Aprendiendo a manejar en Caracas - Parte VI: Superando los huecos

 

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@Joaquin_PereiraCuando tu instructor de manejo te dice que ya no tiene nada más que enseñarte sientes la misma desolación de cuando tu madre te dijo que no podía ayudarte con un ejercicio de matemática en 5to grado. Es el momento de asumir tu soledad existencial y echar pa´lante como sea. Pero para eso están los huecos, los grandes maestros que siempre encontrarás en tu camino y que no te abandonarán como tu instructor de manejo. Ellos son algo más que un recordatorio de que no debes volver a votar por esa alcaldesa cuyo único logro tangible fue adelgazar luego de practicarse un baypass gástrico.

Los huecos son inevitables y te enseñan una simple y profunda lección: debes soltar la molestia de haber caído en ellos lo más rápido posible para que no se enturbie el resto del camino. Hay que seguir adelante sin llevar peso extra.

He descubierto que para manejar por Caracas hay que asumir dos actitudes: la del niño y la del autista. Los niños son expertos en superar problemas. Pueden llorar y armar un berrinche pero a los cinco minutos ya están jugando de nuevo, rápidamente se incorporan nuevamente al camino.

El ser un poco autista te sirve para que no te afecten los demás conductores con sus provocaciones o el instructor con sus dramas mexicanos: “No me haces caso”, “Yo digo una cosa y haces otra”, “Así no se puede”, “Me vas a desbaratar el carro”.

Toda una novela que se soluciona con dos frases: “Yo pagué por esta clase y te la calas”, y “Este carro no es tuyo sino de la escuela de manejo”.

En definitiva conducir un vehículo no tiene ciencia: pocas neuronas se deben activar para echar adelante una máquina tan simple. Lo que cuesta es manejar los temores que surgen de la falta de experiencia y aguantar estoicamente el maltrato de de los otros conductores.

Del resto manejar es un placer que podría hacerte sentir como en Suecia si no fuera por los huecos que te recuerdan a cada momento que vives en Venezuela, que sobrevives en Caracas y que en Miraflores un tipo merienda dulce de lechosa desde hace doce años, y quiere seguir haciéndolo por lo menos por seis años más.

UNETE



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