. Soria
ha dimitido y lo que me apena es que no lo hiciera antes, cuando tuvo ocasión
para retirarse del escenario político, sin merma de su honra y sin perjudicar
de mala manera al partido que lo ha sostenido siempre, a pesar... de todos los
pesares.
Personalmente mi particular
lanzada se la asesté, cuando Soria se encontraba bien vivo y en el cénit de su
particular esplendor y poder. Fue cuando aquellos turbios asuntos de la pesca
del salmón, “subvencionada” por la generosa invitación de un empresario dueño
de unos apartamentos de lujo en el sur de Gran Canaria, en los que veraneaba
nuestro dimisionario, pagando por ello un precio sorprendente, no sé yo si
pagaría el favor de otra manera aunque pueda suponerlo, que si esa tarifa se
hubiera ofrecido a todos los clientes, nos hubiera permitido veranear en una
instalación de lujo, por modesta que hubiera sido nuestra cuenta corriente.
Lo del salmón y unas maravillosas
vacaciones musicales en Salzburgo terminaron de liar un asunto vidrioso hasta
el extremo, pero que tuvo una gran virtud, descubrió al 99,9% de los
tertulianos de este país una figura de nuestro derecho penal que se llamaba y
se llama “cohecho impropio” de la que no tenían
idea de su existencia. Al final
el asunto se solucionó a cuenta de una prescripción discutible y
discutida, que le permitió a Soria no
ser condenado, pero que no demostró su inocencia.
Podría hablar de otros muchos
asuntos turbios, que han ido acompañando persistentemente a José Manuel Soria,
no lo voy a hacer, darían para escribir mucho, pero creo que el personaje no
merece semejante esfuerzo.
Mis intervenciones en radio,
televisión y algún artículo escrito, me valió que los verdugos de Soria en
Fuerteventura, me expulsaran del PP. Cosa que siempre he tenido a gala, porque
sigo convencido, con papeles y sin papeles, que Soria el dimisionario, siempre
ha sido un hombre turbio, de moral laxa, que le hizo muchísimo daño al PP en
Fuerteventura, en Canarias y no contento con ello ha rematado su faena con lo
de "los papeles" a nivel nacional e internacional, que bien dice el
refrán, que quien hace un cesto, hace
ciento.
Dice que ha cometido un error,
efectivamente el de dejarse pillar, el de no tener claro que quien tiene el
techo de cristal no puede representar a nadie, que de eso ha vivido y muy bien
por cierto, José Manuel Soria. Un hombre incapaz de gobernar sus pasiones, para
ejemplo bien vale un botón, cuando ordenó - no mi expulsión que al fin y al
cabo no tenía importancia alguna y ni siquiera recurrí - la expulsión de 400
militantes del PP majorero, llevado de sus pasiones y del empeño personal,
pónganle a lo de personal todas las comillas que quieran, por colocar en la
presidencia del PP majorero a una persona, cuya ejecutoria ha demostrado que
eligió rematadamente mal.
No me ha producido satisfacción
alguna el final político de este hombre, sabía que llegaría el día. Pero sí
lamento el daño que ha hecho a la imagen del
Partido Popular, del que gente como José Manuel Soria, se han aprovechado
sin límite.
Espero que a la caída de Soria,
siga la defenestración de sus colaboradores más cercanos, que vivieron muy bien
a su sombra, mirando para otro lado y no aplicaron jamás la presunción de
inocencia a los “enemigos” de su líder, olvidando que quien a hierro mata, a
hierro muere.
Ahora deberían tomar un poco de
su repugnante medicina.