. No vayan a pensar ni por un momento que los que hablan
así se refieren a los muertos y heridos, se refieren a la posible aparición en
nuestra patria de la islamofobia. Me parece absurdo, porque si consideramos la
adscripción cultural de las víctimas y victimarios, lo que tendría que
preocupar a todos debiera ser la cristianofobia.
Allá por el año 1998, Osama Bin
Laden, ojalá Dios lo haga arder en el infierno eternamente, utilizando una
fatwa, es decir un decreto religioso,
declaró la guerra a los infieles y a partir de ese momento lo de escabechar
cristianos que en las sociedades musulmanas nunca había estado mal visto,
puntuó para ganar la gloria islámica con sus huríes virginales incluidas. Aquí
hubo quien no se preocupó demasiado, incluso la zurda se alegró, porque la
fatwa hablaba de los USA e Israel,
pero las guerras se sabe cómo empiezan
pero no como terminan. Así que de aquellas fatwas, estos atentados y ya ven
ustedes como nos comimos nosotros lo del 11 M y lo que te rondaré morena, sin
aparecer en el escrito de Osama.
Puedo conceder, porque creo que
es cierto, que si no nos hubiéramos empeñado en trasladar nuestro modelo de
democracia occidental a los países musulmanes, seguramente no tendríamos que
hacer frente a estos jaleos. Los occidentales que al parecer creemos que la
democracia lo cura todo, desde los pies planos al cáncer de útero, nos
empeñamos en acabar con una serie de tiranos musulmanes para ofrecer a sus
súbditos nuestra democracia del alma y
ahí ardió Troya.
Porque todos aquellos tiranos,
llamáranse Mohamed Reza Pahleví, Sadam Hussein, Muamar el Gadafi o Bashar Al
Asad, tenían agarrados por donde más duele a los islamistas y mientras mandaban
en sus respectivos países, nadie se atrevió siquiera a pestañear a destiempo y
al que se atrevió a hacerlo se le aplicó in continenti el brazo de su
particular justicia y muerto el perro se acabó la rabia. Pero llegamos los
occidentales transidos de amor por la democracia parlamentaria y decidimos
liberar al pueblo oprimido por los sangrientos tiranos y en cuantito éstos
desaparecieron, comenzaron a asomar los
de los turbantes negros y todos sabemos ya lo sucedido en Irán, Irak, Libia,
Siria…etc., etc.
Hay mucho progre que con esta
cuestión intenta justificar la sangrienta ejecutoria de los musulmanes, habrá
que recordar que desde el nacimiento del Islam, lo de las visitas a domicilio
ha ido como la risa, por barrios. Fueron los musulmanes los que primero se
dieron un garbeo hasta Europa y aquí aguantaron 800 años, cierto es que les
devolvimos la visita y los muertos con las cruzadas y después de aquello
continuó la lucha entre la Cruz y la Media Luna, en el Mediterráneo los
berberiscos esclavizaron a un millón de infieles, los muertos no se
entretuvieron en contarlos, mientras los turcos llegaban hasta Viena, luego fue
la guerra entre austro húngaros y turcos y después la I Guerra Mundial, etc.,
etc.
Así que en cuestión de visitas no
deseadas creo que estamos más bien a la mano y desde luego la guerra actual -
Nueva York, Londres, Madrid, Paris, Bruselas -
no tiene como finalidad ajustar cuentas, lo que pretenden es la conquista
de Europa, no porque yo lo diga, sino porque lo dicen ellos y tras la
conquista, la conversión al Islam de la población europea por “las buenas” o
por la vía del degüello.
Por eso, porque su determinación
está a la vista y a la vista está nuestra incapacidad como sociedad para
definir el problema y actuar en consecuencia, es por lo que como infiel de toda
la vida, me van a perdonar ustedes, pero lo que me preocupa es la
cristianofobia que ejercen estos cabrones de islamistas.
Y al que no le guste que le eche
azúcar.