. Y es que lo mismo
tirios que troyanos, en su afán de “auto” declararse vencedor de una contienda política
antes de tiempo, generan un escenario propicio para la judicialización y la
impugnación de procesos. Para “hacerla de emoción”, diría mi abuelita.
Para
evitar eso es imprescindible la información de calidad, objetividad y de la
mesura de los medios de comunicación y ciudadanos al interpretar los datos
emanados de los institutos políticos, de los candidatos, pero, sobre todo, de
la autoridad electoral.
De modo
que no se deje sorprender. Una encuesta de salida es menos fiable que el conteo
rápido. El problema ha sido la voracidad con que algunas encuestadoras sin
escrúpulos alientan a los candidatos a conocer “antes de tiempo” cómo va el
proceso electoral, y por otra parte, desconocen el proceso de cada método: una
encuesta de salida indaga lo que un elector eligió después de salir de la
casilla (es natural que un porcentaje de ciudadanos mienta) y el conteo rápido
suma los resultados de las actas conforme se vayan cerrando las casillas
electorales a partir de las 18:00 horas. Un método especula y el otro utiliza
información objetiva de un acta de cierre de casilla. Es algo muy diferente.
En este
contexto, permítame ofrecerle mi opinión sobre las implicaciones de las
encuestas salida y los conteos rápidos, ya muy difundidos y utilizados en las
contiendas electorales.
Las
encuestas de salida (Exit Poll) y conteos rápidos (Quick Count), son ya en México
métodos estadísticos comúnmente aplicados por las empresas encuestadoras a solicitud
de partidos políticos, institutos electorales, y medios de comunicación para
tratar de conocer al ganador en una contienda electoral.
Este tipo
de estudios, por tener un carácter aleatorio, están regidos por las leyes de la
probabilidad y ligados por lo tanto a conceptos como “intervalo de confianza” y
“error estadístico”, elementos que a su vez son los que permiten a los encuestadores
determinar al ganador con gran éxito en la práctica. Claro, si es que están
bien realizados.
Sin
embargo ya es común escuchar que algunos encuestadores se niegan a declarar
ganador, alegando que la elección que se está midiendo resulta muy cerrada, por
lo que declaran con gran pompa un “empate técnico”.
¿Qué es
realmente el empate técnico? ¿Cuál sería su definición correcta? ¿Es correcto
emplear este término?
Son
muchas las interpretaciones que pueden surgir al momento de escuchar este
término y a veces se confunde creyendo que el empate se presenta en la elección
y no en el método de estimación. Resulta intrigante cómo hasta entre los mismos
encuestadores no se ponen de acuerdo al respecto. A mí me queda claro que su
reputación es la que está en juego.
Si nos
apegamos a la teoría estadística, no existe una definición de lo que es un
“empate técnico”. En México el término “empate técnico” hizo su aparición por
primera vez en la televisión nacional en una encuesta de salida llevada a cabo
en febrero de 1999, la jornada electoral resultó muy competida, pero un medio
de comunicación a las 18:00 horas (justo al cierre de casillas), con un sentido
más periodístico que técnico, se atrevió a declarar ganador para posteriormente
conforme transcurría la tarde modificar su anuncio y salir a declarar “empate
técnico”. Finalmente, el triunfo fue para un partido distinto al que se había
declarado. El caso de Luis Carlos Ugalde quien actuó con prudencia en la
elección presidencial de 2006, y que a la postre le costó el cargo, también es
ilustrativo en este sentido.
Desde
entonces que el término “empate técnico” se ha utilizado en México como
sinónimo de contienda cerrada o muy pareja entre dos o más candidatos, incluso hemos
llegado a escuchar declaraciones de institutos o consejos electorales declarando
“empate técnico” para justificar el no tener identificado aún al ganador.
El uso
de este término parece ocultar al culpable de no poder dar resultados: el
método. Los que lo usan parecen decir: “la elección está muy cerrada” cuando eso
no es cierto siempre. Algunos, incluso, simplemente al revisar el diseño
muestral, ven que en la metodología dice “3 por ciento de error” y de ahí cualquier
distancia menor entre ganador y segundo lugar lo consideran empate. Ese es un
error.
Imagine
simplemente una encuesta que diga que tiene 5 por ciento de error teórico y
resulte en una distancia de 3 puntos entre primer y segundo lugar, alguien podrá
pensar que es empate, pero resulta que también podría resultar en que la ventaja
real fuera de 8 puntos, lo cual no refleja una contienda cerrada.
Una
definición de “empate técnico” adaptada a los términos de encuestas de salida o
conteos rápidos debiera ser: “Es un anuncio
del resultado de una elección, aceptando que el método estadístico que se está
utilizando para determinar ganador de la contienda no es el adecuado para
hacerlo, debido a que la votación es lo suficientemente cerrada para que el
error estadístico real de cada estimador no permita determinar con suficiente
confianza estadística quién es el que logra más votos".
Con
esta definición se asienta claramente que el culpable de no poder dar ganador
es el método empleado y no la elección como tal; en esos casos, creo que el
anglicismo “too close to call” (imposible determinar ganador) es mucho más
preciso para explicar el motivo del silencio.
No se
deje sorprender. Una encuesta de salida es menos fiable que el conteo rápido.
El problema ha sido la voracidad con que algunas encuestadoras sin escrúpulos
alientan a los candidatos a conocer “antes de tiempo” cómo va el proceso
electoral, y por otra parte, desconocen el proceso de cada método.@leon_alvarez