. Sería
irresponsable de parte de quienes estamos de este lado de la arena pública,
pero más de los involucrados en este proceso electoral.
Sin
duda, el primer gran derrotado en esta elección es el PRI, luego los
gobernadores (aquellos que perdieron), y luego, los cuartos de guerra de sus
respectivos candidatos.
Lo
mismo hay que decir, pero a la inversa, en el caso de Acción Nacional. No es
que sus alianzas con el PRD o su capital político hayan sacado a flote los
triunfos en las urnas. Es el rechazo ciudadano. El hartazgo, el descontento, la
mala gestión o los problemas que a diario padece el ciudadano es lo que provocó
salir a votar y castigar al gobierno en turno. Sería un espejismo decir que los
méritos se los lleva al PAN o el PRD tal como lo están tratando de hacer sus
respectivas dirigencias nacionales.
Hablar
de “alternancia” como tal, también me parece un exceso. Lo que estamos
observando es el reciclaje de políticos y grupos de poder venidos a menos detrás
de buenos candidatos. No hay expresiones de diferentes alternativas de gobierno
ni en ideologías, ni en políticas públicas, ni en mayores virtudes
democráticas. Bastan dos ejemplos de alternancia en 2010 que no dejaron buen
sabor de boca: Mario López Valdés, en Sinaloa y Gabino Cué, en Oaxaca. En ambos
casos el PRI “recuperó” la gubernatura el domingo pasado.
¿Cómo
explicar que hay estados con buen desempeño de la economía, mala calificación
del presidente y, buena, no tan buena o mala calificación para el gobernador?
Chihuahua
ha tenido uno de los mejores desempeños económicos en México. Cerró el 2015 con
una tasa de crecimiento superior a 6% y decenas de miles de empleos creados,
pero los chihuahuenses dijeron “No a la continuidad”. Allí pasó lo mismo que en
Querétaro, en las elecciones del 2015.
Veracruz
tuvo uno de los peores desempeños del país. Registra una caída mayor a 2% en el
PIB y una enorme destrucción de empleos en los últimos dos años. Ese estado ha
vivido además un crecimiento explosivo de la deuda pública estatal y ha
padecido el achicamiento de Pemex, motor económico tradicional en la zona. La
gente votó a favor de un cambio y de forma muy cerrada entre tres candidatos.
Gano el Yúnes menos malo.
Los
electores votan con el bolsillo, pero también con otras partes de su anatomía.
Los chihuahuenses están cobrando en las urnas la homologación del IVA en las
fronteras, la corrupción y el intento de construir un cacicazgo estatal del
gobernador saliente, César Duarte. El voto fue en contra de la continuidad del
Duartismo en la entidad. Los resultados económicos importaron poco.
En el
caso de Durango, la gente, masivamente optó por el cambio. No es gratuito que
57% de los electores salieran a las urnas y la mayoría decidiera por un cambio.
Sin embrago, también sería simplista afirmar que el “No a la continuidad” fuera
la única razón del castigo al PRI local.
No al
regreso de Ismael Hernández Deras parece contundente; pero, aún y cuando el
contexto local no fue lo mismo en términos de seguridad y generación de riqueza
del año 2010 (recordemos cómo se descompuso el sexenio de Ismael Hernández
Deras), las formas en que se decantó el proceso interno 2015-2016, luego la
contienda, la guerra sucia y la exagerada sobreestimación del candidato oficial
en las “prestigiadas encuestas nacionales”, el triunfalismo desmedido; ante
estos sucesos atropellados y acompañados de alta dosis de soberbia, la cúpula
entorno a Esteban Villegas no tomó en cuenta en lo más mínimo la experiencia en
la elección pasada. Encapsularon al candidato alejándolo de la realidad.
¿Cómo
explicar actos públicos masivos espectacularmente llenos de gente (de
burócratas maltratados) y hayan perdido tan estrepitosamente en las urnas?
¿Cómo
explicar que se perdieron todos los distritos urbanos (de I al V) y el VI en
Pueblo Nuevo? ¿Cómo explicar que el Distrito V se perdiera por una cantidad
abrumadora de votos? ¿Qué decir de la Presidencia Municipal?
Definitivamente,
hubo muchos errores de sobrestimación e información falsa entorno a los
candidatos del PRI; sobre todo, de los equipos internos a los que ahora se les
endosa la derrota electoral.
En Durango
es claro que la gente optó por el cambio por hartazgo; sin embargo, mi
hipótesis es que el cuarto de guerra nunca tomó en cuenta factores importantes
al postular candidato: el rechazo al regreso de Ismael Hernández Deras a la
escena pública local; la factura pendiente en la UJED (Esteban y Meño y varios
de su grupo fueron piezas clave en la FEUD); los equilibrios de grupos
internos; y los cientos de miles de jóvenes profesionistas que en redes
sociales se sintieron agraviados con el anuncio de la creación de 70 mil
empleos de un plumazo. La militancia priista de vieja guardia, los jóvenes
profesionistas y la burocracia ilustrada (dentro del segmento de clase media)
salieron a votar.
@leon_alvarez