Con las brasas del acopio ilegal de neumáticos de Seseña aún llameantes, el foco de la atención parece estar más puesto ahora en provocar un incendio político que en extinguir el de las ruedas, y es que desde el Prestige para acá no hay desastre en España del que no se pretenda sacar rédito político. Mucho más inteligente sería analizar lo ocurrido, sacar conclusiones, e intentar evitar que algo así vuelva a repetirse. Pero si hiciéramos eso, esto no sería España, y mucho me temo que seguiremos expuestos a más “seseñas”, “seseñitas”, o “seseñazas”.



