EL CAFÉ NUESTRO DE CADA DIA
EL CAFÉ NUESTRO DE CADA DIA

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Luego el Café, que proviene de la palabra turca qahve y a su vez de la palabra árabe qahwa (vigorizante), seguiría una lenta aunque constante evolución, extendiéndose su consumo, en primer lugar por Arabia y luego por Persia, Egipto, Africa Septentrional y Turquía, donde en 1475 se abriría la primera cafetería, en Constantinopla. En muchos de estos lugares el consumo de café fue mal visto y encontró una férrea oposición principalmente por parte del clero y de algunos gobernantes, que veían en su consumo un motivo que podía amenazar las raíces de su propia religión, en cuanto a la prohibición de bebidas y sustancias estimulantes, pero que finalmente la razón de su sabor y de su personal experiencia, permitieron que continuará su crecimiento, hasta que hacia el año 1600 de nuestra era, mercaderes europeos que andaban a la caza de especias y nuevos productos , llevaron el valioso grano y la consecuente bebida hasta Europa, abriéndose así un camino de expansión y difusión que no estuvo exenta de casi las mismas vicisitudes religiosas y hasta políticas de Oriente Medio y África, en cuanto se le veía como una sustancia capaz de concentrar alrededor de su consumo y de sus cafeterías a intelectuales, contestarios y liberales que animados por su poder energizante, podían amenazar la religión y la política. Así primigeniamente se le prohibió entre los católicos, hasta que el Papa Clemente VIII al probarla, gusto tanto de ella que la bautizo inmediatamente, declarando con sabiduría “ que dejar solo a los infieles el placer de esta bebida sería una lástima”, con lo cual le quito el estigma de amenaza satánica endilgada por algunos recalcitrantes clérigos, lo cual sin duda impulso su consumo. Igual suerte correría el café y las cafeterías que se multiplicaban en la Inglaterra del rey Carlos II, quien emitió un edicto cerrando las cafeterías, generando una serie de reacciones en contra por quienes agitaban las banderas de la defensa del consumo libertario, motivando que el Monarca diera marcha atrás en su prohibición e igualmente sucedió en Rusia donde su consumo se castigaba con cárcel y mutilación hasta que seguramente sus bondades fueron reemplazando la ignorancia, los miedos y temores infundados. La globalización de un buen producto no es característica de nuestra época, lo ha venido siendo hace cientos o miles de años y en el caso del café, poco a poco fue ganando espacios y consumidores, cubriendo prácticamente todos las áreas donde se le podía cultivar, gracias a lo cual hoy tenemos una intensa actividad productiva basada en este grano, que nos permite, a quienes lo consumimos con agradecimiento, contar con una serie de variedades y mezclas que hacen del café una bebida imperdible, que viene dando sustento a muchos países y a muchas personas, pues la economía basada en la explotación y consumo del café ha sido de una expansión y competencia impresionante. Hablar del café más allá de su rica e interesante historia, que ha dado lugar incluso a la composición de la célebre Cantata al Café por Johann Sebastián Bach (1734), es una cuestión de gustos sin duda, empezando por ese intenso aroma que desprende y que despierta los sentidos y los recuerdos “dormidos” que se relacionan y que como un sello distintivo, han sido guardados en nuestra mente para revivir cuando nuestras células olfativas reciben las moléculas aromáticas que lo distinguen, iniciando así ese discurrir de placer que se va intensificando cuando junto con el aroma que lo domina todo, se saborea con agrado ese ligero amargor endulzado, como es la vida misma, que se siente al tomarlo, mientras su tersa espuma va desapareciendo entre los labios de quien lo bebe sorbo a sorbo, poquito a poco, para que su sabor y espiritual efecto se diluya lentamente, como todo lo que uno disfruta plenamente. Y entre ese sorbo y sorbo, sumido en el gozo de experimentarlo vendrá por añadidura la conversación que fluye con mayor dinamismo y soltura ya que la exaltación y animo que produce beber una buena taza de café, motiva la claridad de nuestras ideas y la comprensión de la otras y si no es posible esta visión alturada de la relación interpersonal, siempre tendremos la alternativa de concentrarnos en nuestra bebida para tomar nuevamente bríos y tratar de llevar la conversación por el rumbo de la satisfacción. Beber café es un deleite de amplia difusión y felizmente exento de exclusividad, pues no hay escala social ni económica que no pueda disfrutar de un buen café, solo basta estar dispuesto a disfrutarlo y a vivir lo que conlleva, a dar rienda suelta a nuestros sentidos olfativos y gustativos que nos llevaran, cuando se comparte, a transitar por ese sentimiento de comunión que invita a la conversación y al intercambio de ideas y cuando la soledad sea nuestra ocasional compañía, despertará esos recuerdos que emergerán del sabor y aroma de la impenetrable bebida que parece guardar en su esencia los secretos del tiempo y de la historia del azar de su descubrimiento primigenio hasta hoy, en que gracias al comercio internacional y al esfuerzo de su cultivo y selección, se ha convertido para nuestro disfrute en el ¡CAFÉ NUESTRO DE CADA DÍA!