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Entrevista al escritor David de Juan Marcos


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23/04/2016


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Este escritor salmantino (1980) publicó su primera novela “El baile de las lagartijas” en 2011 (por la que recibió el Premio Novela Ciudad de Valencia) y este mismo mes de abril está en plena promoción de su segundo trabajo “Lo mejor de sus vidas”. Dos historias muy diferentes, con estilo sencillo y lírico, como define la crítica.


Los relatos abrieron su camino a las letras, antes de que fuera becado por la fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores. Queremos conocer a David de Juan Marcos porque lanza una propuesta a tener en cuenta, en el actual mundo literario.

–¿Por qué escribe David de Juan?Entrevista concedida a ELD y realizada por Begoña Curiel:

Siendo adolescente me dieron un premio de relatos cortos. Tras la entrega de premios hubo una rueda de prensa en la que un periodista me preguntó lo mismo. Me quedé callado. Todos me miraban y yo empezaba a sentirme incómodo. Finalmente, lanceado por tantos ojos, me encogí de hombros y respondí: no lo sé. Se hizo un silencio largo y embarazoso. Sentía vergüenza y lo único que pude hacer fue encogerme de nuevo de hombros y decir: no lo sé, mientras todos me miraban dudando de si se habrían equivocado al dar el premio a alguien con las facultades mentales tan oxidadas.

Con el tiempo aprendí  respuestas para esta pregunta: porque quiero contar algo, para que me lean… etc. Tópicos para salir al paso. Hasta que empecé a robarle una frase a Eduardo Galeano: escribo para que me perdonen. A lo que yo añadía: y para perdonarme.

Pero uno tiene ya edad para mirarse al espejo y ser honesto consigo mismo. No tengo ni la menor idea de por qué escribo. Y la verdad es que he descubierto también que no me importa saber las razones por las que escribo. Así que me gustaría poder viajar en el tiempo y decirle a aquel adolescente muerto de vergüenza que su respuesta era la más acertada que iba a encontrar y que añadiera con cierto desplante chulesco: y no me importa.

–¿Le persiguen las historias o es de los autores que se sientan a preparar su germen?

Por mucha razón que tuviera Picasso con el manido “la inspiración tiene que encontrarte trabajando”, yo necesito saber lo que quiero escribir antes de sentarme. No sé planificarme y las pocas veces que lo he intentado he terminado ofuscado por no ser capaz de cumplir con el plan. Lo que no puedo evitar es pasarme el día con el piloto encendido, y muchas veces es más agotador que varias horas de intensa escritura.

–Cuando buscamos su currículo encontramos, entre otras cosas, que fue becado por la Fundación Antonio Gala y que sus letras se comparan con las de García Márquez. Es una tarjeta de presentación que invita con gusto a conocer su obra. ¿Cómo definiría su oferta para el lector?

Hace tiempo que dejé de prestar atención a las comparaciones pues me he dado cuenta de que siempre saldrán de uno u otro lado. Tampoco sé si yo tengo nada que ofrecer. Mi trabajo se centra en un estilo muy cuidado que vaya de la mano con la historia que quiero contar y el camino que quiero recorrer. Cada historia tiene su “cómo” y su ritmo. Y ahí es donde centro mis esfuerzos para tratar de entregar algo diferente.

–“El baile de las lagartijas” fue su estreno en el formato de novela. Ahora acaba de presentar su trabajo “La mejor de las vidas”. Como autor, ¿qué le ha gustado más de ellas al escribir las dos historias?

Son novelas totalmente distintas tanto en la forma como en el fondo. Con la primera tenía la libertad de saber que no había ningún tipo de expectativas ni de ideas preconcebidas sobre mí como autor. Con la segunda he tratado de no pensar en las opiniones buenas o malas que suscitó la primera. Con El baile de las lagartijas disfruté de la mezcla de nostalgia y humor que desprendían los personajes. Con La mejor de las vidas quizá lo he pasado mejor con la historia y con el reto de mantener un estilo muy particular y en apariencia sencillo a lo largo de todo el libro.

–En la última, reflexiona sobre las carencias de distinto tipo que tiene su generación, aunque se nos reprocha que lo tenemos todo, si la comparamos con quienes sufrieron los años de la guerra y el hambre. ¿Es una reivindicación?

En la novela no reivindico nada, al contrario, no me he atrevido a pontificar sobre nada. Se lanzan muchas cuestiones, muchas dudas sobre la soledad, las ausencias, la lealtad, el amor y la maternidad que yo no sé responder o que dudo que tengan una respuesta clara. La novela está llena de puertas abiertas y dejo al lector la libertad de entrar y opinar.

–Preguntamos a veces a los autores si son escritores de su tiempo o escritores comprometidos con su tiempo. ¿Cuál es su caso?

Como sucede con la primera cuestión es algo sobre lo que he intentado buscar respuestas originales en vano. La conclusión es la misma: no tengo claro que sea importante para mí. Me limito a hacer lo que me gusta del modo en que me gusta. En mis historias hay compromiso, pero son un reflejo de mi modo de ver la vida y del propio compromiso personal que tengo yo con diferentes problemas pero en ningún caso con la intención de convencer a nadie de nada.

–¿Cree que en el mercado literario hay una exagerada tendencia a clasificar los textos por géneros?

Creo (es solo una opinión) que hoy en día ya no existen géneros puros en literatura. Sin embargo, como dice el protagonista de la novela: no podemos vivir sin ponerle nombre a las cosas. La gente hoy en día necesita información rápida con la que clasificar y descartar. No es que me guste esa codificación, pero es lo que hay y es inevitable.

–En una entrevista, he leído una preciosa frase suya: “la realidad está llena de magia que merece la pena ser contada”. ¿Cree que no es necesario empeñarse en buscar historias, que las tenemos a nuestro lado?

Carezco de imaginación. Necesito de la vida cotidiana para escribir mis libros y siempre me he sentido atraído por las historias reales más inverosímiles. El baile de las lagartijas comienza así: la realidad al contrario que la ficción puede permitirse la licencia de lo increíble.

–¿Precisa de rituales, contextos o tramos horarios determinados para escribir?

Todos los momentos y lugares son los peores posibles para escribir.

–¿Lee mientras está centrado en la escritura de un texto? ¿Tiene autores y lecturas preferidas, que incluso pondría sobre un pedestal?

Sí, siempre leo y releo sin importar si estoy escribiendo o no. Primero soy lector y luego no sé.

En cuanto a los autores de culto, con el tiempo vas bajando de pedestales a tus escritores de referencia de la adolescencia de la misma manera que dentro de unos años bajaré a los que voy subiendo ahora. El hecho de analizar las obras más allá de la propia lectura hace que termines  encontrando las costuras y los mecanismos literarios que tus autores favoritos manejan. Y cuando descubres el truco de magia el mago pierde interés.

–¿Qué libro nos recomendaría sin pensar?

Ensayo sobre la ceguera, de Saramago

–¿Y dedicándole algo de tiempo?

Ébano, de Ryszard Kapuściński,

–Si no leemos desde pequeños, ¿cree que es posible engancharse a otra edad a la afición?

Es muy difícil responder a esto. Como en cualquier otra cosa que en la vida requiera cierta disciplina (y ser un lector analítico requiere de disciplina) es necesario entrenar. De la misma manera si se empieza desde niño es más fácil alcanzar la excelencia. Pensemos en hablar un segundo idioma o en jugar al tenis, por mucho que te esfuerces a partir de cierta edad nunca podrás alcanzar el instinto que tienen aquellos que han aprendido desde pequeños. En cualquier caso nunca es tarde para empezar a leer, primero de todo es un placer y estoy seguro de que hay libros para cualquier tipo de exigencias.

–Sus relatos han recibido premios, también su primera novela. ¿Son un empuje necesario para seguir escribiendo?

Si dijera lo contrario mentiría. Pero con el tiempo vas a aprendiendo a darle la justa importancia, es decir, ninguna.

 –¿Las editoriales son un campo de batalla del escritor aun mayor que el de la hoja por escribir?

Bueno, cuando estás empezando hay dos batallas, es cierto. La primera batalla es terminar la novela de la manera en que habías imaginado; esto terminará en fracaso siempre. La segunda es conseguir el respaldo de un agente y/o de un editor. En mi caso he sido muy afortunado, sí, afortunado, porque el componente azaroso es muy importante. Aunque también es cierto que he necesitado de unas dosis titánicas de paciencia de las que nunca me hubiera creído capaz.

–¿Qué opinión le merecen las agencias literarias?

A día de hoy son un excelente mecanismo para llegar hasta un buen editor. Además te liberan de mucho de ese trabajo que no tiene que ver directamente con la escritura y que se llevaría demasiado tiempo útil. En mi caso la experiencia ha sido inmejorable.

–¿Cómo han afectado y están afectando las redes sociales al escritor que se apoyan en ellas y hablan a los lectores de tú a tú? ¿Cree que es necesario?

No lo tengo claro. Mi presencia en redes sociales en mínima. No sé usarlas, me incómoda la autopromoción y me llena de pudor. También es cierto que hay gente que las utiliza muy bien y sabe sacarles un gran rendimiento. Son una herramienta más que en ningún caso debe superar en importancia al propio cuidado de la obra. Las redes sociales están llenas de escritores que nunca han escrito nada.

–¿Influyen –en líneas generales– a la calidad de literatura, las enormes posibilidades que abren las plataformas de autopublicación?

Como en el caso de las redes sociales hay gente que sabe moverse muy bien en el mercado de la autopublicación con notable éxito. Pero sospecho que son contados granos de arena en un enorme desierto. En mi caso siempre tuve claro que prefería la maquinaría de una editorial, con correctores, maquetadores, profesionales encargados de la promoción y del marketing. Demasiado tengo ya con mis obsesiones a la hora tratar de escribir algo con una mínima calidad y coherencia como para tenerme que preocupar de todos los demás aspectos que lleva implícita la publicación de un libro.

–¿Cómo se definiría en su escritura? ¿Sigue una línea determinada, independientemente de los temas que aborde?

He fracasado mil veces tratando de responder a esta pregunta y no creo que ahora vaya a tener más éxito. Soy muy caótico y desordenado aunque luego el texto aparece limpio, coherente, lírico y sin estridencias. Esto lleva un trabaja muy grande detrás. Dentro de mi caos encuentro la manera de llevarme bien conmigo mismo.

–Resúmanos cuál es su deseo para el futuro de David de Juan como escritor.

Encontrar la siguiente historia









Etiquetas:   Escritores   ·   Literatura   ·   Periodismo   ·   Lectores
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