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estamos preparados....?


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03/06/2016


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Los países que comparten la cuenca del pacifico, entre los que se encuentran  la mayoría de las naciones  Latinoamericanas,  son parte del denominado Cinturón o Anillo de Fuego del Pacífico, también conocido como Cinturón Circumpacífico, que se  extiende sobre 40,000 kilómetros en forma de herradura y se caracteriza por concentrar algunas de las zonas de subducción (penetración de la placa oceánica bajo la placa continental ) más importantes del mundo, lo que ocasiona una intensa actividad sísmica y volcánica en las zonas que abarca.




Esto sucede porque las placas tectonicas, sobre las que reposa el lecho marino, están en permanente movimiento y fricción con las placas continentales  acumulando grandes tensiones, que se liberan violenta e inesperadamente,  originando terremotos en los países del cinturón, a lo que se suma la concentración de actividad  volcánica constante, con 452 volcanes que representan más del 75% de los volcanes activos e inactivos del planeta.

Este escenario motiva que a lo largo del Cinturón de Fuego se generen alrededor del 90 % de los terremotos del mundo y el 80 % de los terremotos más potentes, incluyendo los 10 sismos más destructivos e intensos registrados hasta el día de hoy, siendo  el terremoto de Chile de mayo de 1960, el de mayor intensidad (9.5 grados), literalmente con efectos globales sobre todo el planeta, al punto de haber desplazado el eje de la tierra algunos centímetros y haber generado un gran tsunami que afecto las costas propias como aquellas ubicadas a miles de kilómetros en el otro lado del Pacifico.

No hay duda y no debería haberla para nadie, que el riesgo de la ocurrencia cierta de estos sismos tan destructivos, tal vez el fenómeno natural más peligroso,  constituye una permanente amenaza transversal a todos los seres vivos que habitan estas zonas así como a la infraestructura y actividad que desarrollan los seres humanos.

La vulnerabilidad en este caso está asociada al origen y magnitud del evento, la geografía de la zona afectada, las características técnico – constructiva de las estructuras existentes, la salud del ecosistema, el grado de preparación para el enfrentamiento de la situación por la población, la comunidad y los gobiernos locales, así como por la capacidad de recuperación en el más breve tiempo posible. En ese sentido y tal como sostienen los más connotados  sismólogos, no es cuestión de tratar de determinar si va a suceder o no, sino cuando, por lo que se realizan esfuerzos consistentes para tratar de determinar los plazos de tiempo  en que aproximadamente podrán  ocurrir los sismos, lo que deja meridianamente claro que la preparación no debería ser una opción sino una obligación, debiendo aprovechar intensamente el tiempo y la oportunidad de no verse afectados como  una ventaja.

Me atrevo a decir que, afortunadamente hoy en día hay una mayor sensibilidad sobre este tema, basada en campañas informativas y en la difusión de conocimientos científicos relacionados y desgraciadamente en la ocurrencia de grandes y destructivos sismos que nos recuerdan objetiva  y fatalmente las infortunadas consecuencias de su ocurrencia, más aun cuando no ha existido una adecuada preparación de las comunidades.

Estamos realmente preparados para enfrentar un sismo que ocurrirá eventualmente en algún momento?

Esta pregunta merece una respuesta colectiva, de toda la sociedad en su conjunto y no solo de las autoridades, agencias u organismos creados para tratar la gestión de riesgos de desastres, pues los esfuerzos funcionales y estatales serán insuficientes si todos los miembros de  la sociedad  no interiorizan el peligro que conlleva la ocurrencia de estos fenómenos naturales y actúa en consecuencia,  preparándose y participando proactivamente en simulacros a nivel de la familia, de la empresa y/o institución, de su comunidad más cercana, exigiendo el cumplimiento de la normativa y estándares de las edificaciones, de las vías públicas, cuidando el medio ambiente para evitar que se incrementen los riesgos derivados, como deslizamientos, inundaciones, etc., en pocas palabras “construyendo” la resiliencia de la sociedad en su conjunto a través de las “células” y “órganos” que la componen.

Vivir bajo la amenaza y el peligro de la ocurrencia de un sismo de gran magnitud,  no debe ser un motivo de inmovilización o depresión, pero si de constante preocupación y acción,  para estar lo mejor preparados, reduciendo al máximo posible las vulnerabilidades, sin bajar la guardia y a sabiendas que en algún momento, aún no determinado con exactitud,  deberemos  enfrentarlo y las consecuencias dependerán de lo que hagamos o dejemos de hacer mientras esperamos aquello que inevitablemente sucederá.

Estamos Preparados…..?



YO ESPERO QUE SI

Etiquetas:   Seguridad Pública   ·   Terremoto   ·   Prevención

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