Edición   |  Quienes somos    Contáctanos    Regístrate    Cómo publicar en Reeditor
Últimas etiquetas:   Lectores   ·   Escritores   ·   Periodismo   ·   Libros   ·   Reseña   ·   Costes   ·   Publicidad Engañosa   ·   Calidad   ·   Cultura   ·   Fisioterapia


Reseña "La tierra que pisamos" de Jesús Carrasco


Inicio > Literatura
16/04/2016


314 Visitas



Creo que somos bastantes los que buscábamos en “La tierra que pisamos” lo que encontramos en su “Intemperie”: una brutal historia de impactante escritura. Las comparaciones conllevan ese riesgo, porque tendemos a anhelar las mismas sensaciones con el trabajo de una misma pluma. Es injusto, pero el devorador de buenas historias, es así. Por eso, “La tierra que pisamos” no es, en mi modesta opinión, la joya con la que descubrí a este maravilloso autor.


  Comenzamos por la sinopsis. Atrayente. Supuestamente España forma parte del mayor imperio de Europa, a comienzos del XX. Un pequeño pueblo de Extremadura es uno de los premios entregados a los héroes de la contienda tras la pacificación.

  Allí reside Eva Holman, esposa de uno de ellos –enfermo–. Supuestamente vive un retiro sereno. Nada más lejos de la realidad. La aparición inesperada de un hombre en su propiedad, Leva,  le ayudará a llegar a la conclusión contraria.

  El visitante, se comporta de manera extraña: no habla, a veces deja el plato que Eva le sirve a cielo abierto, porque el hombre no se mueve de la tierra que rodea la vivienda de la mujer.

  Jesús Carrasco intercala capítulos angustiosos del pasado de ese personaje silencioso. Aunque podría haber quedado mudo tras haber presenciado y sufrido en sus carnes –en el sentido más literal de la palabra– su terrible experiencia en un campo de trabajo donde los prisioneros talan árboles hasta la extenuación. Como todos, es tratado como un mulo, un trozo de carne, que ya no sabemos si siente o padece, si está trastornado por los horrores de la guerra…

  La interacción entre ambos es la trama de la obra. Lenta, sentida, profunda, como ya esperábamos de Carrasco, nada más empezar en su segunda novela. Pero la narración a cámara lenta no debería impedir que se mueva alguna hoja, en esa tierra que el escritor palpa y quiere que el lector sienta, como si pudiéramos degustarla, como si formara parte incluso, de nuestro organismo, a través de los sentidos y los órganos. De hecho, lo comprendemos enseguida, pero es un clavo que machaca por reiterado, porque desde el primer instante captamos su objetivo. Con la repetición del concepto de que la tierra es para quien la trabaja, la ama y la mama, el resto se convierte en un añadido que a veces roza la exasperación. Lo mismo ocurre, con el relato angustioso del sufrimiento del indígena, el visitante, que a veces, regala unas letras, un movimiento o un gesto.

  Pero vayamos al sentido de la trama: la conexión progresiva entre mujer y hombre, ella en su casa, él a cielo abierto en sus tierras, permite el acercamiento por parte de la primera, hacia el segundo. No sabemos con certeza, si él es capaz de percibir las sensaciones que procura a Eva. La observación del hombre con el paso de los días, generará en ella el desasosiego que quebrará su existencia. Pero me pregunto, si hasta entonces, este personaje no tenía dudas, no se ha percatado de lo triste y vacía que es su vida. Él podría haber acelerado ese proceso, pero me cuesta creer que la ignorancia fuera tan supina. Que no percibiera por un instante que era la invasora. La de la tierra y con ella, de las almas que la tocan y respiran por ella. Éste es el debate que me desconcierta.

  Igual, no he sido capaz de comprender o de ver con exactitud, quiénes son realmente uno y otro. Pero hay algo que me encaja en esta historia. El supuesto despertar de la mujer a raíz de la presencia del lugareño, me enfada más que otra cosa. ¿Puede ser una ceguera tan monumental? Sobre todo, si tenemos en cuenta el pasado del marido, que pese a su lamentable estado de salud, tenemos la confirmación que su personalidad y carácter son despreciables, con algunas de las pequeñas notas que deja caer el autor.

  No por ello, deja de ser meritorio el lirismo de Carrasco, su tratamiento y el reposo dejado en las palabras que utiliza para ambientar su mundo rural, por lo que me enamoró con su “Intemperie”. Este, es sin duda, su fuerte. El estilo con el que causó la conmoción, por el que a todos, nos dejó boquiabiertos. Y desde luego, está ahí. En todas sus líneas.

  En alguna entrevista de Carrasco, leí que “La tierra que pisamos” es el mejor libro que ha sido capaz de escribir. No estoy de acuerdo. De hecho, estoy convencida de que los hará mucho mejores en el futuro.





Etiquetas:   Escritores   ·   Libros   ·   Periodismo   ·   Reseña   ·   Lectores
Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

0 comentarios  Deja tu comentario









Comienza
a leer


Un espacio que invita a la actualidad e información
 

Publica tus artículos


Queremos ser tus consejeros y tu casa editorial

Una comunidad de expertos


Rodéate de los mejores y comienza a influir
 

Ayudamos a tu negocio


El lugar y el momento adecuado donde debes estar
Secciones
15438 publicaciones
4054 usuarios
Columnas destacadas
Los más leídos
Mapa web
Categorías
Política
Economía
Sociedad
Cultura
Ciencia
Tecnología
Conócenos
Quiénes somos
Cómo publicar en Reeditor
Contacto
Síguenos


reeditor.com © 2014  ·  Todos los derechos reservados  ·  Términos y condiciones  ·  Políticas de privacidad  ·  Diseño web sitelicon.com  ·  Únete ahora