. Sin embargo, hay quien piense que esto no tiene porqué ser así, que
pueda haber personas que vivan sin ideología.
Las
ideologías se forman a partir de determinados valores. Estos se imponen, se
establecen, se asimilan a través de diferentes medios. Ya sea mediante un
discurso eficaz, la imposición a través de la violencia que ejerce el Estado o
distintos grupos terroristas o políticos. A lo largo del siglo XX han
prevalecido apenas tres ideologías que se mantuvieron a través de las políticas
de terror, que conllevaban la aniquilación de vidas humanas. El fascismo en sus
versiones centroeuropeas y mediterránea por un lado. Por otro lado, el
socialismo y el comunismo soviéticos y el maoísmo en China. Estas ideologías
mencionadas supusieron la muerte y asesinato de casi 200 millones de personas.
Tras el
derrumbamiento del sistema económico de la Unión Soviética frente a la
supervivencia de la socialdemocracia y el liberalismo supuso la creencia de que
las ideologías que estaban impregnadas por el terror se habían acabado. Que los
conflictos acaecidos en las primeras décadas del siglo XX no volverían a
ocurrir más. Que no se produciría otra guerra fría.
Sin embargo,
el martes de la semana pasada murieron 35 personas y decenas de heridos, muchos
de ellos muy graves que han hecho crecer el número de víctimas, en dos atentados
terroristas en Bruselas. Estos ataques y el de noviembre en París fueron
producidos por la organización terrorista Estado Islámico, la cual está
establecida en Oriente Próximo, concretamente Siria e Irak. Esta organización
impone en sus territorios una interpretación del Islam muy subjetiva y
totalitaria, ya que se asesina a personas contrarias a los valores que están
imponiendo en sus sociedades.
A la hora de
escribir este artículo, lo primero que hice es viajar entre mis recuerdos y me
dirigí hacia un ensayo, en mi opinión, necesario para entender un poco estos
hechos, Crítica de las Ideologías,
del profesor de Teoría Política ya fallecido, Rafael del Águila. Recuerdo que
planteé distintas reflexiones que me surgieron entre las que destaqué el
europeísmo como una ideología que utiliza políticas de mesura. También
planteaba la dificultad para establecer un sentir europeísta, que las
ciudadanas y ciudadanos que vivimos en la Unión Europea asimilemos los valores
que alimentan tal ideología. Por último, hacía una distinción entre los
conceptos de aceptación y tolerancia.
La
explicación de estos hechos a través de la ausencia de tolerancia puede ser
baladí, inconclusa o laxa. No obstante, veo necesario que la sociedad se
cuestione estos ataques desde el enfoque de la tolerancia, o mejor dicho de la
intolerancia que se produce entre grupos, entre personas diferentes, en la
constante lucha que existe entre un grupo dominante que no permite ningún
margen de espacio a los demás, a los diferentes. Si pretendemos acotar el
espacio al otro, al diferente, estamos atentando contra la característica
fundamental del ser humano, la diversidad. Si no creamos los espacios
necesarios para dar cabida a nuestras diferencias estaremos dejando la puerta
abierta al racismo, la xenofobia, el genocidio, la exclusión social, la
desigualdad. Si no educamos a nuestras generaciones futuras en la aceptación y
tolerancia como valores, estaremos dando rienda suelta a que nuestra sociedad
asimile e imponga pocos modos de vida, mientras excluimos muchos modos de vida.
¿Qué es la ideología sino un estilo de vida? Podría decirse
que esta pregunta se contesta ella misma. Sin embargo, hay quien piense que
esto no tiene porqué ser así, que pueda haber personas que vivan sin ideología.
Las ideologías se forman a partir de determinados valores.
Estos se imponen, se establecen, se asimilan a través de diferentes medios. Ya
sea mediante un discurso eficaz, la imposición a través de la violencia que
ejerce el Estado o distintos grupos terroristas o políticos. A lo largo del
siglo XX han prevalecido apenas tres ideologías que se mantuvieron a través de
las políticas de terror, que conllevaban la aniquilación de vidas humanas. El
fascismo en sus versiones centroeuropeas y mediterránea por un lado. Por otro
lado, el socialismo y el comunismo soviéticos y el maoísmo en China. Estas
ideologías mencionadas supusieron la muerte y asesinato de casi 200 millones de
personas.
Tras el derrumbamiento del sistema económico de la Unión
Soviética frente a la supervivencia de la socialdemocracia y el liberalismo
supuso la creencia de que las ideologías que estaban impregnadas por el terror
se habían acabado. Que los conflictos acaecidos en las primeras décadas del
siglo XX no volverían a ocurrir más. Que no se produciría otra guerra fría.
Sin embargo, el martes de la semana pasada murieron 35
personas y decenas de heridos, muchos de ellos muy graves que han hecho crecer
el número de víctimas, en dos atentados terroristas en Bruselas. Estos ataques
y el de noviembre en París fueron producidos por la organización terrorista
Estado Islámico, la cual está establecida en Oriente Próximo, concretamente
Siria e Irak. Esta organización impone en sus territorios una interpretación
del Islam muy subjetiva y totalitaria, ya que se asesina a personas contrarias
a los valores que están imponiendo en sus sociedades.
A la hora de escribir este artículo, lo primero que hice es
viajar entre mis recuerdos y me dirigí hacia un ensayo, en mi opinión,
necesario para entender un poco estos hechos, Crítica de las Ideologías, del
profesor de Teoría Política ya fallecido, Rafael del Águila. Recuerdo que
planteé distintas reflexiones que me surgieron entre las que destaqué el
europeísmo como una ideología que utiliza políticas de mesura. También
planteaba la dificultad para establecer un sentir europeísta, que las
ciudadanas y ciudadanos que vivimos en la Unión Europea asimilemos los valores
que alimentan tal ideología. Por último, hacía una distinción entre los
conceptos de aceptación y tolerancia.
La explicación de estos hechos a través de la ausencia de
tolerancia puede ser baladí, inconclusa o laxa. No obstante, veo necesario que
la sociedad se cuestione estos ataques desde el enfoque de la tolerancia, o
mejor dicho de la intolerancia que se produce entre grupos, entre personas
diferentes, en la constante lucha que existe entre un grupo dominante que no
permite ningún margen de espacio a los demás, a los diferentes. Si pretendemos
acotar el espacio al otro, al diferente, estamos atentando contra la
característica fundamental del ser humano, la diversidad. Si no creamos los
espacios necesarios para dar cabida a nuestras diferencias estaremos dejando la
puerta abierta al racismo, la xenofobia, el genocidio, la exclusión social, la
desigualdad. Si no educamos a nuestras generaciones futuras en la aceptación y
tolerancia como valores, estaremos dando rienda suelta a que nuestra sociedad
asimile e imponga pocos modos de vida, mientras excluimos muchos otros modos de
vida.
Porque nuestra condición de seres humanos tiene que bastar
para poder vivir y deambular en cualquier punto geográfico de nuestro planeta.
Porque lo absoluto no puede prevalecer sobre lo relativo.