y un poco más
arriba está la foto que lo deja bien claro y del que decían que había llegado a
un acuerdo con el PSOE para no darse palos entre ellos, lo confirmó el domingo
en el que dedicó su atención y críticas a Rajoy y Podemos.
Los del PP para variar a lo suyo,
dicen van a pactar la investidura con el PSOE pero sin Pedro Sánchez; aunque ya
empiezan a decir con toda claridad que el voto que no vaya para Rajoy, sirve
sólo para que gobierne Iglesias, cuestión que no voy a criticar porque pienso
exactamente lo mismo.
Y en este marasmo de
posibilidades, supongo que algún lector -que no sea votante de Ciudadanos,
porque esos están obnubilados por la presencia y labia de Albert y lo del
pensamiento crítico brilla por su ausencia en las filas naranjitas- habrá
pensado en algún momento qué diablos
buscará Albert Rivera que con el peso de sus votos poco cuenta, porque ni para
el pacto de izquierdas, ni para el del PP-PSOE,
son necesarios sus votos o así al menos lo parece.
Así que supongo habrá
ciudadanos a los que pique la curiosidad
y piensen que a qué viene tanto lío y alboroto ¿Todo este jaleo para figurar
como líder de un modesto partido bisagra, limitándose a dar el poder a unos u
otros según convenga? Pues no, creo y conste que lo tengo escrito y publicado
hace meses, que Albert Rivera sigue en una oscura operación que lo llevaría,
con –no voy a decir complicidad, aunque lo piense, porque la Institución merece
un respeto- digo que con la colaboración de la Corona lo llevaría a presidir el
próximo gobierno.
Simplemente necesita que el PSOE,
liquide, inhabilite o “convenza” a Pedro Sánchez y que el Partido Popular – ojo a la pregunta
que ha incluido en su tracking semanal Metroscopia – se ventile a Rajoy y
entonces, sólo entonces, desde La Zarzuela se impulsaría su figura, como único
aspirante electo a la presidencia, porque los suplentes de Sánchez y Rajoy no
habrían pasado por las urnas como “números uno”.
Así, una serie de poderes de esos
que jamás dan la cara pero tienen un poder impresionante, elevarían a los
altares a Albert Rivera, en una suerte de resurrección del centro político
español, que de paso se haría con los restos del PP que seguro iniciarían un
fulgurante y atropellado viaje al centro reformista, encantados de demostrar
que a regeneracionistas no les gana nadie y que la culpa era de Rajoy.
Una suerte de justicia poética la
maniobra que volvería a dar fuerza y poder al centro de la mano de la Corona,
si recordamos que fue esa institución, cuando Juan Carlos I era rey, la que se cargó a Adolfo Suárez con el
inestimable trabajo de zapa del PSOE de Felipe González y la colaboración de
unos poderes muy parecidos a los que ahora prefieren a Rivera antes que
a Rajoy.
¿Qué eso es un disparate? Pues
pudiera ser, pero lo mismo decían los de UCD y bien que se arrepintieron. Al
final va ser cierto eso de la teoría cíclica de la Historia.